del universo del yo al universo del verso

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“[…] arrojado a través de ese campo de posibilidades efímeras, caigo de lo alto, desamparado, como un insecto dado vuelta.”
para mis papás

En el temblor del 4 de abril del 2010 en el Valle de la ciudad donde me crié, fueron destruidos varios ejidos. Familias enteras se quedaron sin casa, sin tierras y sin sus pertenencias. Vivían al día. Tenían poco. Y aún así lo perdieron todo. Excepto sus vidas. ¿Habrá otra forma de sentir tanto como cuando hemos perdido todo?

En un ensayo de Bataille titulado “La voluntad de lo imposible”, describe que a través de la negación sucede la materialización del alma. Del dolor. De la existencia. Del Todo. (Hay quienes perdemos todo continuamente sólo para aferrarnos al todo). “No hay nada en nosotros que no esté constantemente en juego, que no esté abandonado”. El todo de Bataille prescinde de las formas y de las cosas. Y por medio de las palabras —de la negación del todo, porque con éstas no se alcanza a expresar el infinito— puede comenzar un juego consciente, al jugar con ellas para enfrentarse al Universo.

A veces el espíritu entra tumbando la puerta de la cabeza, la inunda con su presencia y con su silencio. A veces el alma se para a la orilla del cuerpo bromeando que va a arrojarse, a dejarnos con nuestra materialidad, volviendo al cuerpo un tambor que retumba con una cadencia tonta de cada paso al mismo lugar. Y el corazón va en una barca navegando con el sol y las estrellas, o en contra de la marea, del mar. Del amar.

La vida es lo imposible, el caballo desbocado, las inútiles ganas de amar o de explotarlo todo cuando no se logra llegar a ello, entonces: aventar al alma fuera del cuerpo con esa misma fuerza con la que se nos viene el universo encima.

Perderlo todo para sentir el todo. “Inserto en el orden de las cosas, tendría que justificar mi vida —en los planos confusos de la comedia, de la tragedia, de la utilidad”. Controlar es matar la realidad. Controlar al otro o controlarnos. En lugar de abrazarla hasta que nos succione y nos aviente de vuelta. Con o sin alma. Y con la esperanza de que vuelva.

El todo se nos da. El todo se nos quita. Instante tras instante. Quererlo retener es el hábito del miedo. Tenemos las manos llenas y caminamos cuidando que nada se nos caiga. Pero se nos cae. Tenemos las manos vacías, y cuando logramos avanzar, avanzamos ligeros, sintiendo nuestro peso, para llenarnos otras vez las manos en el encuentro.

En una de las imágenes tomadas siete años después del sismo de aquel 4 de abril, aparecen doña Paty y su nieta Avril, de siete años, quien nació en el albergue en donde su familia esperaba la entrega de la vivienda recién construida en un nuevo ejido. La llamaron Avril, en memoria de aquel momento en el cual la familia lo perdió todo.

– – –

Bataille, Georges (2008) La felicidad, el erotismo y la literatura. Ensayos 1944-1961. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires: 1a edición.

 

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