un impulso de vida

por luciayciula

Abres los ojos, estás despierto. Puedes sentir el sol en la piel. Parece el mismo día de ayer pero suena esa canción y vuelas. Estás bailando, cantando, no puedes dejar de moverte. No ha pasado nada diferente pero te sientes. Sueltas la carcajada. Estás vivo. Volteas hacia un lado, por donde siempre pasas, descubres un lugar. Amas. Muerdes una manzana. Ves a un extraño que te ve a los ojos. Te sorprende un árbol. El cielo. Eres una nube. Estás sobre las montañas azules allá a lo lejos. Te sientes vivo.

Antes todo era un claro impulso de vida, el dolor era parte, pero no sabías cómo cuestionarlo, no tenías las ideas ni las palabras para hacerlo. Aunque desde el principio hubo miedo. Naciste. Lloraste. Tenías hambre, lloraste. Despertaste y lloraste. Fuiste formando parte. Con la primera palabra. Te paraste. Te caíste. Los primeros pasos. Aprendiste a reír. A escuchar. A esperar. Todo impulso de vida era legítimo y continuo. Todo impulso de vida fue legítimo hasta que dudaste. Necesitaste.

Lo que era un impulso de vida se transformó en una búsqueda constante por llenarte con algo con tal de no sentir. La soledad. El vacío. El miedo. Necesitas amar o matar eso que sientes. Jalas y empujas. Todo está mal. Eres diferente. Eres un extraño. Eres tú, pero ¿Quién eres? Hacia la construcción y destrucción del ego. (No se puede tapar la soledad con un dedo). Entonces te mientes. Necesitas tener. Necesitas ser. Necesitas estar. Necesitas dejar de pensar. Necesitas al otro. Necesitas algo que no sabes qué es, que no sabes si existe pero suplicas que se aparezca sino entonces nada tendría sentido. No encuentras, no sabes, no entiendes. ¿Qué es esto?

Has llegado hasta aquí, hasta este momento, vivo y cuerdo. Has creado o tomado las herramientas necesarias para tu supervivencia. Tienes o no trabajo, estás saludable o enfermo, acompañado o solo, con hijos o sin hijos; y normalmente te sientes bien o mal contigo mismo. Una lista de creencias con la que asumes que así eres, así funcionas y así te ve el otro. Te sientes seguro de ti mismo. Aunque todo depende de algo. Si tienes trabajo, si puedes dormir, si fuiste al gimnasio, si estás en tu peso, si te ascendieron de puesto, si te vas de vacaciones, si ves esa película, si tienes un hijo, si tienes marido o un refrigerador nuevo. ¿Y si no?

Las personas viajan a París, a Nueva York, a Tailandia. Dicen que lo mejor que han hecho con sus vidas ha sido viajar y conocer el mundo. Cuando viajas ves todo por primera vez. Lo que está fuera de ti te transforma adentro. Sales de lo conocido con una actitud de no tengo idea, no sé y tampoco supongo. Observas, reconoces, estás atento.

Pessoa escribió viajar es existir. Nos hemos construido una idea de vida. Ser, estar y amar fueron sustituidos por aparentar, viajar y tener. El movimiento nos lleva a la sensación de cambio, pero si te quedas suficiente tiempo en ese lugar, en cualquier lugar (París, Berlín, Montreal), vas a encontrarte con lo mismo, contigo, con la persona que eres, con el rechazo hacia sentir lo que de todos modos sientes: dolor y miedo.

El mundo es una ilusión. Nuestra realidad humana surgió a partir de la idea de que podía existir. La mesa, la pared, la casa; una familia, una ciudad. Nosotros lo hemos fabricado todo. Siendo parte de la nada fuimos construyendo todo. Así surgió tanta belleza, con mil millones de impulsos de vida. Como también tanta basura. Por miedo al dolor, al vacío, a no sentir nada. Por miedo a la nada.

El torbellino de la tristeza te jala hasta su centro. El fuego de la envidia te incendia. El vértigo del desasosiego. Todo te succiona hasta que no eres parte no eres tú te preguntas si estás vivo no sabes cómo vivir quieres dejar de pensar no puedes dormir pero no estás completamente despierto. Una idea de vida no es vivir. Las ilusiones del ego no son los impulsos de vida.

La muerte, la nada, el vacío, el desasosiego, la tristeza, la ira. Todas las emociones negadas que surgen a partir del dolor son las que sin viajar, sin tener, sin ser nadie, te devuelven a un día cualquiera sintiéndolo todo de nuevo, como si fuera distinto, como si fuera la primera vez. A sorprenderte con tan poco. A sentirte vivo.

Entre lo que crees que sientes y lo que sientes, entre lo que crees que está bien y lo que se siente bien. Entre lo que dices que vas a hacer y lo que haces. La ilusión del ego versus un impulso de vida. Lo que es, lo que fue, aquello que estuviste tan consumido viviéndolo que hasta se te olvidó que al mismo tiempo te estás muriendo.

 

impulso

la misma ventana desde hace años, un cielo diferente a cada instante

lodisea 5.1.17