¿por qué no hiciste nada? ¿por qué lo hiciste tú?

por luciayciula

Las siguientes son una serie de anécdotas y textos, que me hicieron llegar tres mujeres, y a quienes les agradezco la confianza, y sobre todo, el riesgo. No todas las mujeres se animan a hablar del acoso que han vivido, la mayoría no quiere recordar ¿Para qué van a revivir instantes en los cuales fueron vulnerables y lastimadas? Sí, ¿para qué? Pero entonces ¿Cómo cambiará el contexto para que sus hijas, nietas y otras mujeres puedan vivir más libres? Las que deciden transformar el presente se van a sentir incómodas, van a ser criticadas, les va a doler, tal vez más que a las demás, pero no solo estarán haciendo algo por ellas mismas y por su alrededor, sino también por las generaciones que vienen. Por eso gracias a estas mujeres, que decidieron alzar la voz para contar un poco de una realidad tan incómoda como indiferente, tan frustrante como frecuente, tan triste como real.

“Cuando tenía 18 años, formé parte de varios grupos religiosos, y me fui de misiones. En una de ellas, el sacerdote responsable de nuestro equipo de jóvenes durmió con nosotros, éramos doce en el cuarto, pero se acostó a mi lado. A media noche sentí que empezó a tocarme la espalda y el pelo. Recuerdo que me quedé inmóvil y asustada. Como no dije nada, empezó a hablarme y a decirme que no pasaba nada, quería que compartiéramos el sleeping bag. Me tapé con la bolsa de dormir hasta la cabeza aunque hacía calor, aún habiéndome tapado, el sacerdote siguió insistiendo, hasta que se cansó. Me quedé congelada y me dio coraje no haber reaccionado en ese momento, todavía me da coraje, pero cuando lo recuerdo, pienso que entré en un estado de shock en donde no sabía qué hacer. Al volver a Monterrey, les hablé a mis papás sobre el incidente, y me apoyaron para denunciarlo ante las autoridades eclesiásticas correspondientes. Me acompañó mi mamá, denunciamos, y al denunciar yo, también lo hicieron otras tres chavas (por el comportamiento de ese padre). Las autoridades de la iglesia dijeron que se encargarían, pero lo único que hicieron fue moverlo de parroquia. Solo eso. Diez años después lo vi en la Universidad en la que hice mis estudios, cuando cruzamos miradas me acuerdo que me puse pálida, me dio mucho coraje porque lo único que pude hacer fue quedarme como piedra. Soy católica y no dejaré de serlo por esto que me pasó, pero algo en mí cambió y desde entonces estoy más alerta en cualquier situación.

También estando en la Universidad, en uno de esos viajes que haces con amigos, terminamos compartiendo la habitación dos amigas, un amigo y yo. A la mitad de la noche me despertó un sonido, el amigo se estaba masturbando junto a nosotras. No me vio, así que me hice la dormida y nunca hablamos del tema.

Cuando fui a París, en medio la plaza me metieron la mano entre las piernas y me tocaron la vagina, volteé asustada, se rieron y salieron corriendo.

Al estar escribiendo todo esto me dan ganas de llorar de coraje, de impotencia, sabiéndome incapaz de reaccionar ante estos ataques.”

–Mujer regiomontana, 33 años

El texto que sigue es una carta que le hace una mamá a su hija. Ahora que es mamá esta joven piensa que lo que menos quiere es que se repitan los sucesos por los que ella pasó y la lastimaron, en especial cuando a sus diez años la tocó un hombre sin que ella lo quisiera.

Querida bebé,

 Ahora que naciste he pensando mucho en lo que me pasó a mí mientras crecía, porque desde que llegaste he sentido una gran responsabilidad, quiero que tengas una vida mejor que la mía, que sufras menos, quiero llenarte de amor y protegerte, eres tan chiquita, estás muy viva y hermosa.

Por lo que te escribo, para que no te sorprendan las personas, que sin saber por qué, lastiman a otras personas. Espero nunca te pase, espero de verdad siempre estar ahí para evitar cualquier acercamiento que te haga sentir incómoda, pero de todos modos te voy a contar porque cuando te llega un ataque como este, de verdad que ni lo esperas y ni te lo imaginas.

Cuando yo tenía diez años, me senté a ver la televisión e invité al hombre que estaba ahí a sentarse y verla también, me quedé dormida, lo que me despertó fue sentir que me estaba tocando el cuerpo, su mano pasaba por encima de la ropa, después se fue por debajo de la ropa y de mi corpiño. En aquel entonces usaba corpiño. Me acuerdo que me quedé sin respirar, que dejé de sentir. Me quedé paralizada. Esos minutos se me hicieron eternos. Hice un movimiento y él dejó de tocarme, lo sentí asustado, pero me volví a quedar inmóvil así que su mano pasó por mi vagina y luego por mis nalgas. El hombre se dio cuenta de lo que estaba haciendo y de que yo me estaba dando cuenta, así que dejó de tocarme y por fin salió del cuarto.

Me costó trabajo volver a respirar y pensar en mi cuerpo, me dejó tan confundida. Sentí que mi inocencia se acabó ahí, que mi corazón se corrompió, que mi cuerpo se apagó, y mis manos se volvieron frías y dejaron de ser mías. Fue tan extraño, como si estuviera estado soñando, o tal vez yo quería que hubiera sido un sueño, pero fue real, no sabía ni cómo moverme. Cuando salí del cuarto le dije a mi mamá y no hizo nada. Me dijo que me fuera a dormir que después lo platicábamos. Desde ese momento dejé de sentir todo. Dejé de sentir y sigo sin poder sentir. Todo lo que yo era se fue hacia al fondo. Dejé de sentir. Sin darme cuenta comencé a deprimirme y me perdí. Después mi mamá quiso que me comportara como si nada con ese hombre, como si nunca hubiera pasado, como si yo pudiera hacer eso. Me quedé tan triste.

Pero cuando tú llegaste volví a sentir. No quiero sentir miedo ni que nada te pase. Voy hacer todo lo posible por estar alerta para cuidarte, pero quiero decirte que si en algún momento te sientes extraña, invadida, y sabes que una persona está haciendo algo en contra de lo que sientes, grita, corre, defiéndete, llámame. Si me pasó a mí, te puede pasar a ti, aunque yo haré todo lo posible porque no te suceda.

 Te quiero mucho,

Tu mamá

–Joven mexicalense de 27 años que le escribe a su bebé de dos meses

Y finalmente dos anécdotas de otra mujer.

“Yo tuve que aprender a defenderme y contestar los albures de los albañiles, me costó muchos tropiezos y burlas, porque tenía 23 años y andaba en el camión de redilas con trabajadores de la construcción.

Después cuando estuve embarazada de Abril (mi primera hija), tuve que acudir al IMSS porque me lo pidieron en el trabajo, me acuerdo que desde que llegué el médico me observó de pies a cabeza, y me dijo que si iba como todas las “fresitas reinis” a llenar el requisito, le contesté que “si fuera fresa-reini no tendría que estar trabajando”. Después me ordenó “trépate a la mesa”. Le pregunté que si tenía un banquito o un escalón porque no podía subirme en mi estado”, él me respondió “¿cuál estado? ¿Baja California?”. Me acercó una silla y me dijo “ahora sí, trépate”. Ya estando en la mesa, me dijo que le enseñara la panza para que me la midiera. Me descubrí, sentí que me vio raro, y después me la comenzó a aplastar horrible. Lloré, le quité la mano y le dije “me está lastimando”, quitó su mano de rebote y cayó en mi pubis alcanzándome a tocar. Me bajé de la mesa de un brinco, indignada, llorando, entre muda y encabronada. Me preguntó que si a dónde iba, que no habíamos terminado, que qué delicadita. No me salía la voz. Como cuando en tus sueños no te responden las piernas o no te sale la voz. Le dije que yo ya había terminado. Me fui pero antes vi su nombre en el escritorio. Recuerdo que fui directo a casa de mis papás a desahogarme. Me había dejado moretones en la panza. Redacté una carta describiendo lo ocurrido y la presenté en la delegación. No obtuve respuesta. Fui a preguntar por el seguimiento y hasta dos meses después me respondió el delegado de entonces (2001), diciéndome que habían leído mi queja y visto mis fotografías, pero que no podían hacer nada más que ofrecerme una disculpa, y que entendían que por mi estado quizás me sentía más perturbada y sensible. No pasó nada, no hicieron nada, pero logré decirles lo que había pasado.”

—Mujer mexicalense, 40 años

¿Por qué no hiciste nada? Es la pregunta que todo mundo le hace a las mujeres que hemos pasado por una situación así. Nosotras también nos quedamos pensando en eso, cuando todo el incidente ha pasado, y cada vez que lo recordamos y lo volvemos a recordar, pensamos pero ¿Por qué no hice nada? A la única respuesta a la que llego es que NUNCA PENSAMOS QUE ALGO NOS IBA A PASAR, y segundo, ¿Qué fue lo que pasó? Para cuando te estás dando cuenta que estás siendo acosada, ya está terminando todo, y tú solo estás conectando los hechos. Y, finalmente, nuestra cultura nos ha dicho que eso pasa y ya. “Pues porque así fue, porque así son los hombres, porque así es y ni modo, no podemos hacer nada, mejor olvidarlo aunque no se nos olvide nunca, negar que pasó aunque nos lo recuerde cualquier otro acoso, si sigue pasando ni modo, a cualquiera le pasa, no va a dejar de pasar. Que flojera que sepan que yo pasé por eso, no quiero que me tengan lástima, no quiero aceptar que he sido humillada, van a pensar que estoy inventando, que estoy exagerando cuando digo que me han tocado cuando no quise que me tocaran, que se me han masturbado enfrente de mí cuando no tenían por qué hacerlo, que han pensado en violarme, me lo hacen sentir a cada rato, me quieren usar para deshacerse de su instinto sexual, con tal de desahogarse o sentirse más fuertes… o yo qué sé”, NINGUNA LO SABEMOS ¿Por qué lo hacen ustedes, hombres? Antes de preguntarnos por qué no hacemos nada, habría que preguntarles a los hombres ¿Por qué acosan a una mujer? El acoso sexual tiene que ver con los instintos más primitivos, con la búsqueda de satisfacción por medio de un poder que se ejerce a la fuerza y sin miedo a hacerlo. ¿Y si le pasa a sus hijas, a sus hermanas, a su esposa, a su novia, o a su mamá? ¿No importa? ¿También ellas se lo han inventado?

Si no fuera por las mujeres que hablan, esta realidad se mantendría invisible. En un tema como este, considerado un tabú social, primero se debe expresar que esto sucede, para entonces crear consciencia, para entonces tomar acciones y medidas al respecto, para entonces crear un cambio, un cambio constante que mantenga conscientes a hombres y mujeres, que le dan fuerza a las mujeres para defenderse y HACER ALGO, para sentirse seguras en un mundo de hombres, con reglas de hombres, con beneficios para los hombres, con explicaciones de hombres, con cultura de hombres, con las necesidades de hombres, con satisfacciones de hombres; con miedo, poder, deseos e instintos que puede ser libres para los hombres pero no para las mujeres. Antes de preguntar por qué no hicimos nada, habría que preguntarle al hombre y por qué lo hiciste tú.