(del pasado) lunes de desasosiego obligado / 45 para el siguiente

por luciayciula

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¿Qué pasa con un día libre extra, cuando el trabajo es sólo trabajo? Lo tomas. Y quieres otro y otro y otro. Para los que disfrutan lo que hacen más bien no se detienen, trabajan en cualquier día: asueto o no.

El jueves pasado aparece un correo genérico en el outlook que anuncia ‘celebremos juntos nuestra independencia’. En él se invita a vestir con los colores alusivos a la bandera, con algún disfraz o jeans. Usar tenis no es posible (y nunca lo será) aún así entre mis compañeros surge cierta conmoción por sustituir los pantalones de pinzas.

La real diferencia de este viernes, además de la mezclilla caminante por los pasillos, es la cantidad de chocolates, pastelitos, palomitas que se intercambian. Algunos intentan recordar fechas y nombres dictados en las clases de historia pero nada más. ¿Por qué algunos acudieron en pantalón, aún con permiso de ser más casuales? No lo sé.

(A la salida del edificio pienso un día más de fin de semana, ¿qué significa?)

Es sábado y Coyoacán es más feria que en cualquier otro fin de semana. Cierran el paso a los autos, las avenidas se convierten en mercados de garnachas; hay un escenario con artistas y música; hay muchas personas, policías y movimiento. Yo no sabía de esto, no hubiera ido. Normalmente Coyoacán es ya una postal de ‘Viva México’, con Frida Kahlo adornando bolsas y blusas, magueyes decorativos en los restaurantes y colores brillantes entre las calles, casas y la gente. Es el lugar donde se bebe tequila de hilo, y donde obtienes artesanías ‘tradicionales’ para llevar a la familia o para adornar tu departamento al estilo ‘mexicano’.

Ahora caminan personas vestidas de verde, blanco y rojo. A veces el verde es verde pastel, otras el rojo es guinda. Hay una intención por ser parte de la festividad; la cual a mí me pasara desapercibida sino fuera porque rozo el papel de china tricolor colgado de los techos de papelerías, farmacias o restaurantes. También me dan lo mismo las vacaciones. Ojalá olvidara mi cumpleaños, pero aún sin globos o pastel en casa siempre sé que es ése día desde que abro los ojos.

El tener una fecha para celebrar un asunto resulta absurdo porque no necesariamente hay disposición para hacerlo. Sucede con los fines de semana o de lunes a viernes. Cuadricular y encasillar la libertad y la responsabilidad a días definidos (definitivos).

En este puente creo que la mayoría (aquí en la oficina) busca gritar por su independencia, no sé si por la de México. Anuncian: me voy a Acapulco, a Puerto Vallarta, a ver a mis tíos, nos vamos a Las Vegas, la pasaremos en Cuernavaca. Viajar por el país o reunirse con la familia puede celebrar a nuestro país, al final somos mexicanos y vivimos así: con música que truena, harta comida y bebida, sonrisas y gritos hasta morir (dormir).

Cada 16 de septiembre me regresan como búmeran las preguntas: ¿somos un país independiente? O el capitalismo nos vuelve una colonia disfrazada de país autónomo, al servicio de las necesidades de los del primer mundo, específicamente Estados Unidos ¿Estamos orgullosos de los representantes de México? (o sólo de algunos artistas que aquí nacieron y vivieron o viven) ¿El mexicano busca lo mejor para su país? O toma de él lo que le conviene mientras acata lo que puede para el bien común. También después leo textos que anuncian ‘por qué no debemos celebrar a México’ y rápidamente quiero lanzar uno que diga ‘por qué sí debemos’. La contradicción también nos caracteriza.

Una de mis compañeras de trabajo –Mónica– partió a Acapulco con sus amigos. Ahora forma parte de las brigadas de ayuda hasta emprender su odisea a esta ciudad. El asueto estaba pensado para ser: sol, tragos y relajación; y no tormenta, resguardo y desconcierto. Por eso infiero que es difícil adecuarse a cierto día para hacer algo. Sin embargo puede no haber mejor muestra de compromiso por un país que ser apoyo en el desastre e intentar librarlo de los problemas que lo involucran.

Operaron a Agustín, del departamento de comunicación, del apéndice, le dieron tres días para recuperarse y se tomó 25. A los diez días comenzaron las críticas hacia él: ‘cómo-es-posible, qué-le-pasa, lo-van-a-correr, le-vale’. Lo entiendo. Yo también soy adicta a la libertad. La libertad es hacer lo que disfrutas, en el momento que deseas y por el tiempo que quieras. Mientras no pueda entonces busco un momento y pretendo alargarlo.

El asueto es un tipo de: a quién le dan pan que no se lo coma cuando muere de hambre. Pero cuando te dan un día es posible que se vuelvan dos, tres, diez o 25.

Un amigo me dijo ‘yo no salgo con la idea de divertirme, qué idiotez’. Pudiéndose aplicar a yo no espero lo máximo de mis vacaciones, cuando además se terminan. Tampoco de un día de descanso, cuando es uno solo. Depositar expectativas en una vida regida por el azar, el tiempo y su relatividad es absurdo, una idiotez de ilusos.

Ahora comienzo el conteo regresivo, faltan 45 días para el siguiente asueto.

“Vivir una vida desapasionada y culta, al relente de las ideas, leyendo, soñando, y pensando en escribir, una vida suficientemente lenta como para estar siempre al borde del tedio, lo bastante meditada para no encontrarse nunca con él.” – Pessoa, No. 45, del Libro del desasosiego