gracias a los otros

por luciayciula

“Yo soy una cosa que piensa, esto es, una cosa que duda, afirma, niega, que sabe poco e ignora mucho, que desea, que rechaza y aun que imagina y siente. Porque, en efecto, he comprobado que por más que lo que siento y lo que imagino no tenga quizás existencia fuera de mí, estoy seguro, de que esos modos de pensar que llamo sentimientos e imaginaciones, existen en mí en tanto son solamente modos de pensar.” 
-Descartes 

 

I. La salida sin puerto. Salí del trabajo pensando que quiero que la vida me pegue, me volteé, me aviente. Cuando no quiero pasa, y cuando pasa, no quiero. Insisto quiero dejar de pensar. Así andaba porque así ando desde que me despierto y me doy cuenta de que estoy despierta. Pero esta vez estaba saliendo del trabajo, iba en el carro, hice una llamada sin usar audífonos, lo dejé en alta voz, comencé a discutir con la persona con la que hablaba, un policía me vio hablando y me detuvo, colgué, abrí la ventana, negué tres veces que venía hablando, estaba muy enojada y él se enojaba más porque le negaba en su cara lo que había visto, insistió pidiéndome los documentos, insistí que no venía haciendo nada, repitió que todo lo que yo decía podía resolverlo frente al juez calificador, repetí que se trataba de mi tiempo. Cuando el poli estaba comenzando a llenar la multa con mis datos, le dije que esa mañana había visto el titular del periódico anunciando más inseguridad y delitos, “pero por supuesto lo importante es detener a una persona que posiblemente venía hablando por el celular”, el oficial me regresó mi licencia. Oh. Gané pero perdí. Lo vi en su cara y lo sentí en la mía. Avancé hasta adentrarme al estacionamiento del supermercado, me quedé pensando ¿Usé mi creatividad para convertirla en arrogancia para humillar al otro para defender mi estupidez? Eso hice. Eso fue lo que hice.

Por la ruta de la intolerancia hacia mí misma usé el conocimiento como un arma “a favor de mí” pero en su contra, gané pero perdí. Gané arrogancia, perdí humildad. Perdí la oportunidad de mostrarle que somos iguales, que somos lo mismo y que ese día buscaba un poco de compasión. Ganó la ignorancia, avanzó el cuadrito negro, y el berrinche me llevó a un socavón. Confirmo que creamos socavones con nuestra estupidez.

Llegar a las cosas por medio de lo que crees de las cosas y nada de lo que es. Menos yo. Este pastiche que llamo yo es todo lo que cubre lo que sí soy, eso que tengo miedo de descubrir, que mientras descubro no tengo nada que decir menos que hacer. El apego más grande que existe es el apego al yo. Creyendo que soy eso que digo ser me imposibilito a ser lo que verdaderamente soy. Fin. Game over. Mejor siempre no.

Stendhal o Flaubert estarían completamente agradecidos por estar en el lugar en el que estoy, conociendo este alrededor, a las personas en el camino, hubieran creado otra novela perfecta como Rojo y Negro o Madame Bovary. Serían capaces de ver a los personajes siendo personas. ¿Cómo sentir la poesía y la verdad de la realidad? ¿Cómo soltar? ¿Encontrar qué? ¿Cómo te sales de tu propio personaje para verlo todo? ¿Cómo transformas un chisme en historia? ¿Cómo lo aceptas todo tal y como es? ¿Cómo ver a través de lo que no es? Las cosas como son.

II. La llegada a un desconocido puerto. Hace una semana (ahora se hicieron dos) conocí a Fili, el guardia que custodiaba la puerta de una cervecería de esta ciudad de cielo y polvo. Vestido con el uniforme, pantalón negro, camisa roja de manga larga, gorra negra, botas y un cinto que compartía con el guardia del primer turno de ese mismo puesto. Fili, de cabeza redonda, panza abultada, nariz grande, piel rosada y ojos azules. Caminaba con calma desde la esquina de esa cuadra hasta alcanzar la puerta donde hacían el cambio de cinturón. Su compañero siempre se preguntaba una hora antes de la llegada de Fili si éste iba a llegar, Fili siempre llegaba, ocupando el puesto media hora antes. Ambos cubrían el día entero, cada uno 12 horas, me parece que ganaban 200 pesos al día, no estoy segura. Fili tenía un mes trabajando sin un día de descanso, decía que no tenía caso descansar pues terminaba por gastarse el poco dinero que ganaba. Anteriormente había sido albañil y le gustaba tomar, pero ya tenía tiempo que no se le antojaba, desde que se había convertido en guardia, decía que la esposa del jefe, y no el jefe, era la brava. Fili y yo estuvimos dos días en la misma puerta ¿Viendo lo mismo? Me contó que por fin había pedido un día de descanso pero no lo podían resolver nada, que nunca había faltado, se le ocurrió querer un día de descanso, y luego se le cruzó por la cabeza ir visitar a su mamá en ese día libre, me preguntó qué calle daba directo desde la puerta de la cervecería hasta la Plaza Cachanilla, le contesté que no sabía pero luego busqué en mi celular y le mostré el mapa, contó las cuadras varias veces, lo repitió hasta imaginárselo con claridad. Me vio tomarle varias fotos al edificio de enfrente, antes de que comenzaran a llegar los clientes, después de varios intentos me dijo que si qué tanta foto tomaba. Le dije que me gustaba el edificio destruido porque se podía ver a través de las paredes. “Los detalles”, dijo él. Por momentos Fili hacía mi trabajo de hostess y recibía a los clientes diciéndoles buenas tardes o noches con más ánimo del que yo mostraba, me quedaba callada y solo sonreía al gesto. ¿Dónde estaba Stendhal o Flaubert para volver a Fili un héroe de sus historias? Sin modificarle nada, ya era un personaje completo. Contó varias veces cómo es que había logrado captar a una pareja de clientes que habían metido botes de cerveza y él se los había confiscado. También me platicó de la vez que uno de sus compas con los que trabajaba en la construcción se le quiso acercar insinuándole querer algo más, me lo platicó después de haber visto una mesa con un grupo de gays, porque yo andaba buscando a uno para entregarle su tarjeta de crédito, “¿al de los shortcitos remangados?”, me preguntó Fili. Ése mero. Y finalmente cuando llegó uno de los clientes vestido con camisa roja de manga larga y pantalón negro, y volteamos los dos para verlo caminar desde la esquina hasta la puerta, Fili me dijo “ahí viene mi relevo”.

III. Karma police arrest (myself). Lo que pienso es tan real como lo que veo, porque toda habita mi imaginación. Toque lo que toco, tocar significa que sigue en mí la capacidad de sentir, y luego digo que son texturas, pero no porque lo sean sino porque así me han dicho que las llame, y ya las llamo así porque existen en ese momento como un llamado en relación con mi sentir, una necesidad de comprobarlo. El policía me dejó ir, “anda pinche loca ve y busca y  a ver si encuentras”. Y Fili me recibió del otro lado de la angustia. Gracias a los otros: chinga tu madre yo.