el matrimonio y mientras

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Advertencia: en este texto cuento parte de una película rusa que se titula “Sin Amor”, si la vas a ver y te quieres sorprender: no me leas.

 

1

Este fin de semana que pasó fue la boda de mi hermano en Cancún. Y como suele suceder, en un pestañeo ya estaba de vuelta en la Ciudad de México pensando, ¿y ahora qué? Pero al continuar buscando lo que estoy buscando se me vienen los recuerdos : la cara de mi hermano cuando el juez le pidió unas palabras, y aunque se puso nervioso, su reacción fue un cómo de que no, (y me recordó al carácter de mi abuelo Andrés). Mi mamá, que se veía muy delgadita con su vestido blanco de flores azules, se la pasó sonriendo y bailando con quien estuviera en la pista. Mi papá habló de la historia del Principito y del amor en el brindis, aclarando que él era el menos indicado para el tema del amor, cuando con sus hijos, con los cuatro, ha sido sumamente entregado. Mi cuñada tan decidida y en paz en medio de tantas emociones, porque seguro nada de esto era como se lo había imaginado, pero lo abrazaba haciéndolo suyo y diciendo por qué no. Vi el mar de lejos, como contemplé con felicidad la felicidad de los otros. Y pensé que el siempre presente es siempre de mientras y se mueve como la marea. Y la mustia realidad acobardada y escondida en una esquina, esperando a que en mi discurso termine por encasillarlo todo, para que ella gane y entonces el dolor, la ansiedad, y todo lo que no es resurja como lo que es. Y yo mentándole la madre: por un mientras, déjanos en paz.

2

Vi una película rusa, se llama: “Sin Amor”. Relata la historia de Boris y Zhenia, los padres de Alexey, quienes se están divorciando. En la primera secuencia aparece una pareja de recién casados visitando el departamento de la rota pareja, para ver si lo compran. Durante las siguientes tomas, el hijo, Alexey, se la pasa llorando, pues aunque sus padres no le han dicho que van a divorciarse, él es testigo de las discusiones y las peleas, desde su cuarto o cuando está encerrado en el baño. Su llanto es desconsolador. El odio de la madre, Zhenia, invade por completo la atmósfera. La ausencia del padre, Boris, no genera ningún refugio para el hijo. Alexey sale una mañana hacia la escuela y nunca vuelve. Zhenia tiene una nueva pareja, un hombre de 47 años, de carácter maduro y elegante, con un departamento moderno, una camioneta BMW y quien está claramente enamorado de ella. Por su parte, Boris trabaja en una empresa como vendedor, a la hora de la comida indaga las políticas del corporativo con respecto a su caso: no hay hombres sin familia, no hay divorcios, no hay familias rotas. Sin embargo, tiene una nueva mujer, Masha, quien está embarazada, joven, rubia y muy bonita, quien está enamorada de él. Gracias a un compañero del trabajo, Boris se entera que uno de los empleados al tener problemas con su esposa, le pagó a unas personas para que fungieran como su familia en la fiesta de año nuevo, y luego, rápidamente, se hizo de una familia y la empresa ni lo notó. Tanto a Boris como a Zhenia les urge vender el departamento, ninguno quiere quedarse con Alexey, están desesperados por comenzar de nuevo cada quien por su lado. Incluso Zhenia tiene una adicción al celular, y se la pasa enfrascada en las redes sociales, como si fuera la única manera de soportar lo que siente.

Pero Alexey no ha ido a la escuela en dos días, y al segundo día la madre se enterar por medio de la directora, le llaman a la policía, quienes no pueden ayudarle debido a que —nótese el guiño realista— es muy común que los niños escapen de sus casas, y deben pasar hasta diez días para que cuente como una desaparición. Pero la policía les recomienda un equipo de rescate con quienes arman un mega escuadrón para encontrar a su hijo. En medio de todo este desmadre, Zhenia le confiesa a Boris que se arrepiente de haberse casado con él, que nunca lo quiso, que debió de haber abortado, que sólo buscaba una salida de su casa porque odiaba a su madre. En las últimas escenas vemos el desmantelamiento del departamento, el cual es muy contundente: hasta arrancan el papel tapiz de las paredes. Vemos a Zhenia con su nueva pareja, y a Boris con Masha y su nuevo hijo. El trasfondo de toda la historia son las noticias: en la radio especulan sobre el fin del mundo ya que es el año 2012, en la televisión vemos la guerra en Ucrania. Esto más otros detalles de los personajes secundarios que aparecen no gratuitamente.

3

Me tomó años volver a tener una pareja (una pareja: pareja), en volver a decir: va, me voy a abrir y quizás hasta me enamoro. ¿Tiene que ver con mi experiencia respecto al divorcio de mis papás? Quizás. Sé que mis padres hicieron lo que pudieron, pero ahora también sé que la realidad nunca está de tu lado. Porque la realidad está generada por una sociedad que valora: el estatus, el consumo, las apariencias, el lujo y las comodidades. ¿La honestidad, la libertad o la justicia? Están totalmente aplastados por un capitalismo arranca-cabezas. Pues la realidad-sociedad te exige que seas parte y cuál libertad: a hacer lana, a cuadrarte con el resto de tu círculo, o si lo que quieres es libertad: debes superar a tu círculo en la acumulación de lana, y entonces puedes hacer lo que tú quieras. Cuando dos personas se casan: cada familia exige que te uniformes según sus condiciones y sus historias de éxito, nada de experimentar. Se espera que actúes de cierta manera, que alcances objetivos específicos, que no decepciones a nadie; ideas generalizadas sobre lo que debes, y a todo ello le llaman bienestar. Y las expectativas de los amigos de él, y lo que quisieran sus amigas para ella. Toda una sociedad operando como un juzgado, esto una vez que das el banderazo de aquí vamos como pareja. Y pobre de ti que pongas sobre la mesa una lectura distinta de lo que está bien y lo que está mal, porque todo está escrito: la educación de tus hijos, las vestimentas, tus aspiraciones, —hasta tus viajes—, y tus logros.

4

Cuando una pareja, ella de 23 y él de 26 años se casan, no hay madurez humana que pueda enfrentar las vicisitudes del sistema. Lo que se va logrando es con suerte, o con tanto miedo hasta que te encierras en tu careta de caballo para no distraerte en el camino: la vista de frente, y sin curiosear la vastedad del terreno.

Mis padres, dos almas que antes de meterse en una camisa de fuerza (que cercena la voluntad) decidieron ser libres, y la libertad a los 23 y 26 años implica revolución y rompimiento, y un constante estar en desacuerdo con el alrededor. Porque el control social te obliga a conformarte con lo banal y lo que no tiene sentido. Yo les agradezco que siguieron sus impulsos, y que  nos mostraron que podemos ser libres y se trata de una lucha constante y quién sabe cuál es el final. Este fin de semana estuvimos sentados en la misma mesa comiendo y compartiendo: mi mamá y su pareja, mi papá y mi hermano, mi pareja y yo. Y le agradezco a mi hermano porque desde que dijo sí: me lanzo a Cancún a trabajar: sí me junto con Regina: sí vamos a ser papás: sí nos vamos a casar, me recordó que sí la vida es lo que te sucede mientras estás ocupado queriendo encajar socialmente… como en efecto doppler su energía me trajo de vuelta a la Ciudad de México, y además ahora compartiendo de otra manera.

Nada está escrito, y por mientras, mi hermano me lo recordó animándose a escribir el comienzo de su propia historia.

3 comentarios sobre “el matrimonio y mientras

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