sobrevivir

por luciayciula

No sé si he de sobrevivir

si voy sobrevivirme

siento que no siento

siento que tanto más siento

menos encuentro cómo es

 

no estoy

no soy

no puedo

 

Hago un esfuerzo hago el esfuerzo

trato

me repito lo que dicen

lo que yo misma he inventado

aquí estoy, de esta tierra soy, amo

 

Muevo el cuerpo

para sentirlo

para sentir que existo

mientras contengo la explosión que

sucede del pecho adentro

muy dentro

 

Un pie en el suelo

el otro al aire ondeando

de mis labios brota un susurro infértil: “puedo”

en el remolino del no sé ¿puedo?

hastiada de

tantos intentos

tantos intentos

tantos inventos

desmoronándose

vueltos polvo

bailando entre el miedo

por lo que imagino y no es,

no será, nunca es

¡Pero es lo que siento!

 

No sé si voy a sobrevivirme.

 

Culpo a las pastillas, al alcohol, a los otros,

a los fantasmas

que son mis miedos

a la falta de ejercicio o de sol…

 

Necesito (la lista):

una ceremonia de ayahuasca

más hierro

vitamina C

terapia

una alta dosis de antidepresivos

 

Es el cigarro, el café,

fue la calidad del vino.

 

Es la soledad,

la continua soledad,

¿a caso no estoy sola todo el tiempo?

(y desde siempre)

 

¡Es el mundo y sus tragedias!

(ya no leeré las noticias).

 

Es exactamente lo que no es.

 

Mis nasales no pueden aspirar más

y de todos modos me quedo sin aire…

 

Son las noches de insomnio

(¿el insomnio cómo llegó?)

 

Es el día que nunca llega,

es el momento (continúo despierta)

fue él, el que rompió con nosotros y ahora…

 

Soy yo,

soy yo,

soy yo

no me miento:

soy yo.

 

No me siento. Soy yo.

 

Me voy a la cama, al más árido de los desiertos,

cierro los ojos con miedo,

es el ensayo de mi propio entierro

entre pensamientos,

pesados como las piedras,

agudos como el viento seco.

 

Abro los ojos

entre pesadillas y sombras,

entre el vértigo del todo y la nada,

no veo, creo que estoy hablando, no me escucho,

me siento llorar y no me siento.

 

El cuerpo duerme,

junto a la coherencia.

Estoy por estar.

No siento las manos.

 

Tengo salir una vez más

a errar, a errar, a errar:

y a seguir errando,

hasta la extenuación del ahora qué…

del cuándo y quién… del qué.

 

La imaginación con su cuchillo fantasma:

cuenta del 1 al 100 sobre cada nervio,

termina y vuelve a empezar.

 

La conciencia resuelve un caso (fantasma),

la razón corre a dos mil kilómetros por minuto,

estoy al vómito de mí,

del exorcismo de estas yos que no soporto:

no aguanto.

 

No sé si habré de sobrevivir,

cuando se trata de sobrevivirme,

soy mi enemiga,

a cada dos pasos me meto el pie,

me encajo las uñas, el puñal, el ahora qué,

ato la cuerda de mi insconciencia

para lograr el fin,

el único fin que tengo claro.

 

El día es tan corto, tan lento y eterno.

Tan pronto se acaba todo.

Y comienza de nuevo.

 

La estrategia del engaño

salgo a la realidad (fuera de mí),

saludo al vecino,

me abandono en contemplar,

cada

hoja de cada árbol, cada piedra, cada nube,

cada instante y sus espacios blancos,

todo lo que existe fuera de mí me hace posible,

no sé si habré de sobrevivir, si voy sobrevivirme,

por lo pronto me ignoro y sigo avanzando.

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