(del pasado) lunes de desasosiego obligado / ¿quién dejó entrar a esa godín al Corona?

por luciayciula

Corona Capital 2013

El sábado temprano despertó cruda y cansada, no es el mejor inicio para pasar diez horas caminando en un lugar donde no te quieres perder de nada. Los Dandy Warhols fue la primera impresión del Corona, un buen comienzo. El cansancio o el porro o la búsqueda de la siguiente cheve la llevaron a separarse del grupo con el que iba.

El alma zarpó y vagó sola entre el pasto, el porro, el sol, la chela, el cielo y las nubes en ese punto perfecto para dar sombra. Incluyéndose en la procesión de personas que se dirige al siguiente escenario. Dos canciones de prueba y quedarse o seguir.

Lejos de ser una persona con buen gusto musical o conocedora, su oído fue criado en las calles, ha probado de todo y se ha quedado con poco. Siguió White Lies y meh. Llegó a Imagine Dragons y nel, una explosión de chicle bubaló que la envolvió en lo azucarado de aquella música rosa la llevó a la huida. Se tomó una cerveza en el camino a lo siguiente y el empalago cedió.

Había escuchado de Dinosaur Jr. dos días atrás, y ahora parada frente al ruco de pelo largo cano que se movía arrullando su guitarra mientras reproducía el ronco aullido de una generación pasada, sintió el vibrar de una voz y cuerdas sin pretensiones de exhibición.

Pisó la carpa electrónica para asegurarse que era el último lugar donde quería estar, llegó con Phoenix. La alegría momentánea, el encuentro con otros amigos, y con las memorias de la Universidad. El último recuerdo de ese sábado fue la voz de Blondie como un eco.

Partió del Corona junto con tres amigos en una vespa. La moto: parte del mobiliario de las famosas empanadas en la calle Nuevo León de la Condesa. El conductor: con dos tachas arriba y sin casco. Los otros tres intentando hacer de sus traseros uno e intercalando cascos. El exceso de cansancio como aliciente para aceptar el aventón kamikaze. En el transcurso del eje 3 admiró a la ciudad dormida en la madrugada de domingo por primera vez antes que ella.

Despertó. Día dos. Regadera. Medio sándwich y una cerveza. Entra al metro, vagón y la otra mitad del sándwich. Saliendo al largo trayecto gris rumbo al escenario. Primera rola de The Black Angels, la primera cerveza (corona, ni modo es su festival). Los pipazos, el pasto. Las nubes y el sol. Dios nos da otro día tan bonito para drogarnos y escuchar buena música. Un receso refugio baja las lonas de venta de cerveza.

Gary Clark Jr., y a bailar. Na’ no será el nuevo Hendrix como dicen –esto lo piensa– pero está bueno y continúa bailando. Brincar junto a su mejor amiga con Jimmy Eat World para volver a la prepa que la amiga vivió (no la de ella porque era más vieja y más fresa para esa música). Capital Cities y su show L.A. style, conquistando a un público conquistable en todo aquello que no tiene que ver con música. Parafernalia pues. Para los que dicen que los jóvenes ya no bailan en este momento ella los vio bailar.

El proceder hacia Vampire Weekend. Una horda de gente que entra, otra que sale. Empujones y qué-es-tá-pasando: nada pero no empieza. Más porro y comienza. Bailemos bailando. Los Artic Monkeys y a seguir con la estimulación. Sentir por sentir. Sentir para no sentir: lo indeseable, el miedo o el fin.

Las reinas de la noche, Queens of the Stone Age. Su cara que se expande en una sonrisa continua y regresa, como un acordeón, el cuerpo en movimiento, como epiléptica ya nadie puede bailar bien qué-no-se-hagan, y toda el alma ondeando con el viento como la bandera de México puesta en lo alto de ese escenario. Una vez que fluyes hay que seguir fluyendo.

Y así la bajadita por el resbaladero hacia el fin de este encuentro-festival, pasando por el largo interminable tramo trayecto camino eterno de concreto hasta el metro. Y todos dentro de los vagones como cuerpos después del orgasmo. Stop. Escaleras arriba. Tres cuatro, cuadras son demasiadas caminando. Taxi, depa, baño, fuera las botas que jamás llegarán a la oficina y tal vez vuelvan en un año. Un meterse entre las sábanas qué rico. Mañana es lunes qué chingados le importa.

Cerrar los ojos mientras todas las sensaciones son una: el sol en los hombros como espuma, las burbujas de la chela en la garganta, en la garganta el picor de la mota, la pupila que se dilata y te delata, la paleta de tamarindo enfriando tu boca, el frío que llega con el aire de otoño mientras el sol dice so long suckers, la sal de los doritos en la punta de la lengua, las lenguas en el beso largo de un par de pubertos, el revolcarse en el pasto de un par de homosexuales hermosos, la belleza de niñas que se trepan a los hombros de otros volviendo de dos un cuerpo centauro para zangolotear sus brazos, las carcajadas y gritos, los que se desprenden de la masa como estrella fugaz hasta apagarse, los que corren hacia la masa revolviendo la marea. Todos y todo. La música que continúa mientras ella ya sueña. A ver ¿Quién dejó entrar a esa godín? Se le va a hacer costumbre eso de disfrutar.

“Así era todo para mí antes de pensarlo. Y si lo escribo hoy, es porque lo recuerdo. El otoño que ahora tengo es el otoño que perdí.” F. Pessoa del Libro del Desasosiego