primeros apuntes sobre la función del orgasmo

por luciayciula

Imaginemos una cadenita de oro enredada, hecha toda nudo consigo misma, la cual está alrededor del clítoris de una mujer, o del punto g, de la punta del pene o de los testículos de un hombre. Ese nudo se llama miedo, se llama cultura, se llama mujer, se llama hombre, se llama padres o hijos, y también rechazo, primera masturbación, instinto sexual, primer contacto físico, primera excitación; se llama divorcio, se llama violencia, coger o hacer el amor, se llama“yo estoy bien cabrón para esto”, o “ése es un enfermo”, se llama “la tiene bien chiquita y ni la sabe mover”, o incluso, violación. Esa cadenita de oro no se va a desenredar ni dejará lucir ningún diamante que de ella cuelga si no ve que está enredada.

Wilhelm Reich fue uno de los discípulos de Freud, hasta que trazó su propio camino científico enfocándose en el descubrimiento del orgón y la función del orgasmo. Su objetivo fue reconocer “materialmente” las pulsiones que frustraban alcanzar el orgasmo, la cuales, inconscientemente, se convertían en neurosis, histeria, esquizofrenia, disfunción eréctil, angustia, depresión, ira, y otros trastornos más que afectaban a las personas. Reich dio a entender que en el psicoanálisis muchos de los elementos dependían de la interpretación del analista para poder “avanzar” hacia una resolución, y si el psicoanalista no lo lograba, el proceso se quedaba estancado indefinidamente.

Reich elaboró un método científico con el cual descubría aquello que imposibilitaba a sus pacientes a tener una vida sexual “plena”. Por ejemplo, dibujó un esquema del acto sexual en donde incluía: los preliminares de la excitación, la penetración, la fase de control voluntario de la excitación, y luego la excitación involuntaria (en donde, por cierto, resaltaba que no era recomendable detener el acto), la aceleración hacia el acmé y la llegada hacia el orgasmo, para después caer en las contracciones corporales involuntarias hasta alcanzar la relajación. Todo esto considerando “modos de conducta típicos y biológicamente determinados”. Describo lo anterior solo para puntualizar que sus observaciones fueron de una minuciosidad científica, con las cuales no dejaba lugar para la ficción. Con este tipo de esbozos detectaba cuando un paciente interrumpía el acto (según lo contara el paciente, no es que Reich estuviera presente), y generaba diversas hipótesis dejando alguna “tarea” para ver si alteraba los efectos de los trastornos, y entonces el paciente pudiera llegar felizmente al orgasmo. Curó a hombres impotentes, a mujeres esquizofrénicas, a locas, eyaculadores precoces, asmáticos, ninfómanas, enfermos sexuales, etc.

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“El miedo a la muerte y a morir es idéntico a la inconsciente angustia de orgasmo” decía Reich. ¿Y quién no ha sentido que se disuelve en el orgasmo? Te vuelves todo (o nada) con el Universo. Por lo que muchas personas sufren al momento de entregarse Totalmente. También decía que con el impulso sexual era posible notar el instinto asesino en algunos pacientes. “Un ser viviente desarrolla un impulso de destrucción cuando quiere destruir la fuente del peligro”. Si el ser humano cede a los impulsos sexuales para crear vida, es también posible que se resista a ceder y a sentirse vulnerable, por ese miedo a la muerte. “Destruimos en una situación de peligro porque queremos vivir y porque no queremos padecer angustia”.

Hace un año íbamos cinco amigas dentro de una camioneta hacia un restaurante de mariscos, dos de ellas eran pareja (son), y las tres restantes continuábamos solteras (continuamos). No recuerdo cómo llegamos al tema de lo que estábamos hablando pero una de ellas dijo que las mujeres teníamos dos agujeros —“¿Qué?”— reaccionamos tres de las cinco. “Sí, ¿no?”, secundó la otra. Así que tres de las cinco sabíamos que las mujeres teníamos tres orificios a la altura de nuestro sexo. Después alguna lo especificó: uno para la orina, otro para coger, que también es  por donde te baja, y el tercero donde sale la popo. Para dos de ellas era un descubrimiento. Todas rondábamos los 30 años de edad, todas habíamos cogido, algunas con mujeres y hombres, otras solo con hombres, y todas habíamos tenido algún orgasmo o varios en nuestra vida. Esto me sorprendió pero no me sorprendió. En general, la mujer mexicana explora poco su sexualidad, comenzando por no tener una idea sobre su cuerpo. Esta misma anécdota me llevó a recordar cuando escuché que la mayoría de mis amigas nunca se habían masturbado, habían tenido relaciones sexuales, después se convirtieron en madres, continuaron teniendo relaciones sexuales, y procreando más hijos, pero la masturbación es un tabú en sus vidas.

Descubrir la función del orgasmo, y no solo como teoría, es abrir una caja de Pandora (¿positiva? ¿inclinada hacia el ying?) tan íntima como genuina, tan sutil como infinita. Si eres capaz de desaparecer y volverte el Universo por un instante, y luego, mantenerlo, es que eres capaz de todo. Todo. Ahí está cifrada la naturaleza del ser humano, ahí está la vida y la muerte, las ganas de crear vida o de matar, dependiendo de la exploración que vayas realizando. Traspone lo material, pasa del cuerpo al alma, y del alma a cualquier tipo de creación, y no solo la procreación, entonces, funciona como vida generando todo tipo de vida.

La imposibilidad de alcanzar el orgasmo, o tener que llegar hacia él a rastras, con espasmos, pensamientos que encadenan, creando nudos y generando cortos circuitos, nos lleva a la sensación de inexistencia, de muerte y sinsentido, de destrucción y enfermedad, de vacío.

“Las reacciones de las mujeres a la angustia de orgasmo difieren individualmente. La mayoría mantiene el cuerpo quieto, con una vigilancia semiconsciente. Otras hacen movimientos violentos y forzados, porque los movimientos suaves ocasionan demasiada excitación. Las piernas se mantienen fuertemente apretadas y juntas, la pelvis se echa para atrás. Para dominar la sensación orgástica se retiene siempre la respiración en inspiración”.

Reich podía detectar los factores que propiciaban un asma, que develaban la esquizofrenia, la histeria, la locura, la compulsión (de cualquier tipo), disfunción eréctil, ninfomanía, depresión y demás, en una persona. Si se está negando la esencia, la cual está concretada en un instinto de supervivencia, como lo es el sexual, se desenvolverá como trastorno o enfermedad, y al revés. En la sexualidad de un individuo está alojada la complejidad de dicha persona. Su físico, su carácter, la forma en la que mueve su cuerpo o las ideas en su mente, su miedo y sus creencias, también la postura que toma dentro de su cultura. Su inteligencia y percepción, su violencia y su victimización, también desde ahí es donde es posible su “sanación” y su apertura hacia su propia plenitud. La función del orgasmo es la potencia de vida o la potencia de muerte. El instinto de vida o el instinto de muerte.

Ya para no alargarme tanto, nada más poquito, me acordé la susodicha pregunta a manera de small talk íntima “¿Cuándo perdiste tu virginidad?”. En una sociedad católica-cristiana esta respuesta funciona como el “inicio” de una vida sexual. Cuando podría cambiarse a ¿Cuándo tuviste tu primer orgasmo? ¿Cómo sucedió? ¿Masturbándote? ¿Con tu primera novia o novio? ¿Con una amiga o amigo? ¿En dónde? ¿Con un desconocido? ¿No te acuerdas? Y desde ahí rastrear la evolución obtenida desde ese punto ¿Cuándo mejoró tu orgasmo? ¿Cómo y con quién? ¿Haz tenido multiorgasmos? Y así sucesivamente.

No he terminado de leer La función del orgasmo, pero me atrevo a decir que se puede hacer un texto, así de este tipo, por cada capítulo y subcapítulo. A Reich le tomó casi once años terminar de desarrollar su teoría, y en el proceso fue ninguneado por varios de los psicoanalistas importantes de esa época, ignorado hasta por el mismo Freud, a quien le había dedicado su estudio a manera de admiración, porque aunque se distanciaba del psicoanálisis, la realidad es que su trabajo no hubiera podido desenvolverse sin todo el trabajo de Freud.

Y pues en realidad todo comenzó con un orgasmo.

Reich, Wilhelm (2010) La función del orgasmo. Paidós: España.