(del pasado) escribo de lo que leo / Zama de Antonio Di Benedetto

por luciayciula

Di Benedetto: “Por este puma no visto medité en los juegos que fueron o pueden ser terribles, no en el momento en que se juegan, sino antes o después.”  (p.12)

Cuando el oráculo te previene: ese hombre que ves ahí no te querrá como tú quieres, ese hombre que ves ahí ya tiene una mujer, ese hombre que ves ahí, que no te vea. Sin embargo, caminas y cruzando su camino y haciéndole saber que existes.

Di Benedetto: “Busqué el reparo frondoso del arroyo y entre los primeros árboles debí quedarme, porque venían, libres y confiadas, voces de mujeres excitadas por el goce del agua.” (p. 12)

¿Acaso no somos todas las mujeres agua?

Di Benedetto: “Un resplandor de mi otra vida, que no alcanzaba a compensar el deslucimiento de la que en ese tiempo vivía.” (p. 20)

El juego: asegurar: “en mi otra vida”. En mi otra vida intentaré, en mi otra vida lo haré, en mi otra vida seré. ¿Y si esta vida que vivo hoy es el resultado de mi otra vida que antes siempre quise?

Di Benedetto: “Yo me hacía fiera violenta en la vacilación, hasta que llegó mi turno y me excusé.” (p. 26)

Es exactamente así como sucede y como sucede también que a una la llaman calientahuevos.

Di Benedetto: “Fue como si ella respondiera sin resistencia al llamado de algo nuevo y levemente extraño.” (p. 27)

La complicidad hecha con extraños. El one night stand. O el mero reconocimiento del otro que hasta entonces era un extraño más entre todos los demás.

Di Benedetto: “Ningún hombre -me dije- desdeña la perspectiva de un amor ilícito.” (p. 29)

Para el manual del femihumanismo (palabra tomada de los creadores del machohumanismo). Tomar la frase del personaje, convertirla en las palabras del autor, hacerlas del hombre, para volverla la frase de todos los hombres.

Di Benedetto: “Comenzaba la tarde, pero tanto mal me había dado aquel día que me espantaba continuarlo. Sin embargo, no se puede renunciar a vivir medio día: o el resto de la eternidad o nada.” (p. 53)

Eso.

Di Benedetto: “Nada me importaría mi propia muerte, creí también, y me acometieron unas ganas fuertes de no ocuparme ya de cosa alguna, de no retornar ni a mi cuarto ni a la calle, ardiente y polvorienta, de echarme allí mismo, aunque fuese en el suelo, y descansar, descansar.” (p. 53-54)

Antes que temer, antes que ansiar la muerte, antes de que me sea indiferente, lo deseado me es recibirla como he podido recibir ciertos momentos de vida, aunque no siempre.

Di Benedetto: “Pero era también una prisa de llegar como si necesitara darme de nuevo con la gente.” (p. 72)

Una fantasía, la necesidad social de quien se llena de energía porque acaba de experimentar vida. Como queriendo compartirla sin ser capaz de compartirla, jamás. La energía, también se crea entre dos: dialogar, discutir, coger, hacer el amor, bailar. Bailar.

Di Benedetto: “Ya la noche estaba demasiado densa, pesado el cielo, con esa gravidez que precede a la diafanidad, cuando está por subir la Luna. No podía distinguir a cuál de las mujeres seguía. No me importaba.” (p. 75)

Para el manual del femihumanismo. Aunque no, menos, si es de situarnos en lo necesario. ¿Cuántas veces no he seguido a un hombre, o la mujer con la que este hombre camina acompañado?

Di Benedetto: “Después de este razonamiento me tomaba la duda de que no fuese algo meramente de orden moral y sospechaba que si yo hubiese sabido pronunciarme, escoger, antes, no en el momento mismo del acto tentador, sino en la etapa de sus orígenes, podría haberme salvado. Al llegar a este punto, también tachaba la reflexión formulada, convencido de que igualmente en el momento último se puede elegir.” (p. 87)

Cancelación inmediata.

Di Benedetto: “Aquel me apaciguó; más un vaso de agua no sacia la sed de toda la vida.” (p. 88)

Momento versus infinito.

Di Benedetto: “Era mayor que la mía su necesidad de revolver en la llaga.” (p. 89)

Cuando el otro se sobre pone: sí o sí.

Di Benedetto: “Grávida de humedad, posesiva, la atmósfera había suspendido la vida. Surto en las aguas iguales, sostenía el barco una quietud sin memoria.” (p. 128)

Ver la grieta del cuarto, antes no estaba, ahora está, mañana será más grande. Ver las ropas colgadas, quietas, observarlas detenidamente, en cualquier momento se moverán, en cualquier momento se mueven. Las ropas conservan su calma, su inmovilidad, hasta que yo me acerco y tomo una, sacudiendo un poco a las demás.

Di Benedetto: “Yo veía todo ordenado, posible, realizado o realizable. Sin embargo, era como si yo, yo mismo, pudiera generar el fracaso. Y he aquí que al mismo tiempo me juzgaba inculpable de ese probable fracaso, como si mis culpas fueran heredadas y no importaba demasiado: disponía como de una resignación previa, porque percibía que, en el fondo, todo es factible, pero agotable.” (p. 129)

¿Está, Di Benedetto, hablando del amor? Sí y no. De la liberación del ese amor antes de haber sido consumado. De la vuelta al orden, o al supuesto orden. Y el miedo al autosabotaje. El único que me interesa. Ya estoy a punto de, casi casi y de pronto. Es dejar un enunciado sin punto porque algo más sucederá y no sucede porque