(del pasado) lunes de desasosiego / los sonidos en la oficina

por luciayciula

800 a 1000 por día

el escritorio de Iván

Y antes de llegar a la oficina, por ejemplo amanece: suena el timbre a las 6:17 am ¿Por qué no a las 6:00 o 6:15? Porque imagino a cientos de personas que despiertan a las 6:00. Autómatas. Abren los ojos, se salen de la cama, prenden la luz. Yo lo hago dos minutos después, busco ser la falla de la reproducción en serie.

Mis pies van de la cama hacia el switch. La luz de mi ventana desde la oscuridad de fuera. Y afuera: la trompeta del pan dulce, congrega al valet parking del gimnasio alrededor de la bicicleta: un café con azúcar, más un pan, el que sea. Hace más frío hoy, comentan.

El paso de los primeros coches y las primeras bicicletas. El un dos un dos un dos de los primeros corredores.

Adentro, ya me encuentro en el baño: el agua del excusado cede al agua de la regadera. La puerta deslizable. Mi cuerpo bajo el agua. El clic del champú. La esponja que recorre la piel. El agua que cae por mi cabello, cuello, espalda, nalgas hasta la coladera. La puerta deslizable. El agua del zinc, el cepillo tallando mis dientes. El toallero. La puerta del baño. Crema corporal, calzones, pantalones, blusa, calcetines. Tomo mis zapatos y chamarra. Guardo todo lo que debo-quiero en mi gran bolsa.

7:00 am. La puerta del departamento, salgo y cierro. Bajo tres series de escalones. La puerta del edificio. Buenos días Esteban. Buenos días Lucía.

El roce de la gran bolsa con la chamarra, los zapatos en la banqueta.

Llego a la estación, paso la tarjeta, camino, saco la eco bici 24, ajusto el asiento, acomodo mi bolsa, me trepo. Y pedaleo.

Pedaleo, suelto la cadena, pedaleo. Hago el cambio de 3 a 2 en la colina, las paradas en los semáforos, el paso de los coches, de cientos de ellos. Pedaleo y sueno la campanita: déjame pasar. Pásale pues: el conductor me observa. Los corredores en el parque. Otras bicicletas me rebasan, alcanzo alguna.

Más coches, siempre coches, camiones, micros, trolebús y cláxones. Suceden 8 kilómetros o 40 minutos a una velocidad lenta. Freno, bajo de la bicicleta, la deposito en la estación. Suenan los radios de los taxis seguros. Saco un pañuelo, me seco el sudor, evito la mirada del que pasa, de los que pasan. Camino cuesta arriba. Personas y pasos, conversaciones y silencios. El bolero: buenos días, buenos días. El trapo que pasa sobre un zapato y otro. La señorita de los lonches y su clienta: me da uno de jamón sin queso, ya se me acabaron, ¿a poco tan rápido?

Los coches y los cláxones, los pasos y más pasos.

La llegada al edificio, los porteros: buenos días señorita. Las escaleras eléctricas. Las puertas del ascensor que se abren, los pasos que ingresan al ascensor. Mis pies hacia la serie de escaleras. Dos pisos. Buenos días a la señora uno de la limpieza. Buenos… susurra.

Buenos días frente al mostrador de la lista donde anoto mi nombre Lucía Treviño 7:55 am Mercadotecnia y un garabato.

Ingreso al baño, me saco la camiseta, me cambio de bra, una blusa de botones, me suelto el cabello. Me acomodo la blusa, el suéter, la chamara. Salgo. Buenos días a las del espejo. Me lavo las manos. Saco mi estuche de polvo. Clic, lo abro. Paso la esponja. Clic, lo cierro. Salgo del baño.

Mis pasos hasta la puerta de cristal digito cinco número y enter. Camino por el pasillo. Buenos días a la ene potencia con los que me encuentre. Si tuviera un peso por cada buenos días de mis días.

Frente a mi lugar. Buenos días a Iván que siempre es el primero. Buenos días Lucy, cómo estamos. Abro el gabinete, meto mi bolsa, jalo la silla de rueditas, prendo la compu. Tomo mi taza y mi bote y camino hacia la cocina.

Empujo la puerta. Buenos días doña Mine, doña Irma. Las patronas de la cocina y de la limpieza del piso 1. La canción de José José en la radio ‘casi todos sabemos querer pero pocos sabemos amar’. El aparato que surte mi bote de agua. Mi taza bajo la máquina de café. Presiono un botón y sale un expresso, presiono otro botón y viene el americano. Microondas, giro la perilla: 10 segundos. Saco la taza humeando. ‘Amar es sufrir y querer es gozar’. Más buenos días e igualmentes. Empujo la puerta y camino hasta mi lugar. Jalo la silla, me siento.

Silencio. Inmediatamente Iván comienza a capturar la lista de 800 a 1000 contactos. Los clics eternos: Alonso clic Hernández clic 30 años clic empleado clic Cuernavaca clic Soltero clic alonsoh@empresa.com.mx. Clic clic clic. Clics por ocho horas.

Llegan Gerardo, Michelle, Paloma, Francisco. Con sus respectivos buenos días y aventuras en el camino: llanta ponchada, demasiado tráfico, no me levanté, no puse el despertador o estoy medio crudo. Se sientan, se levantan. Van por café, por desayuno o al baño. Ingresan a junta. Iván sigue con los clics. Gerardo llama: buenos días, cómo le va, pues ya ve aquí molestando… Francisco escucha salsa en sus audífonos, con el volumen que llega hasta mis oídos, se come una manzana, un sándwich, una de las primeras leches con chocolate del día, unas galletas.

Michelle y Paloma platican sobre Hugo o Paul o Puerto Vallarta o Cancún. Paloma se levanta. Contesto correos, corrijo notas, traduzco. Mis clics son a destiempo. Los de Iván continuos. Iván se detiene cuando escucha algo en la radio: no mames, le dice a Gerardo, ¿ya oíste?

Llega el jefe de Gerardo: buenos días. Le pregunta sobre las facturas, hablan sobre la insistencia y concluyen: no les hagas caso. Se va el jefe uno.

Llega el jefe de Michelle y Paloma, las saluda sólo a ellas, les dice: las veo en mi oficina al rato, tengo una junta, como después de las 12:00, búsquenme.

La jefa de Francisco que habla con él: ¿ya subiste la base? Se va la jefa y se toma un chocolate con leche más, estruja el cartón, lo tira a la basura. Mientras tanto también llega mi jefe, saluda a todos, bromea con Gerardo. Cómo estás chaparra, me dice. Hablamos del texto que ya está listo, de las dudas que tengo, de su hija.

Llegan los primeros compradores de Gerardo, compañeros que buscan algún aliciente, quieren palomitas o noche buenas o lo que venda Gerardo en ese momento. Unas de caramelo, al rato te las pago, ya estás.

En algún momento todas las sillas giran hacia el centro y se habla de las crepas de la esquina que en miércoles están a dos por uno o la promoción del sushi.

Ya es la 1:00 pm se levantan Francisco, Gerardo e Iván: buen provecho. Después yo: provecho. Al final Paloma y Michelle, después de la junta con su jefe.

Buen provecho indefinidamente hasta la salida del edificio.

Afuera: pasos, cláxones, celulares, chiflidos, pedidos, una quesadilla de picadillo, una cubana con todo, de qué vas a querer güey, un agua de alfalfa, chica por favor, ya viste cómo quedaron las chivas. Cláxones, pasos, me da para un taco señorita, ¿no tiene cambio, joven?

Y de regreso paredes adentro: qué comiste, a dónde fueron ustedes, qué tal están las gorditas de ahí, un día vamos si quieres.

Iván vuelve a los miles de clics. Francisco prende su música, mastica chicle. Gerardo vende una noche buena. Yo consulto el correo.

Llega Paloma y se va a una junta, Michelle se sienta y revisa su celular luego pregunta oye Lucía no sabes cómo puedo desbloquear esto.

Las idas al baño. La coreografía del cepillado de dientes frente al espejo.

El regreso a mi lugar, dos horas más y la salida.

Acomodo mis cosas: enrollo los audífonos, las plumas en la taza que no uso, apago la computadora, guardo el cuaderno. Saco mi bolsa, cierro el gabinete.

Francisco sigue escuchando música. Gerardo revisando facturas, haciendo llamadas, recibiendo el dinero de la nochebuena vendida. Iván sigue tecleando. Paloma en junta. Michelle en el celular.

Me levanto y camino: hasta mañana. En unísono y a destiempo: hasta mañana Lucy que descanses.

Camino por el pasillo: hasta mañanas, salgo de la puerta uno. Bajo escaleras, subo escaleras. Salgo de la puerta principal. Hasta mañana señorita, que descanse.

Afuera observo el reloj gigantesco del edificio de enfrente 5:48 pm. Suspiro.

Me falta pedalear. Ojalá haya bicicletas, pienso. Debería llegar a escribir, pienso. O prepararme las comidas de mañana. Podría seguir con la lectura del libro de… o salir a correr; hace semanas que no corro. Más bien nada más quiero acostarme.

Y todos los sonidos de afuera son sustituidos por los de dentro, por todas las voces que piden dentro de mí: por lo que imagino y quisiera y quiero. Mientras, Iván seguramente sigue tecleando, el sale hasta las 7:30 pm.

‘¡Qué palabras sublimes no estarán intercambiando las dos figuras situadas del otro lado de la tetera! ¡Y yo sin los oídos apropiados para oírlas, muerto en medio de la polícroma humanidad!’.- F. Pessoa del Libro del desasosiego, entrada 368, pág. 376