estonoespapel

del uni-verso del yo al Universo del verso

c de cuerpo

c

para Sonia

me doy, desde la punta de los dedos de mi pie, los encojo porque los siento y te siento, recorro tu espalda con las yemas de esos dedos, son las manos deformes y alargadas que se enraízan a la Tierra

se me da fácil la carne, he sido vegetariana por la culpa o la idea de la culpa que no me da

en los tobillos comienzan o terminan las piernas, son la base de estos postes que intento que sean de seda, me pongo tres capas de crema corporal para impregnar a los fantasmas de las caricias pasadas

las pantorrillas son un par de bolillos de carne viva, rellenas de imprudencias, limitadas por los cascos de piedra: las rodillas: el engranaje para ensamblar un par de ballenas que nadan por las calles o recorren los cuartos vacíos de la casa de mi madre, los muslos no son ballenas asesinas, son alebrijes de ballenas con alas (que debido a la carga no pueden volar), cómplices, me llevan a avanzar kilómetros aún sabiendo que voy en busca de nada

esos muslos desembocan en la boca abierta de un dragón que no duerme, la caja de pandora con el fuego infinito, la vulva que pulsa mi malestar: el tobogán que me catapulta hacia la libertad hasta la extenuación: el motor de esta máquina deseante: un triángulo equilátero de barro (que sigue mojado, que no se seca): un trapo empapado: el corazón de una sirena que canta alojado entre los peñacos de mis caderas

detrás se alzan las nalgas, inconmensurables, carne sobre carne en pliegos, dos cerros prietos rellenos de algodón y de grasa, no acerquen el fuego que no sabemos qué es lo que pasa, no son perfectas, tienen marcas, no son de seda, van de picada con la gravedad, ya por fin del mito de ellas me voy a librar

una panza vacía de ningún engendro, mi carne no produce más carne, mi materia no se transforma, creando un pantano que huele a muerto olvidado

soñé una salamandra amarrada alrededor del ombligo, un anfibio de fuego tragándome las manos o brotándome de las manos, o brotándome de una mano mientras se tragaba la otra, la salamandra se encalló a este puerco hasta que se desvaneció con su inmovilidad

entre las costillas yace el desierto donde me crié, pequeño pero extenso, donde el viento de una mano ajena levanta una polvareda, recordándome que en esto terminará todo mi cuerpo

llevo una cruz entre las tetas, y no a la espalda, de tanto cargarla mis pechos caen como dos botas cuero cuyo vino nadie se ha de tomar, las jalan las estrujan, les muerden la boca, y detrás de esa cruz desdibujada guardo el cáliz con mis suspiros, los sueños perdidos, las ilusiones de piedra que al tragar por poco y me ahogo

que me encajen dos clavos a los extremos de mi clavícula, para amarrar las cuerdas de donde alguien vestido de dios pueda dirigirme

un par de brazos, que no uso para abrazar a nadie, y sí para alzar las brasas con las manos: la izquierda se me quema, la derecha es hábil con el taladro, le cuelga cuadros a la pared de mi ignorancia y sombrea mi locura a lápiz, hace un circo con las palabras, que desfilan como masa(cre) recién vomitada y también terminan por ser enmarcadas bajo un letrero que dice “sin título”, para explicar que no se trata de nada, siguiendo la técnica mixta de lo barroco y lo surreal

en la explanada de la espalda, se abre un campo traviesa, las sensaciones: se cruzan, se desplazan, convergen, beben, se enamoran y se dejan; torbellinos de tierra subiendo por la ruta de la columna y bajando por la médula espinal, plantando un bosque de pinos salados, una tormenta de nubes blancas, liberando a la una insaciable del marestar

en el terreno del cuello he querido plantar un jardín, levantar una casa (en alguna parte tendré que vivir), pero se me agujeran las ganas y succionan mi voz, no sé cantar, y hablo de más para disimularlo, son varias voces jugando a los encantados, son los gritos de una vieja que perdió su norte

desde el cerro de la barbilla se vislumbran un par de labios, pétalos marchitos que soplan el estertor de mi risa, que aguantan la impotencia, ¿ejerciendo resistencia?

en el surco nasolabial, se quedan las aguas que de mis ojos brotaron, se juntan con las que se escurren de la nariz formando un delta

mi nariz aparece respingada, como que me creo la muy muy, diría Amandititita, pero fue mi madre quien me la donó, y sin querer cumple con el patrón de las revistas, me es inservible cuando todo pasa y el aire nomás no entra

es cierto que por las donaciones de mi madre —estéticas y materiales— termino por no hacer nada

los ojos que me han de sacar, si cumplo con la profecía de Santa Lucía, pues soy mártir y a todos mi cuerpo les quiero entregar, pues no lo considero mío, aunque tampoco de los demás, me da lo mismo porque la Tierra que se lo ha de tragar

un cuerpo como jaula de mi alma, como el dueño acaricia a su perro sintiendo consuelo, y hasta amor

un cuerpo que a cada rato me ladra de hambre, porque quiere llamar la atención, o quiere aflojar la tensión de mis pensamientos: el circuito neuronal y nervioso donde al intentar razonar todos los focos se funden

brota de mi cabeza, cubriendo a la estupidez, la mata de pelo que quiero peinar, se me cae cabello tras cabello como cascada de mi imposibilidad, me pasa como a Britney, seguido me quiero rapar, pero no tengo los huevos para perder esta máscara de mujer

me doy, se me acaba o comienza este cuerpo, se me ha impuesto como una yegua salvaje desde la pubertad, como un puerco más que como un cuerpo, es el yugo del alma que es más que él

b de borde

b

para el babi

 

busco bailarle a la muerte

a ver si la entretengo

a ver si tengo suerte

 

del verbo haber

—Habrá que ver

 

qué barbaridad

corro barriéndome por el bistec

sin ninguna baguette para el susto

—¡Tápese bien ese busto!

 

¿se puede volver con b?

se puede volver con ver

—¿con v de vuelta?

con b de al borde

con la brillantez para brincar la border

 

¿volveré a besar a ese bato?

con b de boca de beso abultado

a bocajarro me acerco (huyendo)

y lo beso en blandito

dejándolo muy calladito

 

se puede bolver o bolber

el bulbo del brillo de ser

belleza del bolo al no ser

nace un baobab al amanecer

 

vienes y no bienes

vienes y te vienes

¡bergüenza nos debería de dar!

haciendo un acto barroco al amar

 

van brotando las buganvilias

en el florero de bacará

de un brinco tumbo la mesa

de un soplo bateo mi alma

y de rebote se me fuga la calma

 

como buey en el oleaje

termino escupiendo el bagaje

bufando el bullicio del barco

en donde mi corazón terco

vive de hacerse guaje

 

junto al bibelot!

el florero va junto al bibelot

(hablo por hablar)

no soy la mujer de Lot

no quiero una casa de sal

no y ni por curiosidad

 

las palabras son un abracadabra

cuando lo brutal se desborda

sabes? nunca he usado un baby doll

(ya ves, le suelto la rienda a la babosada)

y así el río se bifurcó

 

va un belcebú nadando

yo suplico por no ahogarlo

con mi berreo en bastión

es el llanto de un borrego borracho

colmado de bálsamo de puras balas

del agua de fuego bebida

de la bandeja de la ilusión

incontenida

 

llenos de brisa traes los lentes

con la palabra embrujada

evaporas la noche cerrada

cortando en el bosque bambúes

 

hoy es la boda de la estupidez

la babosa merece una oda

que celebra bramando la vida

y la livertad que no es

 

bienvenido a la buenaventura

de la brecha de la existencia

de la obstinación a la coherencia

la sabiduría susurra

que la belleza de la bestia

coexiste en la buhardilla

 

bienvenido a la banalidad

el belcebú brincó del río

salió hacia Budapest

y allá bailará,

eso fue lo que soñaba

mientras dejé la almohada babeada

del sueño vendido

a un barco ebrio hundido

junto a la barcaza a punto de quemar

en el obstáculo de no volver a amar

 

(ya pare de mamar)

 

se puede cambiar no volver

se puede cantar “sí volveré

te lo juro por Dios que me mira”

tejer un paisaje en el borde

bordado a dos manos de lira

y en lugar de la rabia bendita

alargar la Palabra erudita

A de aire

A

¿El tiempo? Hay instantes que continúan y se vuelven eternidades, los relojes, los calendarios, las agendas, los celulares —los números— parecen más bien suspenderlo, acortarlo, alargarlo; el tiempo es como el aire, el aire es como el tiempo.

A veces entre las ramas de los árboles es posible ver un globo que ascendió hasta ahí y quedó atrapado, hay globos que logran zafarse, cuando el paso de un viento los libera, hay globos que se quedan estancados hasta desinflarse.

Dentro de las palabras que inician con A pensé en: amor, obviamente, angustia, como una segunda obviedad, ardor, porque a veces el amor arde, alado como los globos que no se atrancan en ningún tronco, aire, como ese elemento indispensable para vivir, y agenciamiento, uno de los conceptos que se me quedó a raíz de la lectura de Diálogos de Gilles Deleuze y Claire Parnet, de donde también vino la idea de crear un abecedario propio, comenzando por la A, a de aire.

Agenciamiento, según el filósofo francés, es “la unidad mínima”, “es la que produce los enunciados”, “Agenciar es eso: estar en el medio, en la línea de encuentro de un mundo interior con un mundo exterior”, me quedé pensando si ¿Funcionará el aire como un agenciamiento?

Aire como el que cambia el tiempo, volviendo primavera al invierno, el que lleva a las nubes a viajar, y trae el agua de la lluvia, el que se necesita para cantar, reír, hablar y respirar, “la ignición de la que derivan todas las formas de la vida”, según el Diccionario de símbolos (Siruela, 2016). No porque sea una realidad, o sí, depende de la imaginación creada en torno a dicho “agenciamiento”.

Aire como el aliento de Dios que sopla y suelta el globo de las ramas, que lo libera para que éste vuele hasta donde su ligereza lo siga llevando.

Del #yotambién al yo también puedo ser una bestia

medimastur-jardín

Hace unos meses #yotambién escribí algunas de mis experiencias de cuando he sido acosada sexualmente, tan pronto terminé el texto me quedé rumiando el contratexto. Porque eso pasa, escribes una cosa y te topas con otra. Pensé en que así como he sido acosada, he usado el sexo, o el hacerle creer al otro que vamos a coger para “obtener algo a cambio”.

La frase “Tres veces he visto a hombres que se están masturbando en la vía pública”, quedó resaltada dentro del diseño de la narración que había hecho en mi versión de #yotambién, ahora me parece revelador que de aquello que describí hubieran elegido esta cita para destacarla. Meses después de haber reflexionado, intentando varios y fallidos contratextos, reconozco que la masturbación ha sido una herramienta que utilizo, una práctica que me lleva a la exploración y a la catarsis, menguando parte de la sensación de angustia que a veces me resulta incontenible. Hay temporadas que me masturbo diario, sobretodo desde que llevo años sin pareja. No lo he hecho en las calles, pero alguna vez lo hice en el jardín de la casa de mi mamá.

Tal como lo escribió Claire Dederer en su artículo of Monstrous Men, al decir que señalar las “faltas de los otros” era más bien para distraerlos de las nuestras, me di cuenta que yo apuntaba hacia aquellos hombres que se masturbaban en la vía pública por mi similitud con ellos más que por mi extrañeza, por el terror que me daba verme en ese espejo, porque en ese momento en el cual lo escribí quería negar esa parte animal-sexual que también puede florecer en mí, y si me lo permito, llegar hasta la perversión.

El sexo es poder, las sutilezas de la seducción o la crueldad de la violencia pueden ser o no parte de ello, pero es poder. He usado mi coquetería para (tratar de) seducir a hombres y mujeres, para acercarme y “caerles bien”, para que me confiesen sus intimidades, conocer sus cuerpos y defectos, para pedirles algo a cambio (o no), para ser escuchada, para que me dejen en paz o para llamar su atención, para que “nunca se olviden de mí”. Una sarta de fantasías que creó mi ego y mi miedo a estar sola, casi siempre de manera inconsciente (pero después dándome cuenta), porque nunca sé bien por dónde estoy caminando, y esta también es una puñeta mental, pues finalmente, ¿quién está lleno de certezas?

Lo que sí es que he intentado cogerme a las personas que me gustan, que me intimidan y hasta a las que me molestan. La mayoría han sido hombres, creyendo que así los dejo bajo mi poder, y les “gano”. No me los he cogido a todos, con algunos sólo he coqueteado haciéndoles creer que quizás-tal-vez-algún-día me los voy a coger. Calentándoles las bolas. Diferentes circunstancias en mi vida y mi reflexión en torno a ellas habían posicionado al hombre como el enemigo, entonces me sentía muy chingona de cogérmelos. La estrategia funcionó hasta que dejó de funcionar. Porque de pronto tenía expectativas de que el encuentro no fuera por un instante sino que se prolongara, pero seguía tan al pie de la letra de mi mecanismo que me forzaba a volver a mi soledad, y no me permitía seguir conociendo a la persona de otra forma. Ni de presentarme frente a nadie más que detrás de esta máscara de seducción que ya me asqueaba. Finalmente la reclusión me ha llevado a suspender estas tácticas, y a rescatar la masturbación (o meditación) para saciar la ansiedad.

Tanto el #yotambién como la contraprotesta que pide que no caigamos en un retroceso en materia de liberación sexual nos hacen dudar. Por lo menos a mí. ¿Qué tanto nos conocemos? ¿Cómo actúa la comunidad en respuesta hacia la exposición de lo más íntimo de ciertos personajes y genios? El deseo y su camino hacia la perversión. Yo también fui acosada, una realidad que se expresó hasta al cansancio por las miles de mujeres que confesamos que se trataba de una cotidianidad. Pero yo también he sido una “bestia” que en no pocas ocasiones ha dejado surgir impulsos pudiendo fragmentar el alrededor. No soy Woody Allen, esto significa que mi repercusión está en proporción a mi milimétrico lugar en el mundo. Lo que a la mayoría pareció molestarle es que el genio sucumbió a su propio drama, volviéndose el antihéroe de una tragedia, en lugar de mantenerse al margen como el estoico autor de sus fantasías que pueden ser muy perversas, pero que mientras sólo sucedan en la ficción son aplaudidas, sin embargo cuando construye con ellas su realidad resulta en el enemigo de la sociedad.

Los seres humanos somos humanos por estas contradicciones dejándonos frente a la famosa pregunta de Nietzsche ¿Qué dosis de verdad puede soportar el hombre (y la mujer)? Me quedo pensando en que a raíz del desencadenamiento de todas las versiones de depravación que han sido presentadas ¿Qué proponemos como comunidad para encaminar y disipar estas fuerzas “bestiales”? Crear juicios y castigar a quien ha sucumbido al libertinaje es un mecanismo de una sociedad moralista que quiere “cercenar los instintos”, en lugar de trabajar por su evolución. Se me viene la tradición de cortarle el clítoris a una mujer de una tribu africana, para que no vuelva a desear a otro hombre más que a su esposo. ¿No es lo mismo? No, pero no creo que estemos encontrando una posibilidad a la altura de nuestro momento en la historia.

Sé que en lugar de masturbarme también puedo meditar llegando al mismo objetivo de reinstalar una sensación de equilibrio que logre disipar la desesperación. Quizás es sólo válido para mí, y aunque conozco esta otra herramienta, muchas veces y todavía termino por sucumbir al placer del orgasmo auto-inducido, que claro, no tiene por qué suceder en el jardín.

Hay prácticas que no se están explorando en las escuelas, recuerdo que en mis clases de Desarrollo Humano se hacía todo lo posible porque no profundizáramos en la sexualidad. Hay una insistencia de hacer de la educación algo que sólo sirva a las necesidades del mercado y a una idea moralista del bien común, en lugar de buscar el VERDADERO desarrollo humano. Cuando somos adultos también quedamos a la deriva de quienes manipulan los instintos. Pero existe la posibilidad de plantar la semilla del desengaño cuando impulsas a un niño o a una niña a conocerse y a detectar también su intuición. Continuamos creyendo que los niños son ingenuos porque no se comunican como los adultos, aunque sabemos que se dan cuenta de todo. Aquí es donde yo propondría el regreso a la premisa “conócete a ti mismo” desde niña-adolescente-joven-adulto, y nunca dejes de conocerte. Llevar a la sociedad al reconocimiento de los instintos y al desarrollo de la intuición, porque tendrá que suceder tarde o temprano, pero en una realidad que terminará en tu contra porque rápidamente la comunidad recurre al juicio y al castigo. A que la niñez no quede aislada en un burbuja de fantasía, a que los niños y las niñas vayan presintiendo desde antes las contradicciones que de todos modos terminarán asediándolos.

el abecé de mi voz

abecedé-color

imágenes por @barretobaldas

 

“Lo único que existe son palabras inexactas para designar algo exactamente.”
—Just Deleuze it

 

¿Por qué hablamos horrores de un final que no conocemos? ¿Por qué hacer de la locura una turbación? ¿Por qué los adultos no elogiamos la belleza de volvernos viejos? ¿No estamos hasta la madre de ser esclavos de las tragedias instauradas por el miedo a las dioses dictadores de una realidad de mierda? ¿No odiamos la ignorancia hacia nosotros mismos?

Anteriormente mi imaginación me llevaba a ser la víctima de una definición de “locura” que me había adjudicado, se trataba de un discurso autodestructivo, hasta que una yo, otra (myself), parte de esa misma imaginación, años después vino a rescatarme y me dijo que no era necesario:

Porque así es como hubiese terminado siendo una loca para siempre, no porque lo sea, sino porque así nos nombran y nos hemos autonombrado, en una suave y sutil ignorancia de nosotras mismas, con tal de pertenecer a los otros (de la manera que sea).

Por miedo a entregarnos a una versión distinta —que desconocemos— a esa esencia de estar vivas.

Por no saber nuestro nombre aceptamos el que nos dan, sumisas ante el sistema que “todo lo sabe” y sin embargo: nada, pues, ¿quién puede sentir paz en medio de una realidad caótica que llaman normalidad?

Interrumpiendo a mi inconsciente que se adelanta y toma la pluma, monopolizando el micrófono del karaoke de mi alma, le dije espérame tantito que sigue la nueva yo, a la que sí se le entiende:

Hay tantas cosas por descubrir, tan poca paciencia para hacerlo. El fantasma del tiempo es uno de los principales antagonistas de la belleza y su fragilidad, por eso es que “es horrible volverse viejo”, “es horrible la muerte” y también “estar loca”, aunque nuestra locura sea la vida en bruto —¿Quién es el cuerdo, bruto? Te pregunto— ¿El zombi que ha cercenado su potencia de vida hasta hacer de sí una automatizada forma? ¿Esa que responde al control social y a las necesidades del mercado del miedo? No me convence, porque en el silencio se escucha el grito de sus ojos que dice sálvenme quien sea.

A lo que voy es desde hace años estoy en una exploración de lo que alguna vez se supone era la locura, mi locura. Primero descubrí que se trataba de un mecanismo de defensa inconscientemente desarrollado, el cual evidenciaba a un alma atormentada materializándose en el cuerpo y en la mente, porque la imaginación y el poco conocimiento de mí misma me llevaba a ello. Es cuando te la crees, pues, cuando te dicen loca y dices pues sí, y luego hasta te autonombras: soy una loca. (“Ajá, muy bien, qué hueva”, contesta mi otra yo.)

Como cualquier ser humano he sentido una variedad de emociones, pero a diferencia de muchos, he dejado que hagan conmigo lo que quieran, pues creo que eso es estar viva. Sólo que el discurso que las definía era que no había de otra, con dicha sensibilidad y con la disposición de quererlo-sentir-todo y dejarme zangolotear por ello, mi destino era trágico y no había cómo escaparlo. Dejé que la angustia, la desesperación, la tristeza, la euforia o el odio me llevaran a desencadenar reacciones que significaban la destrucción y la realidad de mí misma. Pues creí que sí, que eso era lo que tenía que ser y así había de caminar todo el tiempo. Hasta que gracias a diversas lecturas (que entiendo pero no crean que entiendo) sentí que no necesariamente. Por fin.

El abecedé en una redefinición. He conocido que una misma palabra puede tener diversos significados, así decidí que la locura no era esa de la tragedia sino la única posibilidad de sobrevivir al sistema dictador que desea la destrucción del alma. Si alguna vez me habían etiquetado de bipolar, borderline, esquizofrénica o histérica, y leía los síntomas de dichas “enfermedades mentales”, mi imaginación sólo lograba dejarse caer hacia dichas reacciones provocando “una enfermedad aún más crónica”. Pero luego, jugando, viendo que “sobrevivía a dichas enfermedades”, fui encontrando otras definiciones para liberarme, usando las palabras a mi favor y no en mi contra. Y dije ok sí, si lo que tengo es es-qui-zo-fre-nia, pues la llamaré esquizofrenia aplicada, y me pondré a escuchar todas las voces de mi yo hasta que descubra aquella que me lleve a dirigir al resto (de mis yo’s). Y me encontró. La voz de una mujer que también soy yo, que logra limpiar el discurso de la tragedia, deshaciéndose de la locura destructora, dibujando una realidad y existencia medianamente posible. Una voz que tampoco es la del autómata que repite los axiomas estipulados por el control social: tengo que trabajar-voy a ponerme a dieta-es saludable hacer ejercicio-no hay que pensar mucho-hay que buscar la felicidad-y se compra con dinero: todas estas frases que también terminan apagando al alma (pero silenciosamente), y no logran ni verla (al alma).

También somos muchos los otros, los que nos negamos a perecer dentro de las celdas de no-hay-de-otra (más que ser parte de la masa que no se cuestiona), nos dicen enfermos y nos la creemos, hasta que te abres todavía más hacia la imaginación, y justo después de la nada, ahí cuando por fin vas saliendo del territorio de lo que no es: hay algo. Tu imaginación reivindicada.

Crear tu propio abecedario. Definir la palabra muerte, la palabra vejez, la palabra amor, la palabra miedo, la palabra locura, la palabra vida, la palabra amistad, la palabra amor (ya sé, estoy repitiendo, pero amor es la palabra que pudiera redefinirse en todo momento). Un diccionario que define(s) tu alma, que no permite al Hitler de los discursos preconcebidos decidir de lo que se habla con se trata de lo que estás experimentando.

Sí, todos los seres humanos somos iguales, sentimos las mismas pasiones, pero para sobrevivir a tales emociones y llegar a la vida-vida, no muertos en vida ni deseando la muerte, pudiéramos crear un diccionario de nuestra realidad: cuestionar, buscar, explorar, leer, andar entre las líneas de nuestra locura versus la locura de la que se habla, entre las líneas de nuestra angustia versus las expresiones sobre la angustia, entre las sombras de nuestro miedo versus el miedo del que se escribe, ¿una conclusión? ¿una síntesis? ¿una reelaboración? Llegar al puto y maldito autoconocimiento, reconociendo  y tomando de la realidad sólo lo necesario, de las teorías de los maestros del pensamiento (de los filósofos y autores que viven buscando redefinir TODA la realidad a favor de la humanidad) para nuestra liberación y nuestro conocimiento y con ello LA LIBERACIÓN Y EL CONOCIMIENTO DE TODOS.

Nota 1. La idea de crear mi propio abecedario deviene de haber “terminado” de leer Diálogos (Editorial Pre-Textos) de Gilles Deleuze y Claire Parnet, y pongo entre comillas que lo finalicé pues es un texto que no he de terminar de leer nunca. El libro me fue sugerido por Sonia, una de las mujeres más sabias que he conocido.

Nota 2. Gracias al Toro, quien fue el que tomó la fotos del abecedario con mi cuerpo; por su tiempo, caridad y habilidad. También a Jessica Sevilla porque por ella conocí la www de donde surgió la idea.

Nota 3. Creo que este texto está dedicado a una persona pero todavía no me animo a escribir su nombre.

madre!

pues a quién más

madre!

 

cómo te jodo!

de verdad

te encajo el codo en el ojo

te quiero ciega

antes de ver en ti mi continua tristeza

“¿otra vez?”, preguntas decepcionada

te encajo mi odio en el otro ojo

hasta que te quejas

 

me dices y me repites que no necesito nada

porque tú me das todo (pero así no busco)

y ya no me quieres dar (y tampoco busco)

te he dejado más vieja

con más canas

pero te ayudo a teñirlas con una cajita de Miss Clairol

te vas haciendo más bella

trasciendes mi saliva amarga

sonríes bajo la sombra de tus propios recuerdos

de cuando fuiste una niña abandonada

grazno como cuervo

grazno y me ahogo con el vómito de mis anti-palabras

te corto tus alas con las navajas

que bajo las mías escondo

jodiendo,

siempre jodiendo:

encajándote mis palabras

que seas tú la que aguante las voces

esas que en mi cabeza se quieren matar

madre, no me puedo soportar

ni soporto el silencio

madre lo siento

Cecy y mi primer trabajo

Mi primer trabajo fue en una cafetería en Monterrey, tenía 19 años y era mesera mientras estudiaba la carrera de comunicación. El lugar, que-ahorita-no-recuerdo-su-nombre, era un negocio familiar donde los dueños eran una pareja de regiomontanos de unos 60 años que tenían un hijo de unos 30, que era fan del equipo de fútbol Tigres de esa ciudad.

El café se mantenía solo, su popularidad residía en lo acogedor del ambiente, el lugar estaba contiguo a la casa de esa familia, un patio lleno de plantas entre paredes de madera; no se notaba que era parte de la casa, pero lo era. Las mesas casi siempre estaban llenas lo cual dejaba poco tiempo para que las empleadas pudiéramos platicar, aún así nos las arreglábamos y entre órdenes nos relatábamos todos los detalles de nuestras jóvenes vidas amorosas. En aquel entonces yo no tomaba café y nunca supe si el café estaba rico. Las malteadas eran muy populares pero me decepcionó haber visto la sustitución de la nieve por el uso de un polvo, como en el sistema Starbucks, pero en aquel entonces no había aparecido Starbucks todavía. El café te llevaba a sentirte parte de una ciudad que había sido pequeña no hace mucho tiempo, un rincón en el cual podías refugiarte. Un par de clientes siempre pedían lo mismo, con la cabeza me hacían una señal: un café con miel de abeja para el motociclista, un té de hierbabuena y un bagel con queso crema y salmón para el viejito.

Se podía decir que yo no necesitaba trabajar, pero quería vivir otra realidad que la de sólo ser estudiante en una ciudad desconocida. Acudía a una escuela fresísima en donde nunca me sentí parte de ningún grupo de amigos o amigas aunque anduve rondando por varios. En la tele de la casa de asistencia donde vivía veíamos la serie norteamericana de Friends, y pensaba que tenía un trabajo como el del personaje de Rachel.

Lo más importante de esta experiencia fue haber conocido a Cecy, era cinco años menor que yo, nunca más la he vuelto a ver ni he sabido de ella, ni con la existencia de facebook. Era la más rápida para preparar los pedidos, y cuando recién había ingresado a trabajar ahí le caía gorda. Cecy vivía en una colonia sin pavimentación en una de las delegaciones a las orillas de la ciudad, tenía un segundo trabajo en donde limpiaba la oficina y casa de un arquitecto gay, me platicó que el arquitecto dejaba olvidadas las bachas de mariguana y tirados condones en el piso. Nos resultaba un personaje exótico al que nunca conocí en persona pero de quien presentíamos cierta soledad y mucho éxito.

La familia de Cecy vivía en una situación de verdadera pobreza. La mamá los había sacado adelante trabajando en lo que fuera (lavando ropa o haciendo la limpieza de hogares), después tuvo una relación con un hombre que les quemó la casa por loco y borracho, se mudaron a una construcción en obra negra. Conocí esa casa en el cumpleaños de Cecy, era de dos pisos, pero el segundo no estaba terminado. Subimos al techo, o al “segundo piso”, a escuchar música desde una grabadora y a bailar. Destellaban con claridad las estrellas en el cielo, no había luna. Cecy era muy delgadita pero nalgona, muy morena, de labios carnosos, ojos pequeños y muy juntos, pelo negro brilloso. La recuerdo sonriendo frente a la luz de las velas del pastel que su mamá le había comprado. Tuve que quedarme a dormir porque ya era muy tarde y no había posibilidad de conseguirme un taxi. Me acosté junto a todos los hermanos y hermanas, éramos ocho durmiendo en la misma cama, a mi lado estaba Cecy y después sus seis hermanos y hermanas de todas las edades, escuchaba la respiración entre los sonidos de un cooler que aventaba aire con brisa, que según yo dejaba el ambiente más sofocado que fresco. Después de varias horas de estarlo intentando me levanté porque no podía dormir. Salí del cuarto para asomarme por las escaleras de concreto al pedazo de cielo que desde el pasillo se veía. Sin querer levanté a la mamá y a su novio taxista que dormían en un sillón frente a las escaleras. Me hice como que no los había visto, volví a la cama, me acosté y finalmente me quedé dormida.

Mi primer trabajo fue haber conocido una realidad tan distinta a la mía, y luego darme cuenta que hay personas que llegan a ser tan importantes en tu vida para después no tener noticias de ellas nunca más.

yo ya me había curado de esto

 

Soñé con mi tío D, estábamos encerrados en un cuarto blanco, era como una cárcel moderna, cada vez que nos movíamos nos echaban ácido con una manguera; luego nos lanzaron fuego, quemándonos el cuerpo, pero terminamos sobreviviendo.

Mi tío D es adicto, de todos los hermanos es el único que no vive en esta ciudad, algo me dice que así terminó siendo el acuerdo. Lo querían lejos, y él buscó quedarse en otra parte; así “no estorba”, “no molesta” y “no es una carga”; porque es el rebelde que no ha logrado cumplir con el deber.

Platicando con mi ex por mensajes y correo, leí que usó la palabra éxito, porque ha conseguido lo que tiene gracias a su disciplina, se levanta desde las 4 am, hace dos horas de ejercicio, se duerme temprano; después de diez años con esta rutina, alcanzó un puesto directivo y gana como 130 mil pesos*, se compró una casa, y vive bien. Yo le he escrito que fracasé, vivo otra vez en casa de mi mamá, trabajo en la asociación que fundó mi abuela, gano 7 mil pesos, me pongo nerviosa con cualquier gasto inesperado. Comencé a irme al trabajo en bici, así no me acabo la gasolina tan rápido, también porque me gusta pedalear. En el discurso de mi ex y en el mío, usamos las palabras que el sistema nos ha dictado: éxito para él, que cumplió con el deber; fracaso para mí, la que se arriesgó a vivir otras cosas y cumplió con ninguno de los caminos socialmente asignados.

Vuelvo a pensar en que no quiero estar viva, más que pensar en eso, pienso en que estoy pensando en eso, y hasta me despierto a las 3 de la mañana diciendo “yo ya me había curado de esto”. Desde niña se me metió a la cabeza, la idea de que era mejor estar muerta, en lugar de ser testigo de esta realidad. No me da miedo escribir de esto, ni hablarlo, tampoco me da pena; pero no sé por qué lo hago, supongo que para no lastimarme.

Por un tiempo estuve obsesionada con el suicidio, leí un ensayo que escribió un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, que años después de haber salido de los campos de concentración y de haber sobrevivido, decidió matarse. Busqué la biografía de varios artistas suicidas; pregunté detalles sobre personas que conocí, y supe que se habían matado. En mi Universidad, una compañera se dio un balazo en la azotea de la casa de su abuela; después supe que Juan Pablo, uno que hacía el carpool con una de mis roomies, se ahorcó en su clóset con una corbata. Hace unos años me enteré de que Katia ingirió ácido muriático, era la tercera vez que lo intentaba; y hace unos meses supe que el Pedro, uno que había sido el líder de una bolita de mis amigos de infancia, también se había dado un tiro. Creo que la diferencia entre ellos y los que nomás lo pensamos, es un instante, aunque toma tiempo llegar a ese instante; es un pensamiento obsesivo el que te asegura, y te repite, que estás mejor en otro lugar que no es este. “¿Y si no es tan terrible la muerte?”, los suicidas se atreven a preguntárselo. Es un acto de rebeldía que materializa el dolor que todos compartimos por estar vivos.

Cuando tenía como trece años, estaba jugando en los cuartos vacíos de la casa de mi abuela, y encontré una caja de cartas de mi tío D. Entre todas las que había, me llamó la atención una, era una carta de despedida, en ella hablaba de que era incapaz de cumplir con las expectativas de los demás, sobre que se sentía culpable y triste; la terminé de leer rápido, no sabía que me estaba enterando de algo que compartíamos, la guardé en la caja y nunca dije nada.

Sé que los programas de rehabilitación se enfocan a que los adictos dejen las drogas, pero, ¿se habla y se comparten ‘mecanismos’, sobre cómo enfrentarse a la falta de ganas de estar vivo?

No hace tanto tiempo me enamoré de un adicto. Mi acercamiento hacia él fue porque sentía su entrega, sus ganas de vivir, e inmediatamente veía que buscaba la muerte. En este momento en el que lo conocí, creía que no era capaz de reconocer mis propios sentimientos, y que solo al acercarme a la muerte, me era posible tocarlos, sentirme.

Sigo buscando afuera lo que no he encontrado dentro, no sé lo que quiero, a veces siento que lo quiero todo, que cualquier vida me haría feliz, que puedo estar en donde sea y con quien sea. Después descubro que no quiero nada, que no estoy feliz con nadie, y en ningún lugar, que por eso renuncio a todo. Renuncio a querer vivir y a imaginar que es posible continuar. Como en toda enfermedad, como en el cáncer o en la gripa, ésta de querer estar muerta también encuentra cómo evolucionar, sin que te des cuenta, ya ha trasmutado, así que lo que toca es buscar e inventar una nueva cura.

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*La verdad es que no sé exactamente cuánto gana.(1)

(1) ya supe.

a punto del temblor dentro

«Solo el acto de resistencia resiste a la muerte, o bajo la forma de obra de arte o bajo la forma de una lucha de los hombres.» —Deleuze

 

Después del temblor me puse a leerlos a todos, en sus redes sociales y en sus textos, en sus blogs, columnas de opinión, poemas y reflexiones; vi sus fotos, y también los escuché. Quería sentirme allá, y casi lo logro. También estuve a punto de tomar un vuelo hacia la Ciudad de México, Oaxaca o Morelos. Nunca había escuchado de Jojutla, pero quería estar en Jojutla, sentirme útil, ayudar. Quería sentirme viva.

Trabajo en una asociación donde apoyamos a las mujeres en situación de violencia familiar. Un lugar en donde “ya ayudamos”, y como en todo trabajo, cumplo con lo que tengo que hacer para entonces tener más tiempo para mí. Una de las frases de esta modern kind of life (hipercapitalista) que he hecho mías. Soy sumamente egoísta, aprendí a serlo. Incluso me volví ermitaña y antisocial solo por alcanzar los más altos grados de egoísmo. Poco a poco, y no sé ni cómo, he logrado rebelarme ante esto, pero casi como accidentes. Entonces cuando sucedió el temblor, y quise ir a ese lugar “necesitado”, me topé con vuelos caros y no fui. Después se abrieron las puertas de la razón y alcancé a sentir el aire del “puedes hacer mucho más donde estás”.

Me la paso leyendo para entender la realidad, pero no la quiero vivir. Que me cuenten los estudiosos, los escritores, los intelectuales con sus teorías rimbombantes, qué es eso de la condición humana, la existencia y la tristeza. Mientras todo mundo todo el tiempo lo estamos viviendo. Todos. Lo sé porque cuando me dejo sentir lo siento. Hay días en los que estoy viendo mi celular cada dos minutos. “Que me busquen, que me quieran, que se trata de mí”. Y también las noticias en cualquier parte del mundo, los logros de ciertas figura o personas, las vidas ‘televisadas’ de los otros. Mientras que a las personas que tengo enfrente les tengo miedo. Porque según yo hay algo más importante que atender, algo que no he descifrado, que es más, apuesto, a que nunca descifraré. No quiero saber de la persona a la que veo todos los días. No quiero involucrarme. No quiero escuchar lo que el otro me cuenta porque entonces haré un comentario cualquiera para que me deje de contar. Le tengo tanto miedo a la vida y a ser parte de los otros que es como si sintiera que puede volver a temblar, y esta vez todo se va quebrar, a romper y llegará el fin. Es un a punto del temblor pero adentro. Qué chistoso, ¿no? Tanto miedo a la vida que prefiero esperar sentada a la muerte. ¿Y si se rompe? ¿Y si me dan ganas de llorar? ¿Y si me enojo y me ven enojada? ¿Y si me gusta y me ven feliz? ¿Y se me da por abrazar? ¿O por gritar? ¿Por qué acumulo toda esta incapacidad de amar hasta llegar sola a estallar? Me quejo en mis pensamientos, y se los atribuyo a los otros: “es que él piensa”, “esa cree” y “aquel dijo”. Y para estar tranquila busco cansarme hasta llegar al aburrimiento.

Todos los días, desde que abro los ojos hasta que los cierro me encuentro con todo tipo de oportunidades de hacer las cosas distintas. Dejo pasar la mayoría. Pero cuando tomo una, se convierte en el día y van siendo los recuerdos de mi vida. Solo siendo con los otros es que me doy cuenta que soy. Sola, deambulando entre un cuarto y otro, leyendo, abriendo y cerrando el refrigerador, escribiendo, calentándome agua para un té… me voy borrando. Si algo me ha quedado del temblor y sus secuelas, ha sido que soy mejor siendo parte del todo y en donde estoy.

Por primera vez me fui al trabajo en bici, y solo en el camino de regreso, entre las calles, viendo las mismas escenas pero esta vez observando, me encontré con casas sin ventanas y sin techo, con lotes baldíos y vagabundos acampando. Escenarios que pudieron haber sido posteriores a un temblor. Seres humanos que nunca han tenido casa, que quién sabe qué comen ni dónde, que lo necesitan todo; y para empezar, ser tomados en cuenta por alguien.

Todos somos artistas de esta realidad. Pero solo en el desastre real sentimos la pulsión por responsabilizarnos. Porque queremos acomodar el cuadro de la normalidad, que vuelva a quedar intacto. Pero qué pasa cuando esa normalidad nomás nos está separando, ensimismándonos, haciéndonos creer que el otro no soy yo, y que yo siento otras cosas y que más vale que ni me lo encuentre. Es más difícil construir desde la normalidad porque entonces tienes que hacerlo con la hoja en blanco, donde ya no ves.

Reconstruir la realidad es querer encontrar sosiego en lo que era. Nos empeñamos en no ver, porque así duele menos la existencia. Pero cuando todo se nos cae encima, resurgimos desde lo hondo gritando, amando, armando un poema con nuestras palabras, acciones e impulsos que también incluyen a los otros. Todos somos creadores de la verdad, tanto el que grita que sí se puede, como el que dice que ya valió madre, como aquel que acepta que no sabe, como el que se deshace porque se siente mierda. Todos somos la realidad. ¿Por qué solo en el desastre nos sentimos comunidad?

Aunque todo lo material esté en su lugar y sin rasguños, la inmovilidad también grita con su silencio, pues no se trata de estar tranquilos, esa aparente tranquilidad, es que no ves, se ha vuelto normal, algo está pasando, nunca ha dejado de pasar pero tienes miedo de encontrarlo.

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19 de septiembre a voces

 

acaba de temblar en México ¿ya viste?

“Sismo de 7.1 sacude a la Ciudad de México”

acaba de temblar en México, ahorita

“Todos, todas, repórtense!”

dicen que el epicentro fue en Morelos

“Hierba mala nunca muere! Estoy bien, aquí estamos bien. (carita triste) Amigos tomen sus precauciones.”

dicen que estuvo bien fuerte

“TODO BIEN… gracias a los que mandaron mensaje, aquí estamos al pendiente…”

ay ojalá Diosito no haya pasado nada

“Estoy bien, están bien?”

¿ya hablaste con tus familiares?

“Además del mega susto y el reto de bajar las escaleras en plena sacudida, todo bien acá. Gracias por sus mensajes.”

dicen que fue de 7.1

“Familia, amigos y amores: gracias por sus mensajes y preocupación. Estoy bien. Sí, efectivamente el edificio de mi departamento está por colapsar, estoy muy triste porque aún no puedo rescatar a mi gatito.”

estoy tratando de comunicarme con mi hermana

“Estamos bien.”

¿ya hablaste con tus amigas?

“Falta gente, repórtense todos, por fa.”

¡¿Ana, estás bien?!

“Del Valle sur se sintió durísimo todo tronaba con un estruendo de fondo. Explosión de transformador. Aparente calma.”

no me contestan, creo que no sirven los celulares

“Todo bien. Ah, qué buenos sustitos…”

dicen que fue como a la una de la tarde

“Andrés confirmó que está bien durante Terremoto en Raboso, Puebla, México, después de que un amigo le preguntó.”

ya se comunicó mi hermano

“Todos hagamos de acceso público el WiFi, gente lo necesita.”

pero, ¿cómo estás? ¿Todo bien? ¿No te pasó nada?

“Ricardo confirmó que está bien durante Terremoto en Raboso, Puebla, México, después de que un amigo le preguntó.”

fue a la 1:14 de la tarde

“César confirmó que está bien durante Terremoto en Raboso, Puebla, México, después de que un amigo le preguntó.

que sí estuvo bien fuerte

“Amigos, todo bien por acá. No tengo red. Cualquier cosa y en cuanto pueda les respondo. Abrazos.”

todos están bien asustados

“Oigan, ¿saben dónde necesitan cubetas y herramientas? Estamos armando una brigada para ir a dejar palas, cubetas, guantes y herramienta.”

no puede ser que exactamente treinta y dos años después

“Hay muchas alertas falsas, por favor manden info que esté corroborada.”

ojalá no haya réplicas

“Amigos que estén buscando familiares o dónde colocar donaciones, aquí un mapa de zonas críticas actualizado (liga).”

dicen que en Morelos quedó todo destruido

“Atención, hay dos albergues con comida y camas que están vacíos. Uno en Villa Olímpica con cupo para 200 personas, otro en el deportivo La Joya, en Insurgentes, con cupo para 120 personas. Avisar a personas necesitadas.”

se cayeron varios edificios

“Amigas y amigos, todos bien por aquí tras el fenomenal sismo. Si se puede ayudar en algo que esté en mis manos, cuenten conmigo.”

ya vi que en el face puso que estaba bien

“Amigos, familia, estamos bien, ahora sí estuvo bien feo pero todo bien, nos estamos cuidando.”

también tembló en Puebla y en Oaxaca

“Encuentran a menor Esteban Gutiérrez Vera en el Hospital General de México. Buscan a sus padres.”

pero los más afectados son los de Morelos, son varios pueblos que quedaron sin electricidad

“Ámsterdam y Laredo necesitamos agua, cubetas, alcohol, gasas, ayuda. Gente adentro.”

La gente pone fotos y videos de los derrumbes y nomás causan pánico.

“Tenemos brigada lista para ayudar, avisen dónde hace falta.”

¿No saben cuántos fueron los edificios que se cayeron?

“¿Cuál es la prisa por meter maquinaria pesada en donde puede haber gente con vida?”

Mi hermana ya se pudo comunicar con mi hermano, es que entre ellos no podían comunicarse.

“Se necesitan arneses de cuerpo completo en Gabriel Mancera y Eugenia. Hay dos personas vivas.”

los edificios se movían bien duro, dicen que fue trepidatorio, los postes parecían de plástico

“En 1985 rescatamos gente en el día 40. No a las máquinas!”

¿Viste el video del edificio que hasta lumbre tiene en el techo?

“Dejen de difundir audios falsos, carajo.”

¿Ya rescataron a los niños de la escuela?

“México está más unido que nunca.”

¿No sabes si era privada?

“Fuerza México.”

Hay una niña atrapada que salió en las noticias que se llama Frida.

“¿por qué hay militares con armas largas en los lugares de rescate? ¿con esas armas a quién van a salvar?”

Dicen que en Morelos no les ha llegado nada, que no tienen luz y tampoco agua.

“21 niños y 4 adultos han muerto en la Escuela Enrique Rebsámen; 11 han sido rescatados.”

¿No saben dónde se puede llevar víveres para que se vayan a Jojutla?

“A partir de mañana se reciben víveres para llevar a Morelos.”

Hubo una persona que saltó del cuarto piso para salvarse.

“Juan Villoro se estrena como Poeta, oportunismo de locura.”

Hubo otra persona que rescató a varios niños y después se quedó atrapada y luego fue rescatada ella también.

“No corro, no grito, no empujo, no necesito a la clase política.”

Se estiman que fueron alrededor de 38 edificios derrumbados, ese el reporte que hasta ahorita tenemos.

“Frida Sofía no existe y nunca existió, fue un telemontaje!”

Dijeron en la radio que como a cinco edificios la gente ya no va a poder regresar.

“Los jóvenes de México toman el liderazgo para la reconstrucción (nota).”

Está circulando mucha información que no sabes si es verdad.

“This rescue dog is working hard to find survivors of Mexico’s deadly earthquake, she’s found 52 people.”

La neta ya no quiero ver las noticias.

“Esta noticia surgió a raíz de una serie de terremotos que se registraron en varias partes del mundo con una intensidad superior a los 5 grados.”

¿Pudiste hablar con todos tus amigos de allá?

“Graco es puto (foto de una lata de atún).”

¿Dónde puedo buscar los lugares que sí están certificados para ayudar?

“Es falso que hay un sótano con cuerpos en la fábrica de Chimalpopoca.”

Mihijita qué bueno que no estabas en la Ciudad de México.

“Gabriel Mancera ya no necesita alimentos, hay que llevar agua y medicamentos.”

No se puede predecir un temblor, claro que estamos en zona sísmica, también en Japón puede temblar en cualquier momento, pero no se puede predecir un temblor.

“Yo dejaría las loas y los poemas hasta terminar de rescatar gente. Se agradece el “esfuerzo” de Villoro, pero este es el mejor poema (foto).”

No sé, estoy acostada pero no siento mi cuerpo, la ciudad parece la de Paul Auster.

“Nuestros nietos no nos van a creer que unos perritos con botas y lentes salvaron a un chingo de personas.”

¿Vieron que también tembló en Japón? Fue de 6.1… ¿Qué está pasando?

“Por primera vez luego de tantos temblores, sentí que la tierra podría abrirse a mis gelatinosos pies. “

Y un huracán dejó a Puerto Rico sin electricidad… tantas cosas que parece que es el fin del mundo…

“En Pacífico 223, Coyoacán, se necesitan paneles de triplay de 6mm de 2.44 x 1.22. Favor RT 17:30”

Bien, hubo varios edificios caídos, la ciudad es un caos pero todo bien, ¿cuándo vienes?

“Denuncian retención de ayuda en Morelos; ciudadanos se rebelan para “liberar” toneladas de víveres (videos).”

Choqué ayer, justo cuando iba llegando al DIF a entregar un donativo, iba saliendo un carro que no me vio, di la vuelta y chocamos…

“Por favor quien haya perdido su casa y esté pagando hipoteca DEBEN REPORTAR el siniestro dentro de los 5 días hábiles siguientes a lo ocurrido.”