Tener pene

T

para nadie: porque, a veces, no le deseo a nadie lo que siento

Para escribir hay que tener pene. Para el éxito en los negocios. Para el reconocimiento en la cocina: ser chef. Para ser presidente, embajador, soldado del amor, y para la coronación como el más pendejo de la Tierra; pues este también tiene pene (don’t you, Trump?). Pene es igual a poder.

Escribo esto mientras estoy sentada con las piernas cruzadas frente al cuaderno, aplastándome lo que no tengo. Hay una ausencia. Mi presencia me devuelve lo que no soy.

(Había pensado en esperarme a describir lo que siento hasta después de la segunda sesión de terapia, pero siempre llego antes o más tarde: nunca a tiempo).

Desde ayer no dejo de odiar, ni de querer tener pene: que avale mi existencia en esta realidad. Tal vez por esto me gusta ser cogida tanto: la ilusión de un pene propio (como la habitación propia, de Virginia Woolf, así); algo de donde asirme. Un arma para protegerme.

En terapia me preguntaron que si estaba muy emputada por ser mujer. No se usó la palabra emputada, pero al darme cuenta, la uso y lo confirmo: estoy muy emputada por ser mujer, desde hace algunos años.

No siempre, no todo el tiempo.

A veces me sorprendo disfrutando. Fantaseando con alevosía y ventaja, llorando hasta la extenuación, sonriendo a toda belleza y encuentro, florece desde el pecho todo lo que siento al sentirme viva. Bailo sin miedo. Pero es esporádico. Y después de mucha producción: habiendo meditado, después de hacer ejercicio, de arreglarme el cabello, de haberme tocado y sentido. Me vuelvo a descubrir como mujer, y hago las paces con lo que siento y ya no duele tanto.

Un puto mundo de hombres, es lo que tenemos aquí. Tienen el poder en la verga y lo usan como pueden, como sale, como quieren. Avientan sus mecos y esperan a ver qué sucede, a ver qué han creado: caos o belleza, locura o miedo, ambición y desesperación. Movimiento. Destrucción hasta la recreación. Hasta tener que volver a empezar con todo.

Al hacerte a un lado —siendo mujer— se agarran entre batos, y se chingan, a ver quién domina a quién. La guerra, la violencia; la angustia es una pistola fría a punto de usarse todo el tiempo.

Las mujeres buscamos los penes: once mil vergas o más, las que se puedan. Para llegar al infinito y —a dónde crees que vas…— favor de no hacerse pendeja, es un puto escalón nada más, es un puesto, es una chingada oportunidad de trabajo, hazme el chingado favor, chingado. Que no es nada.

No esperaba convertirme en un bato para escribir, para existir, odiando a otros batos, peleándome, guardándome los mecos para aventarlos de regreso a la cara: toma tu angustia, que es tuya. Aunque en realidad es también producto de mi deseo.

No sabía que iba a terminar odiando tanto, esperando y odiando, dejando el miedo para al rato, para más tarde, para después, para… qué más da cuando pierdes y vuelves a perder y sigues perdiendo: qué más da cuando nunca has tenido nada por ti misma. Me acuerdo de ser niña disfrutando, y corte a ser mujer. (Ser mujer es sentir y aceptarlo todo, todo lo que se siente, la existencia y la levedad y lo imposible y la vida y la muerte y sin adornos).

De haber sido el objeto de deseo he pasado a desear, como un bato. A querer poseer. Y comienzo a apestarme, a pudrirme en la espera del cumplimiento de mis deseos. Buscando a la fuerza y dejándome coger sin duda, y las veces que sean. Porque el infinito es un instante con el otro, pero se acaba, y el otro, siempre el otro tiene la culpa. Mientras más hundo mi infinito dentro de mí, empujándolo con mi deseo, con todas las veces que soy cogida y no reviento.

¿Cómo amar? ¿Cómo volver a mi estado natural? ¿Cómo ser mujer sin miedo y sin odio?

Y en esta ocasión le traigo para usted que entre mujeres también nos estamos chingando, como batos. Poseemos lo que la otra quiere, le robamos su deseo. Nos odiamos y violentamos, y competimos por las vergas que no tenemos, y a ver quién es la que más aguanta. Nos decimos: nos faltan huevos. Para ser: Exitosas. Chingonas. Pero maquilladitas para disimularlo.

El poder que no termina por aceptar que no puede. El tener poder y la fuerza del deseo. Cogiéndotelo todo, creyéndolo tuyo, chingándote en la inconsciencia.

¿Cómo recuperar ser mujer y sin miedo?

Se me ocurren los siguientes escenarios, remedios caseros y profanos:

  1. Ser madre, sin pensarlo.
  2. Dejarte poseer enemil veces hasta la extinción de tu alma, hasta resucitar virgen.
  3. Verte en un espejo, admirarte hasta romperlo: para romper esa imagen tuya de no querer ser lo que ves, hasta sentir de nuevo.
  4. Destruirte y reconstruirte y destruir y reconstruir a tu alrededor. Aplicando una transfiguración activa y consciente. Dejar de desear. Y aceptando.

 

4 comentarios sobre “Tener pene

    1. Es una forma de simbolizar el poder. El mundo que odio también es el mundo que amo, lo que intento es descubrir cómo participar sin lastimar, sintiéndome parte de todos, solidarizándome, y utópicamente hasta llegando a apoyar a otras personas.

  1. Por mucho tiempo, yo pensaba que el mejor super heroe era superman. Luego un dia me di cuenta que batman sin ningun poder era mejor que el, e incluso lo vence usando nada mas su inteligencia. Tu sin pene, como batman, te expones a un peligro que se llama ignorancia. Por escribir como tu lo haces unos cuantos cientos de anos atras a un hombre con todo y pene lo hubieran quemado. Sin embargo hoy en dia aunque fisicamente no te hagan nada seguro esa ignorancia de ambos sexos en algun momento te ha etiquetado deseguro como minimo de loca. Sin tu participacion en este mundo, creeme yo me aburriria mas y aunque no soy todos minimo te garantizo que ami me ayudas escribiendo. No dejes de escribir que recuerda tienes un fan.

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