el abecé de mi voz

abecedé-color
imágenes por @barretobaldas

 

“Lo único que existe son palabras inexactas para designar algo exactamente.”
—Just Deleuze it

 

¿Por qué hablamos horrores de un final que no conocemos? ¿Por qué hacer de la locura una turbación? ¿Por qué los adultos no elogiamos la belleza de volvernos viejos? ¿No estamos hasta la madre de ser esclavos de las tragedias instauradas por el miedo a las dioses dictadores de una realidad de mierda? ¿No odiamos la ignorancia hacia nosotros mismos?

Anteriormente mi imaginación me llevaba a ser la víctima de una definición de “locura” que me había adjudicado, se trataba de un discurso autodestructivo, hasta que una yo, otra (myself), parte de esa misma imaginación, años después vino a rescatarme y me dijo que no era necesario:

Porque así es como hubiese terminado siendo una loca para siempre, no porque lo sea, sino porque así nos nombran y nos hemos autonombrado, en una suave y sutil ignorancia de nosotras mismas, con tal de pertenecer a los otros (de la manera que sea).

Por miedo a entregarnos a una versión distinta —que desconocemos— a esa esencia de estar vivas.

Por no saber nuestro nombre aceptamos el que nos dan, sumisas ante el sistema que “todo lo sabe” y sin embargo: nada, pues, ¿quién puede sentir paz en medio de una realidad caótica que llaman normalidad?

Interrumpiendo a mi inconsciente que se adelanta y toma la pluma, monopolizando el micrófono del karaoke de mi alma, le dije espérame tantito que sigue la nueva yo, a la que sí se le entiende:

Hay tantas cosas por descubrir, tan poca paciencia para hacerlo. El fantasma del tiempo es uno de los principales antagonistas de la belleza y su fragilidad, por eso es que “es horrible volverse viejo”, “es horrible la muerte” y también “estar loca”, aunque nuestra locura sea la vida en bruto —¿Quién es el cuerdo, bruto? Te pregunto— ¿El zombi que ha cercenado su potencia de vida hasta hacer de sí una automatizada forma? ¿Esa que responde al control social y a las necesidades del mercado del miedo? No me convence, porque en el silencio se escucha el grito de sus ojos que dice sálvenme quien sea.

A lo que voy es desde hace años estoy en una exploración de lo que alguna vez se supone era la locura, mi locura. Primero descubrí que se trataba de un mecanismo de defensa inconscientemente desarrollado, el cual evidenciaba a un alma atormentada materializándose en el cuerpo y en la mente, porque la imaginación y el poco conocimiento de mí misma me llevaba a ello. Es cuando te la crees, pues, cuando te dicen loca y dices pues sí, y luego hasta te autonombras: soy una loca. (“Ajá, muy bien, qué hueva”, contesta mi otra yo.)

Como cualquier ser humano he sentido una variedad de emociones, pero a diferencia de muchos, he dejado que hagan conmigo lo que quieran, pues creo que eso es estar viva. Sólo que el discurso que las definía era que no había de otra, con dicha sensibilidad y con la disposición de quererlo-sentir-todo y dejarme zangolotear por ello, mi destino era trágico y no había cómo escaparlo. Dejé que la angustia, la desesperación, la tristeza, la euforia o el odio me llevaran a desencadenar reacciones que significaban la destrucción y la realidad de mí misma. Pues creí que sí, que eso era lo que tenía que ser y así había de caminar todo el tiempo. Hasta que gracias a diversas lecturas (que entiendo pero no crean que entiendo) sentí que no necesariamente. Por fin.

El abecedé en una redefinición. He conocido que una misma palabra puede tener diversos significados, así decidí que la locura no era esa de la tragedia sino la única posibilidad de sobrevivir al sistema dictador que desea la destrucción del alma. Si alguna vez me habían etiquetado de bipolar, borderline, esquizofrénica o histérica, y leía los síntomas de dichas “enfermedades mentales”, mi imaginación sólo lograba dejarse caer hacia dichas reacciones provocando “una enfermedad aún más crónica”. Pero luego, jugando, viendo que “sobrevivía a dichas enfermedades”, fui encontrando otras definiciones para liberarme, usando las palabras a mi favor y no en mi contra. Y dije ok sí, si lo que tengo es es-qui-zo-fre-nia, pues la llamaré esquizofrenia aplicada, y me pondré a escuchar todas las voces de mi yo hasta que descubra aquella que me lleve a dirigir al resto (de mis yo’s). Y me encontró. La voz de una mujer que también soy yo, que logra limpiar el discurso de la tragedia, deshaciéndose de la locura destructora, dibujando una realidad y existencia medianamente posible. Una voz que tampoco es la del autómata que repite los axiomas estipulados por el control social: tengo que trabajar-voy a ponerme a dieta-es saludable hacer ejercicio-no hay que pensar mucho-hay que buscar la felicidad-y se compra con dinero: todas estas frases que también terminan apagando al alma (pero silenciosamente), y no logran ni verla (al alma).

También somos muchos los otros, los que nos negamos a perecer dentro de las celdas de no-hay-de-otra (más que ser parte de la masa que no se cuestiona), nos dicen enfermos y nos la creemos, hasta que te abres todavía más hacia la imaginación, y justo después de la nada, ahí cuando por fin vas saliendo del territorio de lo que no es: hay algo. Tu imaginación reivindicada.

Crear tu propio abecedario. Definir la palabra muerte, la palabra vejez, la palabra amor, la palabra miedo, la palabra locura, la palabra vida, la palabra amistad, la palabra amor (ya sé, estoy repitiendo, pero amor es la palabra que pudiera redefinirse en todo momento). Un diccionario que define(s) tu alma, que no permite al Hitler de los discursos preconcebidos decidir de lo que se habla con se trata de lo que estás experimentando.

Sí, todos los seres humanos somos iguales, sentimos las mismas pasiones, pero para sobrevivir a tales emociones y llegar a la vida-vida, no muertos en vida ni deseando la muerte, pudiéramos crear un diccionario de nuestra realidad: cuestionar, buscar, explorar, leer, andar entre las líneas de nuestra locura versus la locura de la que se habla, entre las líneas de nuestra angustia versus las expresiones sobre la angustia, entre las sombras de nuestro miedo versus el miedo del que se escribe, ¿una conclusión? ¿una síntesis? ¿una reelaboración? Llegar al puto y maldito autoconocimiento, reconociendo  y tomando de la realidad sólo lo necesario, de las teorías de los maestros del pensamiento (de los filósofos y autores que viven buscando redefinir TODA la realidad a favor de la humanidad) para nuestra liberación y nuestro conocimiento y con ello LA LIBERACIÓN Y EL CONOCIMIENTO DE TODOS.

Nota 1. La idea de crear mi propio abecedario deviene de haber “terminado” de leer Diálogos (Editorial Pre-Textos) de Gilles Deleuze y Claire Parnet, y pongo entre comillas que lo finalicé pues es un texto que no he de terminar de leer nunca. El libro me fue sugerido por Sonia, una de las mujeres más sabias que he conocido.

Nota 2. Gracias al Toro, quien fue el que tomó la fotos del abecedario con mi cuerpo; por su tiempo, caridad y habilidad. También a Jessica Sevilla porque por ella conocí la www de donde surgió la idea.

Nota 3. Creo que este texto está dedicado a una persona pero todavía no me animo a escribir su nombre.

Un comentario sobre “el abecé de mi voz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s