La renuncia

por luciayciula

Hace una semana los alumnos de uno de los salones del tercer semestre de comunicación de una Universidad en Mexicali, entregaron una tarea en la cual hablaban de una noticia que se había viralizado, junto con todas las expresiones mediáticas que surgieron en torno: comentarios en el portal del periódico, en facebook, twitter, en otros noticieros, artículos de opinión, memes, caricaturas, etc.

Hablaron sobre el atentado en Londres, sobre la caída de un helicóptero en el cerro del Centinela, sobre el intento de Trump por deshacerse del Obamacare, sobre el asalto en una ferretería a las afueras de Mexicali en donde murieron cinco personas, y sobre el video de la estudiante que hizo pública su renuncia al ‘sistema’ y a la escuela. De todas las anteriores, se abrió una discusión alrededor del video de la noticia de la estudiante, todos nos dejamos llevar hacia el por qué había ocasionado tanta polémica. Con el paso de los días el evento continuó propagándose.

A esto lo llamo: el fenómeno vacío mediático, algo que inesperadamente se vuelve noticia, y sigue popularizándose, más por el misterio de haberse vuelto noticia que por la noticia en sí (es un término inventado). Posiblemente esto pasaba desde que la televisión era la reina de todos los medios, o desde el boom de la radio, o en los tiempos de los periódicos, o antes, cuando trascendía un chisme entre las comunidades.

Cuando Trump fue candidato a la presidencia, y después presidente, nos dejó claro que lo que sea se torna material público, además de que cualquiera, sin tener la preparación académica, o una noción de ética y cultura, ni siquiera un discurso coherente, puede ser líder en el espectáculo de la mediática digital; con esto aparentar un verdadero liderazgo.

Hasta el periódico El País tenía en portada la imagen del video de la estudiante, con el gesto que me pareció una mirada de súplica, en donde más que renunciar al sistema caía en este otro sistema, el que hemos creado las masas por medio de las redes sociales y los noticieros al hacer público toda evento de la cotidianidad humana; así la Mars alcanzó la cúspide de la fama instantánea.

Estos actores responden al impulso sediento por llamar la atención, para convertirse en la comidilla de las redes sociales, y de todo el fenómeno vacío, que anuncia “se puede llegar hasta aquí sin tener nada que ofrecer”. Si en algún momento un Martin Luther King o un Gandhi llamaron a los seres humanos por su liderazgo, con discursos pensados, con una vida de trabajo, introspección, pasión por la verdad o por una simple elocuencia del sentido común, ahora quien sea lidera a la masa vacía. La cual está más ajena que nunca de la noción de sí misma. La masa no se reconoce como masa, escribió Freud, apoyándose de Le Bon, quien a su vez decía que las masas piden ilusiones y que dan siempre la preferencia a lo irreal sobre lo real, y lo irreal actúa sobre ellas con la misma fuerza que lo real, rematando con la frase: la multitud es un dócil rebaño incapaz de vivir sin amo. Y menos en las redes sociales, agregaría por mi parte.

Instantes después la masa abandonará a ese líder, asimilando al nuevo que lo surtirá de manifestaciones de la condición humana con otro tipo de espectáculo. Si en la televisión eran quince minutos de fama, en la redes sociales son quince segundos. Porque no es que sea Trump ni la Mars ni Lady Gaga los que tienen el poder, se trata de los miles de millones de personas que estamos dispuestas a no solo escuchar sino a promover el discurso que se nos está dando como pretexto para la reflexión. Respondemos ante un actor que a su vez acata un impulso que no puede sostener ni con acciones ni con palabras, ese mismo impulso que logró conectarse con algo inconsciente en nosotros.

Porque quizás los miles y millones de personas que vieron a la Mars en su intento de revolución, desde el cuarto de su casa frente a un celular, sí están inconformes con el sistema, con todos los sistemas, el político, el económico, el escolar, el cultural, el humano; pero la mayoría no sabemos cómo cuestionarlo, y cualquier intento público nos llevaría a terminar exactamente como la estudiante, sin poder ir más allá que el de sacar nuestra propia desesperación y frustración.

Hay algunos líderes de opinión que intentan expresar una hipótesis de la verdad, de lo que está sucediendo en el terreno de la humanidad como humanidad. Lo hacen con mayor elocuencia, análisis y estudio, y con menos ganas de llamar hacia el protagonismo. Pero no son escuchados por la mayoría, sus palabras pasan sordas o ciegas ante los ojos de aquellos que piden no respuestas sino escapes, catarsis, revelaciones de impulsos primitivos, o viscerales. Esta es nuestra época. Nuestros líderes, los que representan a la mayoría, aparecen y desaparecen ante el espectáculo de los impulsos, totalmente vacíos de fondo, totalmente confeccionados de forma; cada vez son más, convirtiéndose también, y poco a poco en una masa.

Lo único que pude hacer al respecto fue no ver el video de esta joven. Estuve a punto de hacerlo pero decidí que debía “renunciar a ello”. Además de que me lo habían platicado tantas veces que sentía que ya no tenía nada que ver, que ya lo había visto todo.

Pero heme aquí no solo dedicando esto en torno a aquello a lo cual había renunciado, sino que además aceptando que derivan de días de estarlo analizando, así que ¿Cuál renuncia?

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