Cecy y mi primer trabajo

Mi primer trabajo fue en una cafetería en Monterrey, tenía 19 años y era mesera mientras estudiaba la carrera de comunicación. El lugar, que-ahorita-no-recuerdo-su-nombre, era un negocio familiar donde los dueños eran una pareja de regiomontanos de unos 60 años que tenían un hijo de unos 30, que era fan del equipo de fútbol Tigres de esa ciudad.

El café se mantenía solo, su popularidad residía en lo acogedor del ambiente, el lugar estaba contiguo a la casa de esa familia, un patio lleno de plantas entre paredes de madera; no se notaba que era parte de la casa, pero lo era. Las mesas casi siempre estaban llenas lo cual dejaba poco tiempo para que las empleadas pudiéramos platicar, aún así nos las arreglábamos y entre órdenes nos relatábamos todos los detalles de nuestras jóvenes vidas amorosas. En aquel entonces yo no tomaba café y nunca supe si el café estaba rico. Las malteadas eran muy populares pero me decepcionó haber visto la sustitución de la nieve por el uso de un polvo, como en el sistema Starbucks, pero en aquel entonces no había aparecido Starbucks todavía. El café te llevaba a sentirte parte de una ciudad que había sido pequeña no hace mucho tiempo, un rincón en el cual podías refugiarte. Un par de clientes siempre pedían lo mismo, con la cabeza me hacían una señal: un café con miel de abeja para el motociclista, un té de hierbabuena y un bagel con queso crema y salmón para el viejito.

Se podía decir que yo no necesitaba trabajar, pero quería vivir otra realidad que la de sólo ser estudiante en una ciudad desconocida. Acudía a una escuela fresísima en donde nunca me sentí parte de ningún grupo de amigos o amigas aunque anduve rondando por varios. En la tele de la casa de asistencia donde vivía veíamos la serie norteamericana de Friends, y pensaba que tenía un trabajo como el del personaje de Rachel.

Lo más importante de esta experiencia fue haber conocido a Cecy, era cinco años menor que yo, nunca más la he vuelto a ver ni he sabido de ella, ni con la existencia de facebook. Era la más rápida para preparar los pedidos, y cuando recién había ingresado a trabajar ahí le caía gorda. Cecy vivía en una colonia sin pavimentación en una de las delegaciones a las orillas de la ciudad, tenía un segundo trabajo en donde limpiaba la oficina y casa de un arquitecto gay, me platicó que el arquitecto dejaba olvidadas las bachas de mariguana y tirados condones en el piso. Nos resultaba un personaje exótico al que nunca conocí en persona pero de quien presentíamos cierta soledad y mucho éxito.

La familia de Cecy vivía en una situación de verdadera pobreza. La mamá los había sacado adelante trabajando en lo que fuera (lavando ropa o haciendo la limpieza de hogares), después tuvo una relación con un hombre que les quemó la casa por loco y borracho, se mudaron a una construcción en obra negra. Conocí esa casa en el cumpleaños de Cecy, era de dos pisos, pero el segundo no estaba terminado. Subimos al techo, o al “segundo piso”, a escuchar música desde una grabadora y a bailar. Destellaban con claridad las estrellas en el cielo, no había luna. Cecy era muy delgadita pero nalgona, muy morena, de labios carnosos, ojos pequeños y muy juntos, pelo negro brilloso. La recuerdo sonriendo frente a la luz de las velas del pastel que su mamá le había comprado. Tuve que quedarme a dormir porque ya era muy tarde y no había posibilidad de conseguirme un taxi. Me acosté junto a todos los hermanos y hermanas, éramos ocho durmiendo en la misma cama, a mi lado estaba Cecy y después sus seis hermanos y hermanas de todas las edades, escuchaba la respiración entre los sonidos de un cooler que aventaba aire con brisa, que según yo dejaba el ambiente más sofocado que fresco. Después de varias horas de estarlo intentando me levanté porque no podía dormir. Salí del cuarto para asomarme por las escaleras de concreto al pedazo de cielo que desde el pasillo se veía. Sin querer levanté a la mamá y a su novio taxista que dormían en un sillón frente a las escaleras. Me hice como que no los había visto, volví a la cama, me acosté y finalmente me quedé dormida.

Mi primer trabajo fue haber conocido una realidad tan distinta a la mía, y luego darme cuenta que hay personas que llegan a ser tan importantes en tu vida para después no tener noticias de ellas nunca más.

4 comentarios sobre “Cecy y mi primer trabajo

    1. Hace unos años pasé todo el día con un grupo de hombres que trabajaba recogiendo la basura, me impresionó la ligereza de sus almas. Al mismo tiempo presentí que cuestionaban su “valor ante la sociedad” a partir de lo que hacían. No olvido la contradicción de emociones y sensaciones que estuvieron sucediendo a lo largo de ese día.

      Saludos, J.

      1. Trabajar con desperdicios te lleva a considerarte, o a pensarte, como parte de ellos. Es parte del problema que muchos no ven, o no saben ver.
        Gracias por la respuesta.

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