yo ya me había curado de esto

 

Soñé con mi tío D, estábamos encerrados en un cuarto blanco, era como una cárcel moderna, cada vez que nos movíamos nos echaban ácido con una manguera; luego nos lanzaron fuego, quemándonos el cuerpo, pero terminamos sobreviviendo.

Mi tío D es adicto, de todos los hermanos es el único que no vive en esta ciudad, algo me dice que así terminó siendo el acuerdo. Lo querían lejos, y él buscó quedarse en otra parte; así “no estorba”, “no molesta” y “no es una carga”; porque es el rebelde que no ha logrado cumplir con el deber.

Platicando con mi ex por mensajes y correo, leí que usó la palabra éxito, porque ha conseguido lo que tiene gracias a su disciplina, se levanta desde las 4 am, hace dos horas de ejercicio, se duerme temprano; después de diez años con esta rutina, alcanzó un puesto directivo y gana como 130 mil pesos*, se compró una casa, y vive bien. Yo le he escrito que fracasé, vivo otra vez en casa de mi mamá, trabajo en la asociación que fundó mi abuela, gano 7 mil pesos, me pongo nerviosa con cualquier gasto inesperado. Comencé a irme al trabajo en bici, así no me acabo la gasolina tan rápido, también porque me gusta pedalear. En el discurso de mi ex y en el mío, usamos las palabras que el sistema nos ha dictado: éxito para él, que cumplió con el deber; fracaso para mí, la que se arriesgó a vivir otras cosas y cumplió con ninguno de los caminos socialmente asignados.

Vuelvo a pensar en que no quiero estar viva, más que pensar en eso, pienso en que estoy pensando en eso, y hasta me despierto a las 3 de la mañana diciendo “yo ya me había curado de esto”. Desde niña se me metió a la cabeza, la idea de que era mejor estar muerta, en lugar de ser testigo de esta realidad. No me da miedo escribir de esto, ni hablarlo, tampoco me da pena; pero no sé por qué lo hago, supongo que para no lastimarme.

Por un tiempo estuve obsesionada con el suicidio, leí un ensayo que escribió un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, que años después de haber salido de los campos de concentración y de haber sobrevivido, decidió matarse. Busqué la biografía de varios artistas suicidas; pregunté detalles sobre personas que conocí, y supe que se habían matado. En mi Universidad, una compañera se dio un balazo en la azotea de la casa de su abuela; después supe que Juan Pablo, uno que hacía el carpool con una de mis roomies, se ahorcó en su clóset con una corbata. Hace unos años me enteré de que Katia ingirió ácido muriático, era la tercera vez que lo intentaba; y hace unos meses supe que el Pedro, uno que había sido el líder de una bolita de mis amigos de infancia, también se había dado un tiro. Creo que la diferencia entre ellos y los que nomás lo pensamos, es un instante, aunque toma tiempo llegar a ese instante; es un pensamiento obsesivo el que te asegura, y te repite, que estás mejor en otro lugar que no es este. “¿Y si no es tan terrible la muerte?”, los suicidas se atreven a preguntárselo. Es un acto de rebeldía que materializa el dolor que todos compartimos por estar vivos.

Cuando tenía como trece años, estaba jugando en los cuartos vacíos de la casa de mi abuela, y encontré una caja de cartas de mi tío D. Entre todas las que había, me llamó la atención una, era una carta de despedida, en ella hablaba de que era incapaz de cumplir con las expectativas de los demás, sobre que se sentía culpable y triste; la terminé de leer rápido, no sabía que me estaba enterando de algo que compartíamos, la guardé en la caja y nunca dije nada.

Sé que los programas de rehabilitación se enfocan a que los adictos dejen las drogas, pero, ¿se habla y se comparten ‘mecanismos’, sobre cómo enfrentarse a la falta de ganas de estar vivo?

No hace tanto tiempo me enamoré de un adicto. Mi acercamiento hacia él fue porque sentía su entrega, sus ganas de vivir, e inmediatamente veía que buscaba la muerte. En este momento en el que lo conocí, creía que no era capaz de reconocer mis propios sentimientos, y que solo al acercarme a la muerte, me era posible tocarlos, sentirme.

Sigo buscando afuera lo que no he encontrado dentro, no sé lo que quiero, a veces siento que lo quiero todo, que cualquier vida me haría feliz, que puedo estar en donde sea y con quien sea. Después descubro que no quiero nada, que no estoy feliz con nadie, y en ningún lugar, que por eso renuncio a todo. Renuncio a querer vivir y a imaginar que es posible continuar. Como en toda enfermedad, como en el cáncer o en la gripa, ésta de querer estar muerta también encuentra cómo evolucionar, sin que te des cuenta, ya ha trasmutado, así que lo que toca es buscar e inventar una nueva cura.

bici-sombra.jpg

*La verdad es que no sé exactamente cuánto gana.(1)

(1) ya supe.

6 comentarios sobre “yo ya me había curado de esto

  1. “I went to the worst of bars hoping to get killed, but all I could do was to get drunk again.”
    – Charles Bukowski

    Algunas veces, quizás más de las debidas, vivir se siente como un acto de valor, o de audacia.

    Pero también es cierto que muchas veces no. Como cuando me levanto muy temprano y veo brillar el sol detrás de las ramas del olivo, o cuando estoy a punto de irme a dormir y veo la luna reflejar entre las casas de los vecinos.

    Como si el simple hecho de ser testigo de lo que pasa en el mundo fuera suficiente.

    Y quizás lo que más me detiene aquí, es la curiosidad por saber cómo seré (yo) al final de mis años.

  2. Durante la infancia o adolescencia vi una película de la que recuerdo la linea “Existen dos tipos de personas, los que suicidan y los que no”, me impactó y creo que desde ese momento quería clasificarme. En varios momentos difíciles de la vida puedes llegar a saturarte y querer tomar una salida que suena rápida, pero creo que no es necesario. Si tienes salud todavía tienes tiempo para seguir disfrutando la vida, inventando que hacer y cómo hacer dinero, todo al mismo tiempo siempre buscando ser feliz, aun no puedes decir que fracasaste.

    1. La frase de la película es muy buena, parece simple pero ahí lo dice todo. Con respecto a la salud, tienes toda la razón, me cuesta disfrutar la vida, se debe a las expectativas e ilusiones que puedo llegar a hacerme. También es verdad que no puedo decir que he fracasado, pero por instantes eso es lo que siento, al sentir que no quiero estar viva, siento una forma de fracaso; por fortuna es momentáneo… Gracias por leer y comentar, Tavo 🙂

  3. La cuestión es que nunca vamos a estar a la altura de las expectativas que los otros ponen sobre nosotros. Lo que importa es estar preparado para reconocer las propias y, en lo posible, cumplirlas. Y, en el camino, bajar la ansiedad.
    Nadie pidió nacer, es cierto, pero tampoco podemos pedir morir todos.

    Saludos,

    J.

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