desde el infinito 1

por luciayciula

a ver, trata de vivir con todo esto

-Alberta Nosestain

 

No es momento de dudar. He puesto el primer pie fuera mientras sigo adentro, susurro: aquí estoy. Escribo y soy ésta. Me he quedado sola, otra vez, sola y sin mí. Me adelanto a mis palabras para ver si la realidad cobra vida, pero así voy llegando desde antes al vacío, sin darme cuenta. Siempre sin darme cuenta. Soy muy ingenua, por eso escribo. Dedico esto que escribo a nadie, sobre todo a nadie porque pensé en dedicárselo a mi mamá pero ella merece mucho más que esto, también pensé en mi hermano, en mi papá, en todos ellos que son esa mejor parte de mí, pero tal vez y solo por eso no podría dedicarles algo que nada tiene que ver con la belleza, ¿o sí? Algo en mí quiere creerlo, por eso digo que soy ingenua, porque quiero creer todas las maravillas que me invento, y además, quiero que ustedes las crean. He escrito tanto como ha sido posible para darme cuenta que es imposible escribir. Me he aferrado a ello, llorando, sigo llorando, no paro de llorar, he sentido como esto no se acaba nunca, y la tortura es la imposibilidad. Lo imposible de poner el infinito en palabras. Por eso ahora me obligo a hacerlo. En automático. Si es verdad que estoy conectada a algo que me hace escribir esto que escribo en donde yo por fin ya no soy yo, entonces lo vierto (me vierto) en el infinito paralelo y decido dejarlo todo ahí, aquí. La aceptación es la renuncia. Abrazo el misterio de estar viva, de querer morir todo el tiempo, de continuar viviendo. No puedo callarme. Mis ojos hablan de más pero menos de lo que siento. Mi lengua se levanta. Una yegua que no será montada pero será. No puedo dejar de existir. Ahora sé que la muerte es también imposible por eso dudo en llorar, y vivo llorando o dudando. Lo malo ahora es que no quiero vivir porque quiero escribir, y lo mismo pasa que quiero vivir y dejar de escribir. Por eso no sé si escribir me hace sentir viva o muerta, si estoy viva o muerta mientras escribo. He pospuesto el amor, la felicidad y hasta la cordura con tal de crearme un espacio. Estoy acumulando el Universo de tiempo solo por respirar, para después ahogarme con el exceso de aire. He visto a los otros hacerse de una vida de sacrificio o de comodidad, de amor o de destrucción, de estupidez o conocimiento. Lo he visto todo y todo lo he querido, pero solo logro acumular más dosis de nada. Si tan solo pudiera hacer lo que quiero, eso me digo. Y tan pronto como puedo no sé cómo hacerlo porque tengo tanto miedo. Una vez que he comenzado no puedo detenerme pero tampoco logro hacer algo con ello. Ya lo he pensado antes, que el yo anterior a mí se suicidó y mi alma está aquí soportando sin decidirse a estar; no es de aquí, no es de allá. Si pudiera decirles lo que es el tiempo. Mi lenguaje son las sensaciones que inundan este vacío libertad. Lo siguiente que escribo es para ver si logro desescribirme. Así. Poquito a poco. No sé si lo que escribí anterior a esto tiene sentido. He escrito tanto, y en esa vastedad me encuentro con una sopa de letras que apenas y transmite lo mucho que aunque no dejo de sentir, siento. Alguna vez fui libre, eso es lo que recuerdo, que dentro de la cárcel de un programa que me había inventado lograba esconderme en la piel de Dios, escabullirme dentro de uno de sus poros, pero después de esa sensación, de un instante, todo lo que quedaba del tiempo se iba en recordar y revivir ese microsegundo. Me expongo públicamente como nunca lo hubiese creído que fuera a hacer. Nada más porque no tengo nada. Se los entrego todo. Una vez que entrego no puedo dejar de entregar, hasta deshacerme por completo de mí. Salgo, un pie fuera de la irrealidad, muero de miedo, que soy y no soy, que quiero y no puedo, que no sé quién soy pero no importa solo-estoy-haciendo-el-tiempo-que-tengo-que-hacer-para-terminar-con-todo-esto. Listo. Vámonos, para volver a comenzar. Dios me habló al oído y me dijo aguanta vara. ¿Varita mágica? Aguanta vara y deja de hacerte la chistosita. Se me llenan los ojos de lágrimas, no veo a mi alrededor. No es justo que no exista la muerte, no es justo que no acabe nunca este dolor. No es justo que aparte de ello no pase nada nunca nada y que de todos modos yo sienta todo. Y entonces me dijo que exactamente de eso se trataba, exactamente de eso, de deshacerme del yo. El yo que me tuerce el cuello, que me atraganta; de aire, de tierra, de fluidos, de todo lo que no veo. ¿Cuánto tengo que trabajar? Todo lo que sea necesario en el tiempo para deshacerte del tiempo. Déjame, infinito, por favor que ya no aguanto. Suplico diez veces más antes de irme a acostar. Déjame infinito por favor que ya no aguanto. Y todo vuelve todo el tiempo a comenzar. Por ejemplo aquí y ahora, quiero parar, detenerme, iniciar con las transacciones de la vida de los muertos (que nunca mueren pero que no han de saberlo), pero sigo y quiero segar pero sigo. Ganas de vomitar ¡Todo el tiempo! Me he atragantado tantas sensaciones en la vacuidad. No me doy cuenta de nada y continúo. Quiero parar, siempre quiero parar, me desbordo. No deberían dejar circular las palabras a esta velocidad, a parte de que ni siquiera son todas ni hay claridad. Tengo una masa atorada en el esófago, no puedo tragármelas. Que quiero que puedo que tengo que no puedo soltarlas. ¿Algún día y siempre podré ponerle fin a todo esto que no puedo y tengo? Siempre voy a soñar con lo que no sea esto. Y la importancia de un punto, una coma, un acento, un margen ¿Margen? ¡Que no entienden que hablo desde el infinito! Que no hay límite, ni contención, que no puedo parar. ¡Que no hay punto! ¿Cómo entonces me piden lo único que no tengo? Estoy hecha de agua, de nada, de no tengo. Se me derriten los ojos, babeo las palabras, se me escurren de las nasales. No quería abrirle a la llave pues sabía perfectamente que esto era lo que iba pasar. Libertad cero punto cero. Una vez que estás aquí ¿Cómo volver hacia allá? Y desde allá no puedo concebir que exista esto. Yo ni siquiera venía a escribir esto. Ni siquiera. Yo pensaba para dejar de pensar para escribir una cosa totalmente distinta, y ahora escribo esto, y no entiendo nada, como siempre nada, pero me hago la que entiendo. Pues he aprendido a disimularlo. Todo lo vivo fingiendo. Mujer holograma no digas más. Ya no quiero, no puedo, voy desbordándome más de lo que ni siquiera soy que nada tengo. Si este es el principio, no sé qué es el final. Pero claro, eso es exactamente lo que dicen, no puedes vivir pensando en la muerte, como tampoco puedes morir, ya se los dije. ¿La muerte? El puente para volver a comenzar. A ver, trata de vivir con todo esto.