(del pasado) desde el extranjero / la tercera (generación) es la vencida

por luciayciula

amanece

Llevas semanas intentando escribir la nueva sección. El escrito #1 era sobre dos amigos que escuchaste en el parque hablando mal de una mujer que ellos conocen y tú no. Sentiste lástima por ella. Luego por ellos. Finalmente por ti. Eres idéntica a ellos.

En el escrito #2 trataste –porque no te salió– de hacer una relación con alcanzar el equilibrio, algún tipo de, y convertir los sueños en un secreto (sólo tuyo), sólo así podrás actuar en comunidad. Por medio de la adaptación mientras silenciosamente obtienes esa extrañeza que te lleva al laberinto de tu sueño. Fail.

Búsqueda #3 ¿La tercera es la vencida? Cada semana lees la columna de un escritor que admiras y que ahora es tu amigo. Más o menos. Leíste su última columna. Reconociste sus palabras firmes, que él llamaría ‘firmes’. Su tono melancólico. La destrucción de su posible felicidad en cada frase porque ingenuo aquel que intente ser feliz en un mundo como este.

Das clases en preparatoria. Con un discurso así es mejor decirle a los niños, ‘jóvenes’ de 17 años: háganse un paro, suicídense.

Crees que es injusto hablar del mundo como un lugar irremediablemente terrible. Aunque lo sea. Los seres humanos estamos en un ir y venir entre realidad y fantasía. Lo dictan el arte y la literatura. Lo dices tú y los otros al ver el vaso medio lleno o medio vacío. Hay quienes no suelen cambiar de opinión. O es medio lleno o es medio vacío. También vacío y se desborda. Tú estás en las grandes ligas de ejercer la contradicción. Todo el tiempo.

Intentas dar clases de literatura clásica. Hablas de héroes, semidioses, dioses y mortales. Tú eres una mortal. Te has acercado a un dios o semidios o héroe vencido. A un héroe vencido. Este gran escritor. Y porque quiere. Porque así se ha creado así mismo. El se ha vencido. Te molesta admirarlo porque sus palabras son de congruencia pesimista embellecida con tonos de burla (hacía a él mismo más que a los otros). Entonces te revelas. Como sabes perfectamente que no debes hacerlo. No estoy de acuerdo. Esto merece que el héroe vencido te niegue su compañía y aquellos consejos que te acercarán a los dioses que lo prefieren a él sobre ti. Aún así te revelas. Es la única forma –crees– de pelear por los otros mortales. Por tus alumnos por ejemplo. Si les dices a ellos que el mundo es una mierda y que sólo deben prepararse para la muerte. ¿Entonces por qué vivir miss? ¿Para qué estamos en este salón escuchándola? ¿Para qué sale el sol otra vez?

Eso es lo que le reprochas al héroe vencido. Hay quienes apenas despiertan. Apenas se dan cuenta que están vivos y pueden crear e intentar ser felices. No todo está perdido.

Le reprochas al héroe porque esas son las enseñanzas de él hacia ti. Se forma la avalancha. El revienta en tí, tú caes sobre quienes te escuchan, ellos tropiezan hacia sus mejores amigos y así sucesivamente. Hay que sostener que a pesar de, que aunque pese la realidad, existe la posibilidad de intentarlo. Tratar cualquier eso que van inventando es su sueño, alentarlos a crear el camino y decirles –afirmarles con la probabilidad (la posibilidad del 0.000001%)– que en el trayecto pueden ser felices. Con todas las aclaraciones posibles. Diciéndoles que van a trabajar como nunca. Que nadie les pagara lo que valen. Que van a caer en el más negro y profundo de los hoyos. Y cuando crean que todo está como nunca de difícil, odioso y terrible; se pondrá peor. Pero que habrá un resquicio de luz y eso significa que han empezado el camino. Con las piernas guangas. El cuerpo pesado y la mirada perdida van a tener que seguir caminando. Hay que asegurar que es así. Porque si todo está perdido aún posible ¿Algo?

Imaginas que aquella generación (la antes de) no vivirá para ver ese algo. Imaginas que esta generación (presente) tampoco lo verá. Imaginas que la siguiente (la futura) comienza un bosquejo. Más bien y crees que es labor de las generaciones presentes que la tercera generación (de tu historia) no es la vencida si no la que vence.

‘Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros elige, pero también queremos decir con esto que al elegirse elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser.’ Sartre, El Existencialismo es un Humanismo, pág. 13.

Nota explicativa: inauguración de un nuevo tipo de texto, de mis fríos tiesos dedos. Sensaciones, anécdotas y cuestionamientos en línea con la búsqueda de la existencia. El otro, el yo como otro, el absurdo y mi lugar en él. Escrito en segunda persona para obviar la sensación. Y pa’ tirarle al forevereo mainstream.