y la tristeza

por luciayciula

Este es el tercer escrito que hago sobre la tristeza. ¿Cómo atrapar el viento? Quiero ser honesta pero no puedo. Mi ego se ríe de mí. Quiero matarlo.

Lunes en la mañana, iba a escribir sobre tema 1, me escucho y digo no es cierto, no es lo que siento. Iba a escribir sobre tema 2 pero tuve una entrevista de trabajo por skype, tuve que irme al trabajo, se descompuso el aire acondicionado, llegaron los técnicos, y después ni pensé y ya estaba corriendo, sudando, me bañé, me quedé leyendo un texto hasta terminarlo, y me marcaron para ir a comer, es martes, miércoles. ¿Jueves? Me quedo pensando en la propuesta de trabajo, esclava por amor al arte, sonrío en silencio para decirles que los idiotas son los otros, para esconder que no soy yo. Jueves, volviendo al tema 2 decidí que escribiría del 1 hasta que me cogió la tristeza. Me jaló de la silla, me aventó sobre la barra de la cocina, empujando la computadora y el cuaderno, que se cayó al suelo, y sin acariciarme, sin darme un beso, sin verme a los ojos, la tristeza comenzó a cogerme. Ella encima de mí, ella detrás de mí, ella jalándome del cabello mientras me penetraba cada vez más fuerte y más adentro. Nada, no podía pensar en nada. Solo sentí lo que sentía hasta que me solté llorando. Dejarme coger hasta correrme, hasta terminar llorándolo todo. Lo lindo y no tan lindo… Se quedó conmigo hasta después de haberme cogido. Quise comer algo, quise terminarme el café, pero dejé todo ahí y comencé a escribir lo que sentía, queriéndomela coger yo a ella.

Descartes escribió que decidió estar solo y en reposo para lo que llamó la destrucción sistémica de sus opiniones. ¿Será eso el carnaval de esto? Sobre el escenario de las avenidas imaginarias de mi ser veo a mis emociones, sentimientos y pensamientos cruzarse, mientras se pican la panza, se sacan el dedo, se saludan o se ignoran, se dan un zape, se sonríen o se gritan. Los pensamientos son los más trolleados, las emociones son las bullys de este teatro.

Cuando estudiaba la maestría, Gabriel nos habló de que los estoicos consideraban que la tristeza era la única emoción que no podía ‘controlarse’ ni evitarse, nos dijo que antes se creía que era una enfermedad que se segregaba en el bazo, la llamaban melancolía, y se curaba recetándole paseos y dietas especiales a quienes sufrían de ella.

La tristeza no llega sola, viene con coraje o con angustia, con una entrega desmedida (desesperación), con ironía o con risas. Platicando con J, le conté que había tenido un periodo de tristeza prolongada, en donde visité a terapeutas y hasta algún chamán, buscando una ‘salida’ a esa tormenta que me arrastraba o yo arrastraba. “Uh, pensé que eras una mujer fuerte”, me dijo J. Un putazo en la cara, se lo di en mi imaginación, mientras le sonreía pensando cuéntame qué es eso de ser fuerte, idiota. Aunque tampoco puedo decir que la tristeza se tenga que vivir de alguna manera. Que si algunos lloran y otros no, no significa que estén negando estar tristes. ¿Qué es eso de ser fuerte? He decidido no enfilarme para el casting de los malabares que fingen estabilidad, tranquilidad y serenidad. A la chingada con eso de aparentar. ¿La serenidad? No quiero aparentar nada. Si acepto lo que siento puedo transformarlo hasta llegar a esa susodicha serenidad. Aún en la tristeza se puede crear un puente con los pedazos que ahí quedaron de la revolución que se gestó dentro. Para mí los débiles son lo que no quieren sentir lo que sienten, ni ser las personas que son; los que se la pasan negándose y negándolo todo.

Estoy escribiendo sobre el cadáver de una sensación. Porque el día siempre comienza y luego termina, y las sensaciones también. ¿Cómo atrapar el viento? Era lunes, fue martes, se convirtió en miércoles, y llegó el jueves. Es viernes. Me quedé con unos cuantos souvenirs de estos vientos fantasmas:

Como la imagen de los gatos salvajes (papá e hijos) que viven en el jardín de la casa de mi mamá, que se la pasan dormidos sobre la tierra mojada.

La mirada de la adolescente del orfanato que me dijo que la felicitara por su cumpleaños, y a la que le contesté como una idiota “espero que lo disfrutes”, mientras ella sonrió de vuelta.

Madre e hija paradas afuera del oxxo, una en una esquina, la otra recargada en el vidrio, las dos entrando a canjear los cupones “rasca y gana”, la madre diciendo con los labios torcidos “no me hiciste ganar nada”, usando un vestido de lycra rojo, con el cuerpo abultado y el cabello desteñido, rascando cupón tras cupón, con lentes oscuros. La hija delgadita esperando, su cuerpo sobre el mostrador, con los dedos de un pie afuera de la chancla, tres uñas pintadas de naranja, acomodándose el short que le quedaba grande, cubriéndose la mirada con el cabello, terminando de pagar más cupones.

La cajera del oxxo señalándome que sigo mientras veo entrar a una niña muy alta a la tienda, repitiendo frases en voz alta, con la cabeza deforme, con unos pants negros que dejaban ver sus tobillos, el padre detrás de ella siguiéndola.

Salí de la tienda y dos hombres sentados sobre sus bicicletas debajo de la sombra, los dos con camisa de cuadros, gorra y jeans, uno sin dientes diciéndole al otro “no le dijeron nada… porque viste que no le dijeron nada… nada”.

Y desde la ventana del carro la niña detrás del cristal con tres paquetes de galletas en los brazos y un bote de leche con chocolate, sosteniéndolo todo como si fueran muñecos de peluche, acercándose a las revistas, tomando una de ellas para enseñársela al papá, el papá hojeándola.

Di reversa y comencé a avanzar, jueves o lunes o viernes. ¿Cómo se atrapa el viento? ¿Cómo se atrapa lo que siento?

El agua inmóvil de un charco en la sombra que refleja las hojas de las palmeras que se mueven con el viento ligero del otro lado de la calle.

Las pecas de las manos de una terapeuta que sigue trabajando a sus 75 años.

Los ojos de J cuando comienzan a achinarse porque está a punto de reírse.

El olor de los espárragos  que venden en los cruceros de esta ciudad, aunque la temperatura alcance los 47 grados. La jovencita que hace malabares en ese crucero que ya ni pide a los automóviles dinero, que no deja de sudar.

Y la tristeza ahí, fantasma pero despierta. Rumiando la realidad, sosteniéndose de una nube, de una mirada, de un edificio que se cae o de la sombra. Disolviéndose, transformándose, convirtiéndose en la realidad.