el juego que todos jugamos

j

El juego. Bajo las reglas del capitalismo: estar jodido, continuar jodido y ser un jodido por el resto de tus días es la gran muestra de humildad. Jitomate. Pero no te vuelvas un mendigo, porque serás una carga para todos. El truco es arreglártelas lo mejor posible para no estorbar al otro, pero seguir según esa perspectiva jodida en la cual te tiene el otro. Invisible y jodido.

El jugo. Si tienes dinero para comer y dormir, bien. Para una casa, un carro y algunas comidas fuera de casa, experiencias no tan pequeñas pero accesibles, bien, pero no tanto. Si tienes la oportunidad de vivir el entretenimiento más exclusivo, entonces se levantan las sospechas: ¿quién eres? ¿qué haces? ¿cómo lo haces? Si tienes lana para viajar, para comprarte ajuares de tu propio estilo (y no ropa de maquiladora), si puedes tomar café orgánico importado de África y extrañas verduras que quién sabe dónde se siembran, entonces no: ¿quién chingados crees que eres y qué estás pretendiendo? Eres un ser humano superficial, banal, eres un cartón con leche que seguro se está pudriendo, pretencioso y vacío.

Jodido. Hay que estar jodido y mantenerse jodido y seguir jodido, y desde esa jodidez implorar por ayuda, evidenciar la fragilidad pero tampoco volverse una carga para nadie. Arreglártelas solo pero continuar jodido.

Jauría. Lo que menos soporto de los chilangos, de los que viven en la Ciudad de México y se enganchan con la mierda de sobresalir y ser alguien y tener cada vez más: es su puta incapacidad por alegrarse por el otro. Aunque creo que la empatía es imposible, el que no te cale no lo es.

Si es un extraño: algo habrá hecho porque en realidad es un pendejo que nada merece y seguro consigue lo que consigue sólo con influencias.

Si es un conocido: sentimientos encontrados: pues algo sabes que su camino está plagado de cierto dolor y angustia, entonces ya le tocaba, pero no estás tan seguro o segura de que te da gusto.

Si es un amigo o una amiga: tu éxito es su éxito. Júbilo. Tal vez algo te beneficiará su nueva situación económica, política o social. O no, no te da gusto porque realmente no son tus amigos o tus amigos. (O estás pasando por una crisis en donde no puedes sentir alegría). O se te cae la torre del Jenga, y te sientas quedándote atrás: que lo que a ellos les beneficia, a ti te perjudica.

Jelengue. Las sospechas en cuanto al otro, tu miedo a la fragilidad y a ser humillado (¿no te estás humillando con tus pensamientos de mierda deseándole el fracaso a tus amigos o amigas o a quienes alguna vez lo fueron?, esto lo suscita Nietzsche).

No jalar. Les gustaría no darse cuenta, pero los supera el morbo, sienten amenazado su camino a sobresalir, porque han hecho las cosas distintas. ¿Y quién no? Y no, no es una características sólo del chilango, pero acá ese detalle del carácter nos arrasa a todos. Somos tantos los que vivimos en esta ciudad, que intentamos (una y otra vez putas intentamos a la verga vivir en esta ciudad), que se enreda la supuesta evidencia de que alguien nos quiere chingar con su felicidad o sus intentos de ser (¿¿¿¿¿¿??????).

Jaripeo. Para desenredar el maldito nudo en el estómago, el engrudo, me aguanto las ganas de sonreír, de no ver a nadie a los ojos, de gritar, de reaccionar. La autoasumida pendejez, y la sumisión, el traje de mártir antes que de Adelita: no tener nada, no querer tener nada, pero putas, callar las pinches voces de imaginar todos los sueños del mundo (Pessoa dixit). No andar volando con los ojos, no darle rienda suelta a la risa, o encerrarme de vuelta en una jaula.

Jaula. Soy una pesimista enjaulada, llevo la boca tapada con cinta aislante —que me aísla la desesperación y la angustia, yo estoy sintiendo el todos pero a la verga, no quiero nada—. Porque me da por quererme escapar de la jaula, arrancarme la cinta, morder los barrotes con mis dientes (aunque no sean de Hannibal), para ver si los pierdo, y quedo como la estúpida ilusa que intenta, o logro hacerme un hueco y salir: y gritar. Porque tengo la tendencia estúpida de aceptarlo todo como es hasta que me atraviesa.

El jale. (Los que más rechazan son los más intolerantes al rechazo: el verdadero jale de estar existiendo).

Júpiter. Hoy no estoy en ninguna parte, más que en el charco de un malestar que dejé crecer: por hacerme la juerte, estúpida: mente.

Jeta. Pero no quiero ni escaparme de la puta jaula, porque no creo que asumiéndome pesimista pueda sobrevivirme. Otros sí: no se cansan de repetirlo. Amargas uvas, leche caduca.

Jiji. Espero que nunca me venga el bien y termine sonriéndolo, que a todos les continúe dando gusto mi inmovilidad y mi incapacidad de hacer otra cosa que darme cuenta de lo que siento.

¿Justicia? ¿A quién le va lo suficientemente bien como para sentirse viviendo en un mundo justo?

Jiribilla. Prefiero callarme, aunque escriba, dejo ir estas palabras por lo pronto, aunque regresen, mientras tanto se van y caen al vacío (pero lejos).

Jabalí. “Mas, semejante al hocico del jabalí, mis palabras debe desgarrar el fondo de vuestras almas, reja de arado quiero ser para vosotros. Todos los secretos de vuestro fondo deben salir a la luz; y cuando vosotros yazgáis al sol hozados y destrozados, entonces también vuestra mentiras estará separada de vuestra verdad.” (Nietzsche). OJ Alá el puto hocico del jabalí de lo que leo termine guiándome por la verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s