(del pasado) desde el extranjero / un hombre ajeno (un género ajeno)

por luciayciula

un hombre ajeno

‘El hombre está continuamente fuera de sí mismo; proyectándose y perdiéndose de sí mismo…’ Sartre de El Existencialismo es un humanismo. Págs. 84 y 85, Ed. Edhasa

Yo no escribo textos críticos, mantenerse en la línea objetiva mientras se tocan puntos que despiertan a la sensibilidad (subjetiva), y saberlo expresar, es muy difícil.

Si alguna vez he generado un texto que parte de otro texto es porque me sorprendió (para bien) y quiero tomar lugar en el efecto doppler, para que la obra en cuestión se conozca. Que todo lo bueno se expanda. Pero algo me despertó Un hombre ajeno.

Ayer me dejaron plantada. La decepción de un ‘usted está hablando al buzón de voz de…’ me llevó al plan b. Estoy harta de ir a los mismo lugares y bares, y ver a las mismas personas, con la misma idea en la cabeza: qué hueva platicar con esa gente. Sí, la cerrada soy yo, y no lo niego. Por eso ahora intento nuevos escenarios. Ayer me decidí por el teatro.

Durante mi trayecto Roma-Condesa, me di varios toques. Pensé si la obra es mala, la veré pésima. Si la obra es buena, creeré que es fenomenal. Es el mismo efecto de lo que sucede con la comida. Si lo quieres hacer, va la receta: cuando estés pacheco, hazte una taza de avena con agua sin agregarle nada. Ni miel, ni fruta, ni azúcar. Verás lo asquerosa que es la comida ‘saludable’. Después, cómete unos tacos al pastor o unas quesadillas de chicharrón o una buena hamburguesa. Es un orgasmo y no en tu boca. Porque cuando la muerdes no es. Es hasta que la estás masticando y tragando, y volviendo a morder; deseas que la hamburguesa sea infinita. Aunque si eres como yo, te la terminas en 7 segundos.

Regresando a la premisa ‘yo no soy crítica pero intento hacer una crítica’. Sin que se diera la tercera llamada, se oscureció toda la sala, y se iluminó el set con los tres actores: Benavides, Yazpik y Vázquez.

Los tonos del escenario y de la vestimenta de cada uno, a excepción de Yazpik, me recordaron a una de las portadas de El Extranjero de Camus, la de editorial Emecé. Ya había leído la sinopsis antes de que la obra comenzara, supe que el tema iba a ser en esta línea de la otredad, el absurdo y el existencialismo. Temas obsesivos para el joven de cualquier época, desde los años cincuenta para acá. Fue una agradable sorpresa el que no tratara de un triángulo amoroso, ya que se puede entender Un hombre ajeno, como el hombre de otra mujer. Fiuf.

No hablaré de la historia, pero sí de la experiencia: me divertí. No en los primeros segundos, como le sucedió a algunos del público, escuché unas risas (forzadas) al minuto dos. Parece ser que sólo porque son actores afamados, la gente se ríe de cualquier babosa que dicen. En mi caso la historia, la actuación y el tema fue cociéndose hasta que llegué al punto de las risas (de ebullición). Creo que Ricaño, el escritor y director, realiza un buen acercamiento durante el entretejido de los hechos, planteando escenarios en donde el ser humano es abordado por el absurdo: la risa en momentos de tragedia, el desconcierto en un lugar familiar o con una persona que conoces por años, el morbo que te asalta. Me gustó la frase (que seguro no la describo tal cual y que debe ser planteada en el contexto) “como es que podemos encariñarnos de una puerta metálica”.

En cuanto a la actuación aprecié que los actores cambiaran de papeles. Pensado o no, este detalle resalta bien la otredad: soy el otro, todos los otros y ninguno al mismo tiempo. Lo único que me molestó fue lo siguiente, aclarando que no soy actriz ni comprendo la complejidad de tomar (por completo) el papel de otro, me molesta cuando los actores han forjado tan bien sus habilidades corporales, de entonación y silencios, que saben desarrollar el papel a su estilo. Concretamente: me molesta ver a Diego Luna en todo lo que Diego Luna hace, también a Gael García. Si evado muchas de las películas de Hollywood es porque ya sé perfectamente con quién me voy a topar. Cuando veo que el actor se ha salido de sí mismo, y de su personaje ‘famoso’ para entrar a un papel y también a esa parte de él que desconoce y reconoce con este nuevo ser: me emociona, me intriga y me sorprende. Me sucedió con Dallas Buyer’s Club y Mathew Mc-lo que sea. Actor al que he visto en tantas películas siendo él, y en esta última, un él muy distinto. No he visto a Vázquez en otras obras, no puedo decir que su actuación es semejante, pero me sucedió con Benavides y Yazpik. ¿O será que el guión no los entusiasmó lo suficiente como para salirse de sí mismos?

Dentro de mis obsesiones está el existencialismo. Puedo asegurar que estoy en un no lugar porque ningún lugar me interesa. Cada vez que un escenario se vuelve cómodo, me molesta, o no es la comodidad que busco. Con frecuencia me encuentro desconociendo lo que antes amé. Hoy estoy segura de querer seguir viviendo en el DF, mañana encuentro un trabajo, vuelo y novio en Oaxaca, y me voy. Así.

Podría pensar que Ricaño no aborda el existencialismo como tal. Que es un existencialismo mexicanizado, como el sushi de aquí con queso-crema, pero creo que así es como debe de plantearse. Se ha pensado que sólo el europeo o la clase educada en México tienen estos arranques de indiferencia, ensimismamiento y desapego. Pero le sucede a cualquiera, a todos. El carnicero del Sumesa puede tener la epifanía de lo que a una vaca (ese animal que parece tubo de contención infinitamente pastando) siente al momento de su muerte. O relacionar a su mujer con una vaca. O enamorarse de una vegetariana. ¿No?

 

Pd 1.- Regresando del teatro, caminé por treinta minutos observando el movimiento de las personas y la ciudad a las 11:00. Pasé al abarrotes de enfrente por una cerveza y queso Oaxaca, para hacerme unas quesadillas. Al entrar a mi depa, mi compañera de casa estaba terminando de servirse sus quesadillas. Ambas estuvimos a punto de subir cada una a su cuarto, hasta que Lorena se sentó en la mesa y yo con ella. Abrí la cheve y platicamos por horas. No conozco a Lorena, la estoy conociendo. Y ayer me reconocí en ella. Creo que la otredad puede suceder, es menos común, pero al revés. Me reconozco en el extraño, y entre más lo conozco más me encuentro en el otro. Es una linda sorpresa.

Pd 2.- Este escrito está hecho en primera persona pero lo ubico junto a los demás de ‘Desde el Extranjero’, por su obvia relación.