(del pasado) lunes de desasosiego (obligado) / día 83

por luciayciula

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Van 83 días desde que estoy en este lugar. No los había contado hasta hoy. El número 83 es también el año en el que nací.

                  Mi familia me dio la oportunidad de cursar la Universidad, de ahí en adelante mi vida pasaría a ser mía. Independiente en lo económico podría tomar mis decisiones e iniciativas. Cuando salí de la universidad, mi trabajo era idéntico al vivido estos últimos 83 días, aunque en aquel entonces yo era 6 años más joven y vivía en Monterrey. Ante el ofrecimiento de renovar mi contrato dije que no y volví a Mexicali. Recuerdo haber acelerado a la salida del gran estacionamiento mientras decía en voz alta so long suckers.

                  Ahora estoy de regreso en un corporativo, en una cubículo, en pantalón caqui, zapatos negros y blusa de botones. Cargo una bolsa grande para traer la lonchera que contiene dos refractarios, uno con el desayuno, el otro con la comida. A la entrada registro nombre, hora y firma. Tengo sesenta minutos para comer. Y a la salida me despido con un forzado y falso hasta mañana. Antes de estos tres meses no sabía qué iba a hacer al día siguiente. Hoy te paso el itinerario de todas las semanas por el resto de mi vida (hasta que encuentre un plan b o alguien me haga el favor de atropellarme en el camino). Siempre hay un hasta mañana, y el viernes se sustituye por un hasta el lunes.

                  Si me preguntas en qué trabajas, respondo que en una oficina. Si insistes con saber de qué, es cuando comienzo a balbucear, me molesto y excuso por ser una ‘godínez’. No quiero hablar de mi trabajo, alego. No me interesa mi trabajo, aseguro. Me presento, hago lo que tengo que hacer, me pagan y listo. Si estoy en un bar, esta conversación suele llevarme (en el pensamiento) de vuelta a las paredes de tela gris, a los ‘topers’ y loncheras, a los falsos buenos días y caras largas que se arrastran como los pantalones dockers (sin bastilla).

                  Alguna vez navegué por la página ‘orgullo godínez’, he escuchado los comentarios burlones, los he hecho, los sigo haciendo. Después observo a los directores y dueño de estos corporativos y pienso ¿Por qué ellos no son un estereotipo?

                  En las primeras semanas de trabajo sentí que mi cerebro era un hámster recién ingresado a la jaula. Busqué páginas y lecturas en internet para evadir mi realidad, las leí hasta terminar. Cuando tenía tiempo libre apenas y leía algún artículo. El hámster iba de un lado a otro antes de subirse a la rueda giratoria y correr hasta el cansancio. Después me escribí un diario a mi estilo pero tipo Bernardo Soares (personaje-narrador del Libro del Desasosiego), quien fue un Godínez silencioso, genio acertado; maestro del desasosiego. Yo no tengo ese temple de carácter aunado a una gran sensibilidad, por lo que me deprimí hondo, dos veces me levanté a encerrarme en el baño hasta que se me pasó el ataque de ansiedad y tristeza.

                  Hoy lunes fui la primera en llegar a la oficina, saludé al guardia con buenos días, me senté a leer el periódico, y comencé a escribir esto. Pretendo seguir cada siete días. Estoy en busca de redención, no la mía o también, pero busco encontrar teorías de la existencia de cada Godínez, y de cómo comenzó y ha crecido este universo. Me develo como espía, vuelvo a este lugar a observar y a observarme mientras ingenio el plan b o soy arrollada, o me decido a ser una orgullosa Godínez que celebra su ascenso de puesto con una botella de ron en viernes de quincena, para entonces todos recibirán una invitación (or meeting request) vía outlook.

“Estoy solo en el mundo. Ver es ser distante. Ver claro es detenerse. Analizar es ser extranjero. Todo el mundo pasa sin rozarme”.- F. Pessoa, Entrada 83. Libro del desasosiego