(del pasado: la primera publicación) 42.195 kilómetros

por luciayciula

¿Cuándo comienzas con algo? El día que lo decides o el día que se vuelve lo que imaginaste. Hace tres meses me inscribí al maratón de la Ciudad de México. A las semanas: la vida, la rutina y la falta de tiempo me hicieron sentir que –correr un maratón– es una búsqueda absurda. Llegaron a mí los pensamientos que suceden mientras corres por el kilómetro 33 ‘pero ¡¿por qué estoy haciendo esto?!’.

Las noches de viernes y sábados, destruía la disciplina creada de lunes a viernes. Ansiaba catarsis después de los días de oficina y los pensamientos rutinarios, entonces cada lunes volvía a empezar.

Un mes antes aumenté (por mucho) mis distancias de carrera y me esforcé más.

refugioY un fin de semana anterior al maratón me fui quemando llanta hacia Tepoztlán con la idea de aléjense noches en el DF que no quiero caer otra vez entre sus garras y bares. Subí dos veces el Tepozteco, descansé, comencé y terminé el libro De lo que hablo cuando hablo de correr de Murakami. Volví dándome palmaditas de felicidades en la espalda.

Un jueves antes del domingo maratónico fui a la plática de un escritor que admiro, terminé en un bar, luego otro y hasta la madrugada… Al caminar por las calles observé los anuncios luminosos: agosto 25 Maratón de la ciudad de México. Para dejar de pensar en esto pedí más alcohol (cerveza, cerveza, mezcal, cerveza, y hasta pulque).

Un campamento en el km 33

El viernes siguiente me levanté con un calambre en la pantorrilla (por primera vez en los meses de entrenamiento), pedalee hasta la oficina pensando ¡¿voy a correr el maratón el domingo?!. Esa tarde relajé mi cruda con un vino, cerveza, carajillo (carajo, qué estoy haciendo otra vez). Hasta conciliar el sueño.

El sábado, descansé el cuerpo aunque mi mente continuaba corriendo.

los protagonistas El Domingo

Mi par de tenis está entre la multitud de mujeres, son los protagonistas. Observo el cielo azul marino, una mancha de luna entre las nubes y alrededor demasiada gente que parecen sombras a no ser por su vestimenta fluorescente. Estas vestimentas brincan, se estiran, caminan, corren pequeños tramos. Escucho saludos, gritos, emoción, nervios, miradas, sí las miradas al frente tan profundas que se escuchan como un aullido.

Salida:

1 Arrancamos las mujeres. Lanzadas por una brisa que se convierte en marea.

2 Corro.

3 Siento como cada corredora a mi lado se coloca en su espacio y momento; ahora la marea se convierte en gotas.

4 Piso el concreto hoy antes siempre transitado por los coches.

5 Observo banquetas solas, en el fondo edificios firmes y en silencio, más allá el cielo se vuelve azul-gris.

6 Escucho los gritos ‘sí se puede’ de: señoras, familias, jóvenes, vagabundos, viejos, y niños.

7 Cae brisa.

8 Hay personas observando desde la ventana o el balcón a varios niveles del suelo.

9 Reforma, corro sobre la columna vertebral de la ciudad.

10 El cielo azul con nubes grandes y blancas donde voy dejandoo mis pensamientos.

11 Pienso que hay quienes gritan por gritar y hay quienes desean con toda su voz que lleguemos a la meta.

12 Se acercan los hombres (que salieron 15 minutos después).

13 Me rebasan el primer y segundo lugar de ese minuto.

14 Los hombres de Kenia, maratonista mexicanos y tal vez el que será el ganador, un hombre de Perú. Sus pies acarician el concreto con su paso. Sus miradas en línea recta son tan fuertes como sus músculos.

15 Los primeros lugares ya son un punto a lo lejos.

16 Un par de niños judíos con pancartas. Las señoras corredoras comentan ‘hasta los judíos se levantaron y salieron hoy’.

17 Jóvenes que siguen la fiesta desde la noche anterior y no encuentran un taxi.

18 Un vagabundo muy delgado se incorpora en el trayecto corre con plátanos en sus manos, se detiene los pantalones.

19 Matracas, chiflidos. Agua, suero, dos mordidas de plátano.

20 Silencio entrando al bosque de Chapultepec, pasos y pájaros, silencio.

21 Nunca antes he corrido más de 21 kilómetros, sigo.

22 Seguramente ya hay un ganador y una ganadora. Yo estoy a la mitad.

23 Lonas con fotografías del corredor, dibujos, apodos y frases.

24 Niños entregando dulces.

25 Viejos gritando desde sus sillas.

26 La perspectiva desde el centro de la calle: los edificios, los árboles y la ciudad entera se abre a tu paso.

27 La respiración del otro, de los otros en unísono.

28 Silencio desde adentro.

29 Tengo 29 años.

30 Somos un ejército insurgente.

31 Estamos insatisfechos con nuestro alrededor.

32 Estamos insatisfechos con nosotros mismos.

33 ¿Es necesario correr un maratón?

34 ¿Cambiaré al llegar a la meta?

35 Aún no llego, posibles primeros calambres.

36 Me duelen las piernas. Voy a tener un calambre. Se me cristalizan las venas. Me vuelvo de concreto con el suelo. Me voy a quebrar. 37, 37, 37, 37, 37, ¿37?

37 El camino se está volviendo más largo  en cada kilómetro, por cada uno son cinco. 38, 38, 38, 38, 38…, 38… ¡38!

38 Pasos cortos, pasito tun tun, pasito tun tun. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39. 39 por favor.

39 ¿Cuál es la estación de metrobús más cercana al estadio? ¿Cuál es? No me acuerdo. No se acaba. Cuarenta: por favor, por favor, ¿por favor? 40…

40 Ahí está el estadio. Acelera Lucía acelera. No puedo. Corre Lucía corre. Pasito tun tun, ¿41? Falta tan poco, ¿voy a terminar?

41 Paciencia, ritmo, mis pensamientos pesan más que mi cuerpo. Silencio Lucía silencio. Duele.

42 Estamos por llegar, estamos por llegar, estoy por llegar, estamos, estoy. Somos, soy. Vamos llegando. Casi.

195 metros. El dolor individual e intransferible, todos en silencio. El sí, sí puedo. El no, no quiero. Terminar, el logro, fin. Meta. Cruzo.

¿Qué he logrado? ¿Cuándo terminas algo, cuando existe una meta fija o cuando te has convertido en alguien más o cuando el suceso pasa a la memoria?

20 mil personas corriendo contra 20 mil y más pensamientos, también muchos gritos a favor. Aquellos gritos que son del extraño desconocido que reconoce la fuerza de la mente del otro en su mirada; los músculos son sólo una extensión de esa fuerza, no albergan el todo. La vida. La muerte. Los sueños, la realidad, la bendita suerte. Y la maldita malasuerte.Todo en 42 kilómetros y 195 metros.

Fin ¿Qué sigue? Salir a las calles de nuevo a una carrera distintas contra tus miedos. Somos individuos, nos volvemos masa, nos dividimos. Son distintas metas y al final una sola: llegar hasta donde te has propuesto.

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