oportunidad: ojo de agua

o

Supongo que cada vez que abro los ojos es porque estoy pidiendo una oportunidad más, suena cursi, no crean que no me escucho, me escucho, pero no hay de otra, ¿no? Más que eso: seguir pidiendo oportunidades y seguir dándole chanza a los otros.

Estoy tomándome un café y la figura de la espuma forma un monstruo calvo con una boca muy grande abierta: ¿pidiendo una oportunidad? O tal vez es el hambre que tengo. El monstruo se desfigura y se vuelve una isla. Tal vez es Haití. Pido un bisquet con mermelada.

¿Qué chingados significa pedir otra oportunidad? ¿A quién se la estás pidiendo? Al extraño para pasar, al otro para trabajar, a ti mismo para no volverla a cagar. Y con cagar no me refiero a defecar las oportunidades que se te dan. Sino a lastimarte, y lastimar a los otros; porque tal vez el estropear las oportunidades que se te dan es para alcanzar esas otras que no se te habían ocurrido.

La isla no era Haití ¿Era el pueblo de Scalea? En la televisión del café se transmite una carrera de ciclistas que está sucediendo, o sucedió, en Scalea, es lo que se especifica en uno de los súpers, las letras que aparecen en el borde inferior de la pantalla. En una vista cenital, la figura que van formando los ciclistas parece un escuadrón de hormigas dopadas, o las palabras en masa pero ordenadas intentando llegar a una página, a ésta quizás.

Hola, qué tal, mi nombre es Lucía Treviño, estudié comunicación y una maestría en apreciación literaria, he trabajado en varias agencias de redes sociales, y creando contenido para diversas páginas web, también he sido maestra de humanidades, tanto en preparatoria como en Universidad; he dado un par de talleres de escritura. Les escribo porque me gustaría trabajar con ustedes.

En la radio suena una canción de Radiohead, una canción que reconozco pero no me sé el título ni tampoco la letra. Tengo una fijación con las palabras, pero no me aprendo las palabras de casi ninguna canción. Tal vez no era ni península ni isla lo que la escuadrilla de ciclista estaba formando, si no un montón de balas no tan perdidas que llegan desde el país del norte.

Hola, qué tal, te escribo porque hace dos años nos conocimos en una comida con Z, desde entonces tengo tu correo porque me enviaste un par de ediciones de la revista que ustedes editan, por lo que me gustaría presentarles un texto para ver si les interesa.

Acabo de ver pasar a un hombre que mordía un pan dulce, y en la otra mano llevaba un café. Igual que yo con mi bisquet, pero él iba caminando, y yo camino con estas palabras, quizás iba hacia su trabajo, quizás también está buscando trabajo. Desde hace tiempo tengo la impresión de atraer a personas que están en mi situación pero de otra forma. El sábado me encontré con una mujer que llegó al teatro sola, como yo. Ayer domingo iba en el camión con una mujer sola que llevaba a sus hijas a La Marquesa, cuando descendimos del camión, una de las niñas gritó: “¡mi primera vez en La Marquesa!”, y la mamá me volteó a ver, y les dije “la mía también”.

No estoy cansada de pedir oportunidades ni siquiera estoy cansada de no tener una rutina que me sea familiar, tampoco estoy cansada de moverme: he venido a la Ciudad de México por cuarta vez a buscar esas oportunidades, las que sean, pero lo que me da rabia es que soy muy exigente con la realidad: le exijo que me dé exactamente lo que le estoy pidiendo. Y de esto sí estoy cansada. Me canso de destrozar lo que puede ser por intentarlo encasillar con mi idea exacta de cómo deben de ser las cosas, porque entonces la decepción irrumpe de tal manera que de nuevo termino por desistir. Mi creatividad se va en contra de mí, porque en lugar de darle la vuelta a lo que voy encontrando, peleo y vuelvo a pelar y sigo peleando y no dejo de pelar, hasta terminar muy cansada de nada.

Me gustaría no ser la única en el café, siento la mirada del mesero, le calculo unos 21 años, viste jeans color guinda, camisa blanca, lentes circulares de armazón metálico negro. Es delgado y bajo de estatura. Ojos muy abiertos, entre sorprendidos, o asustados.

Una oportunidad se abre como un agujero a donde te caes, o te avientas, o es una puerta circular, a la que no puedes ver como una puerta porque tu imaginación se resiste: o las cosas son como te las imaginas o no son. Pero es una puerta, o si quieres es un agujero pero entonces sí eres Alicia y estás en el país de las maravillas que te despliega la realidad cuando la aceptas. Y te puedes conocer de una manera y de otra, y de todas las otras formas que nunca te habías conocido, si estás dispuesto a darte esa oportunidad.

El cocinero del café ha salido a revisar su bicicleta, la veo por primera vez, es blanca grisácea por el uso, está recargada en un tubo, las llantas son negras y delgadas, se parece mucho a la bicicleta que solía tener hace muchos años. Esa bicicleta blanca que me llevó a la escuela preparatoria en Mixcoac, en donde por un semestre fui maestra de tiempo completo. Mi imaginación me hace creer que es la misma bicicleta. Tuve la oportunidad de sobrevivir con un sueldo de maestra: drenada y exhausta, pero llena de energía y explotando. Tuve que actuar como maestra, fingir que creía en la escuela para convencer a los alumnos que eso que yo estaba diciendo era lo que les brindaría las oportunidades en un futuro: el conocimiento. Aunque fuera un constante miento y miento: porque no creo en la enseñanza prefabricada, porque siento el aula como una cárcel, y porque el programa que nos asignaron eran cadenas y no una fuente de exploración. Ningún ojo de agua. A la salida del instituto me iba de bajadita, porque sí: Sísifo: sí: de ida era una pendiente que pedaleaba hacia arriba, y de regreso un mega dejarme iiir, hasta que me encerraba en la cueva en donde me encadenaba para preparar lo que entendía por enseñanza.

Oh, puerta te me tienes que dar. Cuando tomé Ayahuasca: una puerta para volverme a sentir. Cuando regresé a Mexicali por tercera vez: una puerta para reencontrarme con mi familia y mis raíces y mis culpas y mis fantasmas y deshacerme de una vez por todas de todos los fantasmas y las malditas culpas, o casi. Cuando me fui a San Cristóbal: una puerta para aprender a meditar. Cuando conocí a Ed: una puerta para volver a amar. Cuando volví a esta ciudad: salir a la calle, abrir un libro, reencontrarme con mis amigos y mis amigas, y escuchar, sobre todo escuchar, al alrededor, a mí misma, a los demás, porque todo está esperando a que le des una oportunidad.

No señores de la mesa contigua en el café: no me voy a aliar con ustedes para trolear al mesero —me voltean a ver el señor y la señora, quienes  han llegado a sentarse a la mesa de mi derecha, buscando que con mi mirada repruebe al joven mesero al se le ha olvidado su jugo por segunda vez— los ignoro porque quisiera decirles que tal vez él también les esté mostrando algo, ¿como qué? Paciencia. El que paga no tiene la razón, sólo paga para tenerla, y muchas veces para seguir distanciándose de la oportunidad de aprender otras cosas.

(Aunque sí, en la imagen superior de este texto done aparece mi cuerpo como ‘o’, parece que me estoy cagando en las oportunidades, pero se los juro que no).

no nada ninguna y para nunca

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la quiero dejar caer y ni modo, no hay de otro modo, eres entre más estás en la Tierra, y aunque te quieras quitar

sigo apelando mi derecho al suicidio, y en mi imaginación, sigo perdiendo

no es nada placentero, y ahora el placer también sólo me causa dolor, antes era un dolor inconsciente, ahora es un constante mira todo se acaba, y mira ni comenzó, y el veredicto se me grita con silencios y mis oídos sordos me los arranco con las uñas que por fin me han crecido gracias al esmalte olor a ajo

a jijo, si esto no lo planeé nunca y por mí desde hace un chingo se hubiera acabo

—sigan pitando, hijos de su puta madre, ya mero viajan en el ruido—

aquí no es ningún lugar y todo lo hemos inventado, y por eso me guardo mis ganas de querer ser

lo acepto: no me puedo ni inventar

ni con el alma en acento creativo, ni con el espíritu muerto y obediente, ni con la cabeza llena de unicel quemándose, y contaminando el alrededor para que todos mueran conmigo

—sigan creyendo, hijos de su puta madre, a nosotros también nos llevan entre las patas de sus chingaderas de mierda—

sigan imponiendo

sigan decidiendo

obedeciendo

sucumbiendo

sigan autodestruyéndose

el sistema de vuestra imposibilidad engorda y crece en la sombra de su malestar, malgastar, mal de rockstar

¿a dónde iremos a parar?

no puede ser que tanto genio se haya suicidado, como no fueron parte de este tiempo me los imagino cayendo por el precipicio eternamente

no puede ser que estén mal

ni modo que un idiota vivo diga que está bien, ¿por qué seguiría vivo?

hasta Jesucristo se dejó matar

Mishima, Woolf, Pizarnik, Hemingway

habría que componer una canción:

puto, el que crea que en la vida hay vida

puto, el poeta que no se suicida

puto, el efímero intento de chocar contra ti mismo

si esta es una casa gigantesca de espejos, y yo me veo en el árbol, y en un poste de luz, si yo soy un helado de nieve que se cae al suelo, y una torta mal masticada atravesando las vísceras de un hombre con diabetes, entonces, al verme en todo lo que no soy y soy ya me doy

ya

adiós

ay no no no

ahora que lo entendiste, entiende que no sirve de nada y súbete al carrusel del ratón, en la que te tocó pedalear, y dale que dale y nunca llegas pero a todos nos tienes tranquilos mientras te acercas y no te acercas a la muerte, pero te cansas de estar vivo

ay ay ya yay

ya ni siquiera lloro

porque cantando me hago pendeja y no dejo salir todo lo que siento para no estorbar

ayayayay

teletransportación hacia lotro

porque no entiendo lo que debo y me doy a la primera y sin volver a intentar

de la sierra morena bajan los aires del no hay nada que perder, aquí en la maya todo es igual, un pinche juego: y rájale una bala y otra y no es para tanto porque también yo ya me voy

el acto suicida se convierte en intentar encajar en el sistema aguantando el olor a podrido de tu propio cuerpo

y los sicarios no son sólo los que matan con una pistola y balas, de acuerdo, también son los que venden mierda de autoayuda mientras te joden más, y ellos logran escalar en la mayita, de acuerdo, el que se está haciéndose rico es porque está aplastando a un chingo que se han dejado morir: todo por no pelear

ay tanto sicario en el sistema pero sólo el de la pistolita es el malo: todos hemos tenido ganas de matar, por lo que sea, porque el otro es un idiota o un déspota, por lo que sea, las ganas ahí están, pero

ayayayay

estoy hasta la madre de la autodestrucción, porque ya me quedé a la mitad, y estoy agarrada de la piedra fijada en el barranco desta montaña que se está cayendo y nunca se caerá, y me cae de todo, desde crema batida, chocolate y un constante golden shower, y ya no tengo mi mascarita cínica para soportar, aguanto, aguanto y aguanto, y sólo pienso que espero el momento en que habré de soltarme al no aguantar

me empujo un poquito más, con mis palabras yo solita, a ver si caigo, a ver si tropiezo, a ver si me domestico, a ver si qué chingados con tal de salirme de mí

 

el matrimonio y mientras

m

 

Advertencia: en este texto cuento parte de una película rusa que se titula “Sin Amor”, si la vas a ver y te quieres sorprender: no me leas.

 

1

Este fin de semana que pasó fue la boda de mi hermano en Cancún. Y como suele suceder, en un pestañeo ya estaba de vuelta en la Ciudad de México pensando, ¿y ahora qué? Pero al continuar buscando lo que estoy buscando se me vienen los recuerdos : la cara de mi hermano cuando el juez le pidió unas palabras, y aunque se puso nervioso, su reacción fue un cómo de que no, (y me recordó al carácter de mi abuelo Andrés). Mi mamá, que se veía muy delgadita con su vestido blanco de flores azules, se la pasó sonriendo y bailando con quien estuviera en la pista. Mi papá habló de la historia del Principito y del amor en el brindis, aclarando que él era el menos indicado para el tema del amor, cuando con sus hijos, con los cuatro, ha sido sumamente entregado. Mi cuñada tan decidida y en paz en medio de tantas emociones, porque seguro nada de esto era como se lo había imaginado, pero lo abrazaba haciéndolo suyo y diciendo por qué no. Vi el mar de lejos, como contemplé con felicidad la felicidad de los otros. Y pensé que el siempre presente es siempre de mientras y se mueve como la marea. Y la mustia realidad acobardada y escondida en una esquina, esperando a que en mi discurso termine por encasillarlo todo, para que ella gane y entonces el dolor, la ansiedad, y todo lo que no es resurja como lo que es. Y yo mentándole la madre: por un mientras, déjanos en paz.

2

Vi una película rusa, se llama: “Sin Amor”. Relata la historia de Boris y Zhenia, los padres de Alexey, quienes se están divorciando. En la primera secuencia aparece una pareja de recién casados visitando el departamento de la rota pareja, para ver si lo compran. Durante las siguientes tomas, el hijo, Alexey, se la pasa llorando, pues aunque sus padres no le han dicho que van a divorciarse, él es testigo de las discusiones y las peleas, desde su cuarto o cuando está encerrado en el baño. Su llanto es desconsolador. El odio de la madre, Zhenia, invade por completo la atmósfera. La ausencia del padre, Boris, no genera ningún refugio para el hijo. Alexey sale una mañana hacia la escuela y nunca vuelve. Zhenia tiene una nueva pareja, un hombre de 47 años, de carácter maduro y elegante, con un departamento moderno, una camioneta BMW y quien está claramente enamorado de ella. Por su parte, Boris trabaja en una empresa como vendedor, a la hora de la comida indaga las políticas del corporativo con respecto a su caso: no hay hombres sin familia, no hay divorcios, no hay familias rotas. Sin embargo, tiene una nueva mujer, Masha, quien está embarazada, joven, rubia y muy bonita, quien está enamorada de él. Gracias a un compañero del trabajo, Boris se entera que uno de los empleados al tener problemas con su esposa, le pagó a unas personas para que fungieran como su familia en la fiesta de año nuevo, y luego, rápidamente, se hizo de una familia y la empresa ni lo notó. Tanto a Boris como a Zhenia les urge vender el departamento, ninguno quiere quedarse con Alexey, están desesperados por comenzar de nuevo cada quien por su lado. Incluso Zhenia tiene una adicción al celular, y se la pasa enfrascada en las redes sociales, como si fuera la única manera de soportar lo que siente.

Pero Alexey no ha ido a la escuela en dos días, y al segundo día la madre se enterar por medio de la directora, le llaman a la policía, quienes no pueden ayudarle debido a que —nótese el guiño realista— es muy común que los niños escapen de sus casas, y deben pasar hasta diez días para que cuente como una desaparición. Pero la policía les recomienda un equipo de rescate con quienes arman un mega escuadrón para encontrar a su hijo. En medio de todo este desmadre, Zhenia le confiesa a Boris que se arrepiente de haberse casado con él, que nunca lo quiso, que debió de haber abortado, que sólo buscaba una salida de su casa porque odiaba a su madre. En las últimas escenas vemos el desmantelamiento del departamento, el cual es muy contundente: hasta arrancan el papel tapiz de las paredes. Vemos a Zhenia con su nueva pareja, y a Boris con Masha y su nuevo hijo. El trasfondo de toda la historia son las noticias: en la radio especulan sobre el fin del mundo ya que es el año 2012, en la televisión vemos la guerra en Ucrania. Esto más otros detalles de los personajes secundarios que aparecen no gratuitamente.

3

Me tomó años volver a tener una pareja (una pareja: pareja), en volver a decir: va, me voy a abrir y quizás hasta me enamoro. ¿Tiene que ver con mi experiencia respecto al divorcio de mis papás? Quizás. Sé que mis padres hicieron lo que pudieron, pero ahora también sé que la realidad nunca está de tu lado. Porque la realidad está generada por una sociedad que valora: el estatus, el consumo, las apariencias, el lujo y las comodidades. ¿La honestidad, la libertad o la justicia? Están totalmente aplastados por un capitalismo arranca-cabezas. Pues la realidad-sociedad te exige que seas parte y cuál libertad: a hacer lana, a cuadrarte con el resto de tu círculo, o si lo que quieres es libertad: debes superar a tu círculo en la acumulación de lana, y entonces puedes hacer lo que tú quieras. Cuando dos personas se casan: cada familia exige que te uniformes según sus condiciones y sus historias de éxito, nada de experimentar. Se espera que actúes de cierta manera, que alcances objetivos específicos, que no decepciones a nadie; ideas generalizadas sobre lo que debes, y a todo ello le llaman bienestar. Y las expectativas de los amigos de él, y lo que quisieran sus amigas para ella. Toda una sociedad operando como un juzgado, esto una vez que das el banderazo de aquí vamos como pareja. Y pobre de ti que pongas sobre la mesa una lectura distinta de lo que está bien y lo que está mal, porque todo está escrito: la educación de tus hijos, las vestimentas, tus aspiraciones, —hasta tus viajes—, y tus logros.

4

Cuando una pareja, ella de 23 y él de 26 años se casan, no hay madurez humana que pueda enfrentar las vicisitudes del sistema. Lo que se va logrando es con suerte, o con tanto miedo hasta que te encierras en tu careta de caballo para no distraerte en el camino: la vista de frente, y sin curiosear la vastedad del terreno.

Mis padres, dos almas que antes de meterse en una camisa de fuerza (que cercena la voluntad) decidieron ser libres, y la libertad a los 23 y 26 años implica revolución y rompimiento, y un constante estar en desacuerdo con el alrededor. Porque el control social te obliga a conformarte con lo banal y lo que no tiene sentido. Yo les agradezco que siguieron sus impulsos, y que  nos mostraron que podemos ser libres y se trata de una lucha constante y quién sabe cuál es el final. Este fin de semana estuvimos sentados en la misma mesa comiendo y compartiendo: mi mamá y su pareja, mi papá y mi hermano, mi pareja y yo. Y le agradezco a mi hermano porque desde que dijo sí: me lanzo a Cancún a trabajar: sí me junto con Regina: sí vamos a ser papás: sí nos vamos a casar, me recordó que sí la vida es lo que te sucede mientras estás ocupado queriendo encajar socialmente… como en efecto doppler su energía me trajo de vuelta a la Ciudad de México, y además ahora compartiendo de otra manera.

Nada está escrito, y por mientras, mi hermano me lo recordó animándose a escribir el comienzo de su propia historia.

al circo del culo literario

al circo-del-culo-literario aquel que más que abrirse se aprieta para no dejar pasar a nadie nuevo

 

 

a los Tierra Adentro

que no sé qué pasa dentro

pero después de la respuesta automatizada de a los 30 días te escribimos

se vuelven años

se vuelven daños (o desesperanza)

¿por qué les sigo insistiendo?

se me olvidaba que la budista me encomendó practicar la desesperanza

¿y si fuera Villoro?

a la chingada ni lloro

 

no sé dónde poner a Vice

dizque periodísticos, dizque provocando

(mándanos tu crónica en la que te coges la verdura que compraste en el mercado orgánico);

se ponen a traducir movimientos pa subirse al tren del no mames:

yo también participé, y luego mandaron a la Berger (a mi modo de ver) uno de mis contratextos

no somos la misma mierda que los EEUU

avísenle a los inversionistas: México is not the same shit

pero son el único medio que paga,

nació en dólares y pues no se amarra

chingos de blogs basura:

new news, fake news, spam news: no news

te inventan que hacen cultura

y te la crees

chingos de blogs chingones que se acaban a la primera edición:

¿qué no era más fácil en digital?

el tiempo sigue siendo oro, en bit coins o en inversiones pay pal

(el tiempo es un loro

que para no gritar su malestar, traga monedas)

y los concursos maleados

y el fonca que es un funk que ni se baila

no hay agentes literarios cuando no eres Don Literatura Voy a Vender bien Vergas

y las novelas chingonas ninguneadas entre los buenos: todo por el puto ego ciego

y las escritoras y los escritores sintiéndose siempre mierda, solos y en guerra, en terapia y mandándose más a la mierda, aunque en su cara aplaudan e impriman la tercera edición de su novela

nada que celebrar dentro del circo del culo literario

coladera que se llena hasta desbordarse con la misma caca:

pero a nadie hay que dejar entrar

y los escritores viejos con la misma perorata

esculpiendo el terreno con sus malos hábitos

acelerando su paso hacia la muerte

y dándose cuello con sus palabras que parecen tos

pedí un préstamo al mecenas que le he pedido desde siempre

les vengo trayendo la repetición del mismo mecanismo de supervivencia

(nadie debe ser responsable de mi fracasada existencia)

ya estoy peludita, pero no tengo pelos en la lengua, y como lo que intento son puros abortos literarios: literal

a mí no se me puede apoyar

no me voy a embarazar sólo porque no sé qué hacer conmigo y menos sabría qué hacer siendo mamá

(hasta al puto lugar común termino llegando cuando me pierdo)

vengo de una familia acomodada en decadencia

vengo de una clara instrucción de no trabajes pero trabaja por encontrar pareja, por encontrar tu lugar, por encontrar trabajo pero no te quejes si te malpagan, y cállate que no sabes nada

devengo también de una familia donde las mujeres decidieron cortar penes después de malgastarse en penas

vengo de un feminismo nacido como una utopía, vista desde la ventana y por la televisión, discutida en los círculos de libro en donde se muerden y se pisan la cola al mismo destiempo

(al estilo Adela Micha lanzando un monólogo sobre su desasosegada vagina)

nací en el seno de un millón de contradicciones, como cualquiera, y me doy cuenta, pero a parte no me puedo callar

me acerqué con un editor para que me dijera cómo publicar

aguanté un microsegundo observando de lejos y sin hacer nada

hasta que me enamoré como cualquier mortal

ruiseñora que ahora no canta y sí ladra y pide respuestas:

me confesó que después de quince años en el bisnes literal: realmente no sabe nada

(nos vemos) sabiendo que estamos juntos para enfrentar esta nada

y a la chingada (a ver cómo nos va)

hace años tuve una relación con un descritor

(se desquita siendo escritor)

nació en el underground y cruzó el puente hacia la decadencia (con él me quería llevar)

y me llevó

por dos años me dejé llevar hasta que casi me ahogo en el lodazal (y no de sus pedos sino al haber encontrado el yacimiento de mi propia mierda)

vi cómo otro editor usó mi escrito

—un escrito bastante niebla—

como un boleto que me vendió para participar en el sorteo de sexo casual celebrado en honor a su angustiada existencia

deslaves de un discurso I too wanna fuck you up

y aunque antes fácilmente me dejaba coger por la realidad

ya mi cuerpo no es el puerco de antes

y aunque no quiera un no putas no quiero terminó por azotar

vi cómo los escritores chingones se están tragando al mundo de una sentada

obesos de fragilidad

¿ buscan implotarse en una tragedia posmoshakespeareana?

¿que exploten sus vísceras embutido con toda la mierda que aguantan y no aguanta pero insisten en tragar?

me he cachado como un maldito machoveja

fantaseando con cogerme a una escritora lúcida, una que sí sepa

(no como yo)

con la que pueda recargar fuerzas

que no dejo de perderme

cuando suelto las palabras

como piedras

lo único que me queda es leer

mientras la nada empoderada terreno sigue ganando

leer la verdad entre líneas y en la ausencia de toda verdad

como un mantra repito:

no hay verdad que exista

no hay verdad que se pueda encasillar con palabras

y luego todo se tiene que volver a inventar

 

y es que ya me asomé dentro del culo de la literatura

y la verdad es que no me puedo salir de mi propio culo, literal

hasta reventar

—como almorrana—

hasta autodesangrarme

fuera de esta ociosa levedad

 

 

y en la sombra se hizo la luz

L

1

me siento

de sentarme

y me siento sola,

dice la sombra

 

me siento

de sentirme

y no me siento sola,

dice la luz

 

dice la sombra

que evadió la mirada del hombre sin pierna

para quedarse sentada

hasta que la señora Luz le llamó la atención

y el hombre sin pierna evadió su atención

pues no quiere sentarse

¿soy una mierda? pregunta la sombra

no sé

pero hueles a caño,

asegura la luz

 

2

que se salió de su no cuerpo

dijo la luz

para leer

y las olas de otro vaivén

arrasaron con la calma

¿cuál calma?

arrasaron con mi alma,

dijo la luz

mientras muerde ansiosa una manzana falsa

 

varada como una ballena

está la sombra

vacía aunque llena

esperando el regreso de algún

¿dharma?

¿o cómo dices que te llamas, llama?

 

3

la luz y la sombra (a coro):

nacemos muertas

y es el dolor lo que nos va reviviendo

 

qué ganas de culpar al otro,

dice la sombra

las esperanzas hechas náusea

perdón por el vómito

pero fue tu culpa

¿a qué huele el dolor?

dicen que a nada

 

la luz habla de un volado que se abrió al vuelo

que no nos cambió

aunque ya somos otras

terminamos juntas

¿justo para separarnos?

 

dice la sombra que no llora

pero que claro que llora

pues no es inmune a Dios

 

y con tu silencio le dijiste a la luz que se fuera

y te gritó callándose

mientras salió y azotó la puerta

 

la sombra asegura que se rompió su fuente de su coherencia

¿otra nuez?

no han pasado ni nueve meses,

objeta la luminiscencia

 

ya sabíamos que esto no iba a pasar

mientras ya estaba pasando

(pero nadie se dio cuenta)

 

4

es el negro entre las estaciones del metro,

dice la luz

y la sombra le llama el ruido entre líneas

la luz y la sombra al mismo tiempo:

es el movimiento estático

(a coro, como un par de tetas

de lelas, quise decir de lelas)

 

5

antes de que se escapen las palabras,

pidió la luz

ándale, ¡antes de que se escapen!

olvídalo, dijo la sombra

 

y se hizo la hierba

 

 

 

 

 

 

Kakistocracia

K

para mi pa, siempre presente

 

De las pocas palabras que vinieron a mi mente con k: ketamina, ketorolaco, vitamina K, Kerouac, kiosco, Kant, káiser, kéfir, kilómetro, kurdo, kilo. Mi padre, quien está constantemente consternado por la situación política de nuestro país (y del mundo), me envió la definición de Kakistocracia:

Del griego Kákistos (pésimo, el peor de todos) y krátos (fuerza, poder). Neologismo. A diferencia de la aristocracia, palabra que teóricamente quiere decir gobierno de los mejores, la Kakistocracia quiere decir gobierno de o por los peores.

La Kakistocracia significa contar con todo el poder, el dinero y los recursos, pero poca voluntad para mejorar, o evolucionar políticamente; al contrario, lo empeora todo. Un tipo de gobierno plutocrático-demagógico-autoritario, basado principalmente en la idiotización mediática de grandes masas electorales.

Democracia hecha caquita, decía mi mente haciendo un juego de palabras. También pensé en la moda que arrasó por un tiempo con la forma de escribir de algunas personas, las cuales sustituían la q por la k: “hey ke onda, ke vas a hacer hoy? Ke plan?” Como si pudiendo escribir bien, a huevo quisieran estropearlo. Y finalmente se me vino la asociación de cuando alguien se “ríe” en un chat de whatsapp y escribe “kakakakakaka”, lo cual me refiere a una risa violenta, una risa que no da risa, una risa que da miedo.

Sin saber de política y sin querer enterarme —tal vez por miedo a lo ignorante que soy— me di cuenta que con solo existir te enteras de la realidad, y cuando la realidad se agita políticamente es inevitable ser parte de la sacudida. Caminas entre las calles y te enteras de las campañas, escuchas las pláticas de conocidos o de extraños y te enteras de los candidatos, estas en twitter o facebook y te enteras de las promesas, ves los titulares de los periódicos y te enteras de las encuestas: Andrés Manuel va a la alza, Anaya promete subir el salario mínimo, Meade no trae nada, Margarita menos, y el Bronco colado, y el Bronco corrupto, y el Bronco haciendo espectáculo.

¿Qué nuevas? Hay que elegir entre el menos peor de los candidatos. Y quienes estén satisfechos con la vida que tienen elegirán a aquel que supone el menor de los cambios. Y quienes estemos totalmente insatisfechos elegiremos a aquel candidato que suponga algún cambio, aunque vayamos hacia algo peor.

Nos vamos a convertir en Venezuela, profetizan los trágicos. Aquí nada va a cambiar aunque todo cambie, dicen los estoicos. Qué frustración es resolver la ecuación de aquello que a todos nos afecta. Y entre más te enteras menos, pues saber todo lo que pasa y ha pasado políticamente en nuestro país no te asegura absolutamente nada.

La política nunca ha sido política en este país: es poder: poder y más poder para aquellos que están en el poder. Y todo aquel que se levante al sonoro rugir de un cañón quiere poder: Slim quiere (más) poder, los medios quieren poder, los partidos continúan dispersándose porque no quieren dividirse entre ellos el poder, y las alianzas suceden cuando están a punto de perder el poder.

Siempre he pensado en la revolución. Soy pesimista y romántica, esta es mi contradicción. Lo que me salva de mi pesimismo es imaginar que abruptamente podemos llegar al cambio, que es mejor pelear e incluso llegar a la destrucción con tal de transformarnos. Esta es la manera en la que como individuo funciono: para mis gracias y mi desgracia. También acudo al pesimismo porque así reconozco la realidad. Pero para no hundirme en las sensaciones que producen la falta de fe, y la desesperación, antes imagino:

Dejar de pagar impuestos, dejar de usar los servicios de un banco, dejar de ir a trabajar (o dejar de buscar trabajo), dejar la escuela. Hacer una huelga que produzca la inmovilización económica de nuestro país. Hasta que se sienta que el poder nos pertenece a nosotros. Hasta que se kaguen los políticos. Por algo no hablo de política, porque mi simple ensoñación es más distópica que utópica. Venezuela kítate que ahí te voy: y biba Méxiko, kabrones—dejando atrás mi estúpida tendencia al caos y a la fantasía— la pregunta se resume en: ¿votar o no votar? Esta es la única respuesta que me queda, ejercer o no ejercer mi participación.

Sé que soy parte de la generación del abstencionismo: el desencanto nos ha llevado a que otros participen en la elección, en donde después estaremos continuamente quejándonos de aquello que no es. Así que por lo menos tendría que votar para poder quejarme en un futuro.

Hace unos meses comencé a leer Así habló Zaratustra, me aventé al ruedo con el machito genio creador de la teoría del eterno retorno, a quien agradezco infinitamente la claridad de esta suposición, sobre todo cuando por lo menos en la imaginación es posible hacerle frente: no acudiré de nuevo a donde tantas veces he vuelto: esto es lo que imagino y no dejo de imaginar.

En el último texto que leí, titulado “Del país de la cultura”, Nietzsche describe: “Ajenos me son, y una burla, los hombres (y las mujeres) del presente, hacia quienes no hace mucho me empujaba el corazón; y desterrado estoy del país de mis padres y de mis madres. Por ello amo yo tan sólo el país de mis hijos, el no descubierto, en el mar remoto: que lo busquen incesantemente ordeno yo a mis velas. En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: ¡y en todo futuro —este presente!”.

Recuerdo tener alrededor de unos quince años de edad y estar escuchando a mi papá hablar sobre la situación política y económica del país, pensando sobre todo que cuando yo fuera grande las cosas iban a ser distintas, pues veía a mis compañeros en la escuela, y pensaba en mis amigos y en mis amigas, y decidía que claro que todo iba a ser mejor.

Pero también hace poco, para contrarrestar el efecto Nietzscheano en toda su potencia de verdad, he leído otras cosas, entre ellas a una budista que se llama Pema Chödrön, When things fall apart, en donde en el capítulo siete “Hopelessness and death” me pareció más realista que lo que plantea Nietzsche en esta última lectura que hice del filósofo.

La budista defiende la capacidad de perder la esperanza a la par del constante reconocimiento de la muerte. Pema Chödrön estipula que una vez que has perdido toda esperanza comienzas a vivir el presente en su totalidad. Como la realidad, y nosotros mismos, estamos en continuo cambio, no hay lugar para la seguridad de nada, todo está a expensas de la transformación de las circunstancias y del alrededor y de nuestras sensaciones y sentimientos. Por lo que perder la esperanza es exactamente la posición que nos lleva a experimentar la claridad que brinda el presente. Perder la esperanza nos posiciona con la verdad a la que nos hemos acostumbrado a asimilar con palabras pero no a abrazar con nuestro ser: nos vamos a morir, estamos siempre viviendo para morirnos, perder la esperanza de que vamos a vivir para siempre nos deja viviendo —de alguna manera— tranquilos y en el presente.

¿Así que perdiendo la esperanza y sin hacerme güey iré a votar? Sin esperar a que mi voto sea el cambio de la realidad, sino a que mi participación sea el comienzo de una actitud que cuestiona activamente el poder. Y no sólo desde mis ensoñaciones y desde mis quejas y desde mi cuenta en twitter. Sabiendo que nada va a cambiar pero por lo menos siendo parte: estando presente. Porque al final suena estúpido y un poco esperanzador pero pareciera que lo que necesita nuestro país es que estemos, a pesar del kagadero que terminen por hacer los poderosos.

el juego que todos jugamos

j

El juego. Bajo las reglas del capitalismo: estar jodido, continuar jodido y ser un jodido por el resto de tus días es la gran muestra de humildad. Jitomate. Pero no te vuelvas un mendigo, porque serás una carga para todos. El truco es arreglártelas lo mejor posible para no estorbar al otro, pero seguir según esa perspectiva jodida en la cual te tiene el otro. Invisible y jodido.

El jugo. Si tienes dinero para comer y dormir, bien. Para una casa, un carro y algunas comidas fuera de casa, experiencias no tan pequeñas pero accesibles, bien, pero no tanto. Si tienes la oportunidad de vivir el entretenimiento más exclusivo, entonces se levantan las sospechas: ¿quién eres? ¿qué haces? ¿cómo lo haces? Si tienes lana para viajar, para comprarte ajuares de tu propio estilo (y no ropa de maquiladora), si puedes tomar café orgánico importado de África y extrañas verduras que quién sabe dónde se siembran, entonces no: ¿quién chingados crees que eres y qué estás pretendiendo? Eres un ser humano superficial, banal, eres un cartón con leche que seguro se está pudriendo, pretencioso y vacío.

Jodido. Hay que estar jodido y mantenerse jodido y seguir jodido, y desde esa jodidez implorar por ayuda, evidenciar la fragilidad pero tampoco volverse una carga para nadie. Arreglártelas solo pero continuar jodido.

Jauría. Lo que menos soporto de los chilangos, de los que viven en la Ciudad de México y se enganchan con la mierda de sobresalir y ser alguien y tener cada vez más: es su puta incapacidad por alegrarse por el otro. Aunque creo que la empatía es imposible, el que no te cale no lo es.

Si es un extraño: algo habrá hecho porque en realidad es un pendejo que nada merece y seguro consigue lo que consigue sólo con influencias.

Si es un conocido: sentimientos encontrados: pues algo sabes que su camino está plagado de cierto dolor y angustia, entonces ya le tocaba, pero no estás tan seguro o segura de que te da gusto.

Si es un amigo o una amiga: tu éxito es su éxito. Júbilo. Tal vez algo te beneficiará su nueva situación económica, política o social. O no, no te da gusto porque realmente no son tus amigos o tus amigos. (O estás pasando por una crisis en donde no puedes sentir alegría). O se te cae la torre del Jenga, y te sientas quedándote atrás: que lo que a ellos les beneficia, a ti te perjudica.

Jelengue. Las sospechas en cuanto al otro, tu miedo a la fragilidad y a ser humillado (¿no te estás humillando con tus pensamientos de mierda deseándole el fracaso a tus amigos o amigas o a quienes alguna vez lo fueron?, esto lo suscita Nietzsche).

No jalar. Les gustaría no darse cuenta, pero los supera el morbo, sienten amenazado su camino a sobresalir, porque han hecho las cosas distintas. ¿Y quién no? Y no, no es una características sólo del chilango, pero acá ese detalle del carácter nos arrasa a todos. Somos tantos los que vivimos en esta ciudad, que intentamos (una y otra vez putas intentamos a la verga vivir en esta ciudad), que se enreda la supuesta evidencia de que alguien nos quiere chingar con su felicidad o sus intentos de ser (¿¿¿¿¿¿??????).

Jaripeo. Para desenredar el maldito nudo en el estómago, el engrudo, me aguanto las ganas de sonreír, de no ver a nadie a los ojos, de gritar, de reaccionar. La autoasumida pendejez, y la sumisión, el traje de mártir antes que de Adelita: no tener nada, no querer tener nada, pero putas, callar las pinches voces de imaginar todos los sueños del mundo (Pessoa dixit). No andar volando con los ojos, no darle rienda suelta a la risa, o encerrarme de vuelta en una jaula.

Jaula. Soy una pesimista enjaulada, llevo la boca tapada con cinta aislante —que me aísla la desesperación y la angustia, yo estoy sintiendo el todos pero a la verga, no quiero nada—. Porque me da por quererme escapar de la jaula, arrancarme la cinta, morder los barrotes con mis dientes (aunque no sean de Hannibal), para ver si los pierdo, y quedo como la estúpida ilusa que intenta, o logro hacerme un hueco y salir: y gritar. Porque tengo la tendencia estúpida de aceptarlo todo como es hasta que me atraviesa.

El jale. (Los que más rechazan son los más intolerantes al rechazo: el verdadero jale de estar existiendo).

Júpiter. Hoy no estoy en ninguna parte, más que en el charco de un malestar que dejé crecer: por hacerme la juerte, estúpida: mente.

Jeta. Pero no quiero ni escaparme de la puta jaula, porque no creo que asumiéndome pesimista pueda sobrevivirme. Otros sí: no se cansan de repetirlo. Amargas uvas, leche caduca.

Jiji. Espero que nunca me venga el bien y termine sonriéndolo, que a todos les continúe dando gusto mi inmovilidad y mi incapacidad de hacer otra cosa que darme cuenta de lo que siento.

¿Justicia? ¿A quién le va lo suficientemente bien como para sentirse viviendo en un mundo justo?

Jiribilla. Prefiero callarme, aunque escriba, dejo ir estas palabras por lo pronto, aunque regresen, mientras tanto se van y caen al vacío (pero lejos).

Jabalí. “Mas, semejante al hocico del jabalí, mis palabras debe desgarrar el fondo de vuestras almas, reja de arado quiero ser para vosotros. Todos los secretos de vuestro fondo deben salir a la luz; y cuando vosotros yazgáis al sol hozados y destrozados, entonces también vuestra mentiras estará separada de vuestra verdad.” (Nietzsche). OJ Alá el puto hocico del jabalí de lo que leo termine guiándome por la verdad.

El prólogo (subrayado) de Un soplo de vida de Lispector

La obsesión por la voz de Lispector me llevó a transcribir el prólogo de la novela Un soplo de vida, y también a subrayar algunas de sus frases. Aunque en realidad todo el texto debería de estar en amarillo, si me limité fue porque así lo quise. (Los extractos los convertí en diez imágenes).

1

1esto no es una lamentación
esto no es una lamentación

2

2nunca la vida ha sido tan actual como hoy
nunca la vida ha sido tan actual como hoy

3

3no quiero competir en una carrera conmigo misma
no quiero competir en una carrera conmigo misma

4

4estoy oyendo música
estoy oyendo música

5

5siento que no estoy escribiendo todavía
siento que no estoy escribiendo todavía

6

6sí

7

7a veces la sensación de premeditar es agónica
a veces la sensación de premeditar es agónica

8

8el resultado de todo eso es que tendré que crear un personaje
el resultado de todo eso es que tendré que crear un personaje

9

9mi vida está hecha de fragmentos
mi vida está hecha de fragmentos

10

99ya he leído este libro hasta el final
ya he leído este libro hasta el final

 

999Lispector

toda letra del abecedario contiene una i

I

Toda letra contiene una i, y todo tiene un inicio. Aunque no siempre sucede al comienzo. Todo instante es la continuidad de otro instante y de otro, y otro, y otro. Despertamos los inicios y forzamos los finales.

A: albergamos recuerdos, creyendo que eso fue lo que pasó: nuestro pasado. Un par de letras i que se inclinan, un par de inicios que apoyan sus cabezas y se estrechan la mano formando un puente: anunciamos algo, anunciamos lo que estamos buscando.

B: buscamos siempre, una i que se curva y otra, y las dos sosteniéndose de un poste, una i erecta que sostiene la bienvenida, y la belleza, y la belleza de no saber nada. De agachar la cabeza por no saber, de levantar los hombros, de curvear el camino.

C: curva, una i curveada, un inicio que no ocurre recto, que no cierra: en donde algo cae, resbala y salta.

D: dos, para ser dos. Una i curveada que se aferra a la recta, porque la curva necesita a la recta, porque la recta desea a la curva, porque somos dos. Son dos. Así nos hemos definido, así nos defendemos, así podemos extendernos.

E: extendiéndonos, como si la i alargara sus ramas creciéndose, volviéndose e, extendiéndose. Haciendo equilibrio, siendo ecuánime. Elucubrando y elaborando desde el inicio hasta el final.

F: fin, ¿cuál es el fin? La continua pregunta. Necesitamos un final, un objetivo. Fingimos que deseamos estar vivos. Porque hay una fuerza que interpretamos como que es mejor que todo se acabe, creyendo que así termina el dolor de estar vivos. Creyendo en ese puto final. Esa fiera fulminante que se siente al centro del pecho. Ese furor indomable. Esa fragilidad constante. Esa agilidad probable…

G: genio, el que lo logre. El que pueda dejarse caer como agua surcando la tierra. Gurú y guía. Una i que se gira tantito, que se vuelve espiral a medias, que detiene su infinitud. Todo inicio es infinito.

I: infinito, repito. Todo inicio puede comenzar en el medio, o en otro final, puede continuar paralelamente. Camino y otro camino y todos los caminos ¿En cuántas posibilidades estamos sucediendo? La i está al centro del camino, en el medio. El inicio está al centro del trayecto. Es otro inicio, siempre es otro inicio.

El eterno retorno no es sólo volver al pozo al que siempre nos tiramos, no es sólo terminar en el lodo. Ni otra vez quemar las naves, no es la angustia eterna y la desesperanza que nunca termina. Es también la sutil ignorancia que te lleva a creer, y creer y crear, a ignorar y por lo tanto a insistir: i de insistir, i de ignorancia, i de ignición, i de inicio, i de ilusión.

El eterno retorno es también la eterna ilusión de que es posible tener otro inicio y otro y otro y otro y otro, es la intención de todos los inicios, ¿hasta el final? (O hasta un inicio que desconocemos del todo).

no sé si cortarme los hilos o dejarlos crecer

h

Es mentira que si no das cuatrocientas piruetas no vives. Que si no vas y te buscas una rutina que consista en más de veinte actividades al día no estás viviendo. ¿Has intentado no hacer nada? Sentarte en una silla, ver hacia la misma ventana de donde surge el paisaje que crees que has visto toda tu vida, y no hacer nada: nada. No escuchar música, no ver una película, no tomar agua, no hacerte un café, no comer algo, no bailar, ni hablar sola, no ver el teléfono celular. Te darías cuenta de que las cuatrocientas piruetas de todos modos suceden. Y creerías que son los espíritus los que te atormentan, que quizás te estás enfermando, que no te gusta pensar, que qué miedo sentir, que para qué chingados estamos aquí si de todos modos nos vamos a morir, que tú no pediste estar vivo, que la neta sabes que no vas a resolver nada, que no quieres nada, que juras por tu vida que no sabes nada, que no eres nadie, y fuck, sólo estás sentado en una puta silla. ¿Por qué la haces de pedo? ¿Por qué no puedes? ¿Por qué no crees? ¿Por qué sigues preguntándote por qué? Y quieres las cuatrocientas piruetas para distraerte de la no vida que parece que va a matarte de tanto no hacer nada pero que sientes un chingo. No puedes tener nada más un cuerpo y decir que es el cuerpo, no puedes nada más tener una mente y cargarle todo a la mente, ¿y el alma? ¿y la espiritualidad y el alma?

Le estuve dando vueltas a esa nada: creando toda una colcha con la tela de este desierto, para tejer una posible teoría de cómo buscar esa puta espiritualidad, cuando te queda tan poca alma —a los cinco años de edad, quizás—. En la reunión de ayer donde estábamos parte de la familia en casa de la abuela: mi papá, mi hermanito Max, Cecy, mi abuela, la hermana de mi abuela, mi tía Laura y mi primo Julián, mi tío Andrés y su esposa Yolanda, mi primo Amadeo, después llegó mi tía Grace y su hija Laura Elena. Todos reunidos recibíamos a Diego, mi tío, y a sus hijos el Sebas y la Vale, llegaban a pasar la Semana Santa en Mexicali. La plática de los adultos se dio en la sala después de haber comido tacos de chicharrón en salsa verde, de machaca y de rajas. Hablamos de las noticias, de las películas, de algunas series y de la tecnología. No nos dio tiempo de llegar hasta los chismes, porque como dijeron en una película “si juegas con la mierda te salpicas de mierda”.

En la mesa de la cocina me puse a pintar mandalas con mis primos Vale y Sebas, y con mi hermanito Max. La Vale y el Max tienen 8 años. El Sebas tiene 5 años. Como casi nunca nos vemos porque Vale y Sebas viven en Cabo San Lucas, el Sebas me preguntó si era cierto que Max y yo éramos medios hermanos. Me veía a mí, casi de la edad de su mamá y veía al Max de la edad de su hermana Vale: ¿Cómo era posible? Le dije que compartíamos el mismo papá pero que nuestra mamá era distinta. El Sebas lo repitió varias veces: “Entonces tienen el mismo papá pero otra mamá”. Sí, le contesté. “Entonces tienen el mismo papá pero la mamá es diferente”. Sí, exactamente, le dije. “Entonces no es la misma mamá”, dijo el Sebas. Su hermana Vale dijo que ya lo había dicho muchas veces. “Más de cuatrocientas”, la secundó el Max. Todavía no tantas, dije yo. “Sí, lo dije muchas veces”, dijo el Sebas. Le dije que a veces repetíamos las cosas hasta entenderlas. Después hablamos de la reencarnación. Porque alguien mencionó de una película de perros en donde el perro cambia de cuerpo, y experimenta siendo de otras razas de perro, pero es el mismo perro. Les dije que había una religión que creía en la reencarnación, que creer en la reencarnación consiste en creer que en lugar de morir, vuelves a vivir, pero en un cuerpo distinto. El Sebas se río soltando una carcajada de niño de 5 de años, pero como si descubriera una verdad que le hubiesen escondido y por fin tuviese acceso a ella. Inmediatamente se quedó pensativo y siguió pintando: “qué raro”, dijo, “volver a nacer pero con otro cuerpo”. Le dije que no lo era tanto porque para cuando sucediera, creerías que ese es el cuerpo que te ha tocado desde siempre. Seguimos coloreando en silencio. El Max y la Vale firmaron su dibujo y luego los tres se levantaron para irse a jugar al patio. Yo me paré a hacerme un café, y mientras me puse a guardar los colores.