toda letra del abecedario contiene una i

I

Toda letra contiene una i, y todo tiene un inicio. Aunque no siempre sucede al comienzo. Todo instante es la continuidad de otro instante y de otro, y otro, y otro. Despertamos los inicios y forzamos los finales.

A: albergamos recuerdos, creyendo que eso fue lo que pasó: nuestro pasado. Un par de letras i que se inclinan, un par de inicios que apoyan sus cabezas y se estrechan la mano formando un puente: anunciamos algo, anunciamos lo que estamos buscando.

B: buscamos siempre, una i que se curva y otra, y las dos sosteniéndose de un poste, una i erecta que sostiene la bienvenida, y la belleza, y la belleza de no saber nada. De agachar la cabeza por no saber, de levantar los hombros, de curvear el camino.

C: curva, una i curveada, un inicio que no ocurre recto, que no cierra: en donde algo cae, resbala y salta.

D: dos, para ser dos. Una i curveada que se aferra a la recta, porque la curva necesita a la recta, porque la recta desea a la curva, porque somos dos. Son dos. Así nos hemos definido, así nos defendemos, así podemos extendernos.

E: extendiéndonos, como si la i alargara sus ramas creciéndose, volviéndose e, extendiéndose. Haciendo equilibrio, siendo ecuánime. Elucubrando y elaborando desde el inicio hasta el final.

F: fin, ¿cuál es el fin? La continua pregunta. Necesitamos un final, un objetivo. Fingimos que deseamos estar vivos. Porque hay una fuerza que interpretamos como que es mejor que todo se acabe, creyendo que así termina el dolor de estar vivos. Creyendo en ese puto final. Esa fiera fulminante que se siente al centro del pecho. Ese furor indomable. Esa fragilidad constante. Esa agilidad probable…

G: genio, el que lo logre. El que pueda dejarse caer como agua surcando la tierra. Gurú y guía. Una i que se gira tantito, que se vuelve espiral a medias, que detiene su infinitud. Todo inicio es infinito.

I: infinito, repito. Todo inicio puede comenzar en el medio, o en otro final, puede continuar paralelamente. Camino y otro camino y todos los caminos ¿En cuántas posibilidades estamos sucediendo? La i está al centro del camino, en el medio. El inicio está al centro del trayecto. Es otro inicio, siempre es otro inicio.

El eterno retorno no es sólo volver al pozo al que siempre nos tiramos, no es sólo terminar en el lodo. Ni otra vez quemar las naves, no es la angustia eterna y la desesperanza que nunca termina. Es también la sutil ignorancia que te lleva a creer, y creer y crear, a ignorar y por lo tanto a insistir: i de insistir, i de ignorancia, i de ignición, i de inicio, i de ilusión.

El eterno retorno es también la eterna ilusión de que es posible tener otro inicio y otro y otro y otro y otro, es la intención de todos los inicios, ¿hasta el final? (O hasta un inicio que desconocemos del todo).

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