Del #yotambién al yo también puedo ser una bestia

medimastur-jardín

Hace unos meses #yotambién escribí algunas de mis experiencias de cuando he sido acosada sexualmente, tan pronto terminé el texto me quedé rumiando el contratexto. Porque eso pasa, escribes una cosa y te topas con otra. Pensé en que así como he sido acosada, he usado el sexo, o el hacerle creer al otro que vamos a coger para “obtener algo a cambio”.

La frase “Tres veces he visto a hombres que se están masturbando en la vía pública”, quedó resaltada dentro del diseño de la narración que había hecho en mi versión de #yotambién, ahora me parece revelador que de aquello que describí hubieran elegido esta cita para destacarla. Meses después de haber reflexionado, intentando varios y fallidos contratextos, reconozco que la masturbación ha sido una herramienta que utilizo, una práctica que me lleva a la exploración y a la catarsis, menguando parte de la sensación de angustia que a veces me resulta incontenible. Hay temporadas que me masturbo diario, sobretodo desde que llevo años sin pareja. No lo he hecho en las calles, pero alguna vez lo hice en el jardín de la casa de mi mamá.

Tal como lo escribió Claire Dederer en su artículo of Monstrous Men, al decir que señalar las “faltas de los otros” era más bien para distraerlos de las nuestras, me di cuenta que yo apuntaba hacia aquellos hombres que se masturbaban en la vía pública por mi similitud con ellos más que por mi extrañeza, por el terror que me daba verme en ese espejo, porque en ese momento en el cual lo escribí quería negar esa parte animal-sexual que también puede florecer en mí, y si me lo permito, llegar hasta la perversión.

El sexo es poder, las sutilezas de la seducción o la crueldad de la violencia pueden ser o no parte de ello, pero es poder. He usado mi coquetería para (tratar de) seducir a hombres y mujeres, para acercarme y “caerles bien”, para que me confiesen sus intimidades, conocer sus cuerpos y defectos, para pedirles algo a cambio (o no), para ser escuchada, para que me dejen en paz o para llamar su atención, para que “nunca se olviden de mí”. Una sarta de fantasías que creó mi ego y mi miedo a estar sola, casi siempre de manera inconsciente (pero después dándome cuenta), porque nunca sé bien por dónde estoy caminando, y esta también es una puñeta mental, pues finalmente, ¿quién está lleno de certezas?

Lo que sí es que he intentado cogerme a las personas que me gustan, que me intimidan y hasta a las que me molestan. La mayoría han sido hombres, creyendo que así los dejo bajo mi poder, y les “gano”. No me los he cogido a todos, con algunos sólo he coqueteado haciéndoles creer que quizás-tal-vez-algún-día me los voy a coger. Calentándoles las bolas. Diferentes circunstancias en mi vida y mi reflexión en torno a ellas habían posicionado al hombre como el enemigo, entonces me sentía muy chingona de cogérmelos. La estrategia funcionó hasta que dejó de funcionar. Porque de pronto tenía expectativas de que el encuentro no fuera por un instante sino que se prolongara, pero seguía tan al pie de la letra de mi mecanismo que me forzaba a volver a mi soledad, y no me permitía seguir conociendo a la persona de otra forma. Ni de presentarme frente a nadie más que detrás de esta máscara de seducción que ya me asqueaba. Finalmente la reclusión me ha llevado a suspender estas tácticas, y a rescatar la masturbación (o meditación) para saciar la ansiedad.

Tanto el #yotambién como la contraprotesta que pide que no caigamos en un retroceso en materia de liberación sexual nos hacen dudar. Por lo menos a mí. ¿Qué tanto nos conocemos? ¿Cómo actúa la comunidad en respuesta hacia la exposición de lo más íntimo de ciertos personajes y genios? El deseo y su camino hacia la perversión. Yo también fui acosada, una realidad que se expresó hasta al cansancio por las miles de mujeres que confesamos que se trataba de una cotidianidad. Pero yo también he sido una “bestia” que en no pocas ocasiones ha dejado surgir impulsos pudiendo fragmentar el alrededor. No soy Woody Allen, esto significa que mi repercusión está en proporción a mi milimétrico lugar en el mundo. Lo que a la mayoría pareció molestarle es que el genio sucumbió a su propio drama, volviéndose el antihéroe de una tragedia, en lugar de mantenerse al margen como el estoico autor de sus fantasías que pueden ser muy perversas, pero que mientras sólo sucedan en la ficción son aplaudidas, sin embargo cuando construye con ellas su realidad resulta en el enemigo de la sociedad.

Los seres humanos somos humanos por estas contradicciones dejándonos frente a la famosa pregunta de Nietzsche ¿Qué dosis de verdad puede soportar el hombre (y la mujer)? Me quedo pensando en que a raíz del desencadenamiento de todas las versiones de depravación que han sido presentadas ¿Qué proponemos como comunidad para encaminar y disipar estas fuerzas “bestiales”? Crear juicios y castigar a quien ha sucumbido al libertinaje es un mecanismo de una sociedad moralista que quiere “cercenar los instintos”, en lugar de trabajar por su evolución. Se me viene la tradición de cortarle el clítoris a una mujer de una tribu africana, para que no vuelva a desear a otro hombre más que a su esposo. ¿No es lo mismo? No, pero no creo que estemos encontrando una posibilidad a la altura de nuestro momento en la historia.

Sé que en lugar de masturbarme también puedo meditar llegando al mismo objetivo de reinstalar una sensación de equilibrio que logre disipar la desesperación. Quizás es sólo válido para mí, y aunque conozco esta otra herramienta, muchas veces y todavía termino por sucumbir al placer del orgasmo auto-inducido, que claro, no tiene por qué suceder en el jardín.

Hay prácticas que no se están explorando en las escuelas, recuerdo que en mis clases de Desarrollo Humano se hacía todo lo posible porque no profundizáramos en la sexualidad. Hay una insistencia de hacer de la educación algo que sólo sirva a las necesidades del mercado y a una idea moralista del bien común, en lugar de buscar el VERDADERO desarrollo humano. Cuando somos adultos también quedamos a la deriva de quienes manipulan los instintos. Pero existe la posibilidad de plantar la semilla del desengaño cuando impulsas a un niño o a una niña a conocerse y a detectar también su intuición. Continuamos creyendo que los niños son ingenuos porque no se comunican como los adultos, aunque sabemos que se dan cuenta de todo. Aquí es donde yo propondría el regreso a la premisa “conócete a ti mismo” desde niña-adolescente-joven-adulto, y nunca dejes de conocerte. Llevar a la sociedad al reconocimiento de los instintos y al desarrollo de la intuición, porque tendrá que suceder tarde o temprano, pero en una realidad que terminará en tu contra porque rápidamente la comunidad recurre al juicio y al castigo. A que la niñez no quede aislada en un burbuja de fantasía, a que los niños y las niñas vayan presintiendo desde antes las contradicciones que de todos modos terminarán asediándolos.

6 comentarios sobre “Del #yotambién al yo también puedo ser una bestia

  1. Brillante reflexión. Te felicito. Gracias por compartir algo tan delicado de manera sutil a la vez que abierta. Realista, sencilla y de forma natural sabes expresar una gran verdad. Realmente bestilaes tus palabras en todos los sentidos.
    Hace falta más espontaneidad y honestidad algo que valoro mucho. La verdad resulta impactante por si misma. Un besote

  2. Fascinante tu manera de escribir y describir. La honestidad con nosotros mismos es necesaria, pero de manera pública aun más. Ojala hubiera mas personas como tu y que esa valentía, esa firmeza, deje en el aire las preguntas que en definitiva todos terminamos haciéndonos.
    Has recordado la humanidad y falta de respeto de esta misma cuando decimos pertenecer a una sociedad.
    Nosotros la hacemos, la construimos, pero sin pensar, y sobre todo sin tener en cuenta lo que de verdad somos ante nosotros mismos. Al no respetarnos difícilmente podremos respetar a los demás. Empatizar como lo haces facilita la comprensión entre seres independientemente de su genero o condición sexual.
    Has tocado la llaga que durante siglos no cicatrizamos, sangra continuamente por nuestra falta de sinceridad y tu has desplegado la realidad y es algo que pesa mucho, es tan evidente que resulta, francamente muy difícil leer de manera abierta y de forma publica una reflexión como la que has hecho. Espiarnos es el principio, entendernos a nosotros mismos es entender mejor de que estamos hechos y porque. La autocrítica debería estar más extendida, menos callada, no silenciada en algunos temas como la sexualidad. Una realidad aplastante que agradezco enormemente.
    Un abrazo y no dejes de escribir. Lo que quieras, pero escribe desde donde lo haces porque esa realidad es el mayor tortazo a la sociedad que hemos creado.

    1. Muchas gracias, Félix. Me tardé meses en alcanzar esa “verdad”, y creo que en parte tuvo que ver que se generaron reacciones y expresiones públicas de la comunidad. Gracias por el ánimo.

      1. Gracias a ti por tu magnifica reflexión. Gracias por estar atenta a lo que te llega desde fuera y saber darle una salida, una explicación, tuya y sobre todo honesta. Un abrazo

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