Woergas: el espectáculo de la vagina que canta

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1

Llegó el circo al pueblo de Jocotepec. Recorriendo todo el país tenían el hábito de detenerse sólo en los poblados pequeños. Se llamaba Rivera, era un circo de calidad decente pero con algunos numeritos perversos. A los niños no les daban permiso de acudir porque decían que la dueña era una loca con ideas siniestras. Pero los acróbatas estaban muy cabrones, volaban ligeros como pelícanos, giraban como nubes en tormenta. El circo venía de algún lugar de la costa de Veracruz, un pueblititito que nadie conocía y al que nadie quería volver. El padre de la dueña, don Rufino Rivera, murió de un ataque al corazón a los cuarenta y tantos años. Y Rivera, como ella se hizo llamar, quedó a cargo del circo a los 23.

 

2

—Jefa, se me hace que la Vagina se enfermó.

—¿De qué, Chucho?

—Pues no deja de toser.

—Pero no le afecta para el show, ¿o sí?

—Lo que pasa es que hasta se anda convulsionando con tanta tosedera.

—Que la sustituya otra, la Tabla o la Negra.

—Ninguna quiere, la Tabla dice que ni de chiste le sale, a la Negra le caga ese numerito.

—A ninguna le estamos preguntando, que hagan un volado, es más, dile que la que lo logre se va de vacaciones un mes, y muy bien pagadas.

—¿Y qué hacemos con la Vagina?

—Llévatela al doctor, usa la troca del Fuerte, o que los lleve él, o vayan por algún doctor de alguna ciudad y tráiganselo, lo que sea que cueste, porque si es neumonía o una chingadera de esas… pregúntale a la Vagina si está como para andar en carretera, si no, te vas a la ciudad, a Guadalajara, ahí gugleas un buen doctor o doctora, y te la traes por lo que pida.

 

3

Rivera, cuyo verdadero nombre es Diamela, creció en el circo. Tuvo una nana que era su mamá, porque su madre, una chilena, huyó a los pocos años de su nacimiento. Tara Trapecio, así le decían a su mamá, aunque se llamaba Soledad, y era un as en el trapecio, y también una contorsionista increíble, tenía el cuerpo fuertísimo, las piernas largas, y una risa que retumbaba al universo, o así es como don Rufino la describía. Se cogía a todo el circo, mujeres y hombres, pero eso a don Rufino le daba lo mismo; es más, pensaba que hasta mejor, que así se le iba curtiendo el sexo a su mujer, esa niña que encontró abandonada en un burdel de Veracruz. Tara Trapecio terminó huyendo, dicen que se recorrió varios pueblos hasta dar con el paisaje con el que tanto soñaba, porque de verdad que soñaba con unas montañas, y un lago, y un precipicio, para entonces lograr su cometido, ese de matarse. Se supone que Tara Trapecio se lanzó de un acantilado, se ahogó y después apareció la nota en internet, que por alguna razón le llegó a don Rufino. Bueno, también porque montó a un escuadrón de mimos a buscarla y sondearla por la web hasta que dieron con esa nota, y sin dudarlo, don Rufino aceptó su muerte; al poco tiempo se deprimió y después se murió de un ataque. Dicen que de tristeza.

4

—Nos mandó la jefa.

—Ni se acerquen que ando con calentura.

—Mira, Tabla, la Vagina con calentura.

La Tabla se quiso reír, pero la Vagina comenzó con un ataque de tos. Se hizo un silencio incómodo. Las tres sabían que la Vagina se había contagiado de algo que la tenía al borde.

—¿Qué quieren?

—Tienes que explicarnos tu numerito hediondo.

—¿A las dos?

—Mira, ninguna queremos hacerlo, nadie en su puta vida quiere ser una puta vagina que canta, pero tenemos que hacerlo, y nos vamos a turnar para después podernos ir a la chingada de aquí.

—Ya se lo saben.

—Yo tengo años sin verte, la neta me da un poco de asco.

—¿Asco? Pero si eres bien lencha, Tabla. Todo el circo sabe que te la pasas viendo porno lésbico. Que estás enamorada de la Negra.

—Ya cállate, Vagina, explícanos y ya.

La Vagina comienza a otro ataque de tos que dura un par de minutos. Las otras dos la observan, y luego la Negra recorre la carpa, ve los diferentes labiales sobre el tocador, las pastillas, un cuaderno, una foto de la Vagina de niña con un perro.

—Lo primero que tienen que hacer —dijo la Vagina— es agarrar un espejo, abrirse de piernas y verse en él. Rasurarse toda la pucha. Al menos que quieran cambiar el numerito a la Vagina barbuda… (se ríe pero termina tosiendo) ¿Es cierto que tienes la vagina güera? —le preguntó directo a la Negra.

—¿Quién te dijo?

—El Fuerte.

—No mames que te estás cogiendo al Fuerte.

—Cállate, Tabla. Tengo vitíligo, aunque no se nota. Tengo vitíligo en la vagina.

La Tabla y la Vagina se carcajearon hasta que la Vagina comenzó a toser, y cada vez más fuerte.

—Vergas, Vagina, te vas a morir.

—¡Cállate!

—Bueno, ya, tampoco es para tanto, van a traer a un doc, tu jaino el Fuerte fue por él… El caso es que se van maquillar como puedan, como quieran, hagan su personaje, que les quede bien chula su condenada vagina… ¿Saben cantar? ¿Negra?

—Sí, más o menos, en inglés me sale mejor.

—¿Tabla?

—No, pero me dijo la jefa que podía recitar mis poemas.

—Vergas, ¿escribes poemas?

—Cállate, Negra.

—Si tienen brillitos que no les afecten a la piel se llenan de brillos, o agarren esos botecitos que están ahí… colores rosas fluorescentes en toda la piel, un delineador negro que no se corra, que sea contra agua. Alrededor de los labios vaginales con el puro delineador rojo, o rosa fucsia, se marcan bien la pucha. Después se hacen unas chapitas redondas, y arribita, se pintan de negro un par de cejas, delgaditas, al estilo de los años 20, con algún lunar debajo.

La Vagina se suelta tosiendo, la Tabla y la Negra comentan sobre el maquillaje. La Vagina aclara la garganta.

—Ahí en esa mesita, en el cajón, adentro, hay unas hojas en donde tengo escrito un guión. Antes lo seguía con punto y coma, pero después empecé a improvisar. Pero es como la historia de donde viene la Vagina, cómo fue su infancia, sobre el placer y el sexo, la sonrisa vertical, pendejadas, etcétera. Como están tapadas de la cintura para arriba, la neta no da tanta pena, ni al principio, sólo se siente un aire como metiéndose entre la vagina y el culo. El Fuerte es el que pone la música, normalmente son como 15 minutos de introducción, en lo que el público, que la neta son puros batos, medio se calma porque están viendo a una vagina hablarles y los calienta y los hace cagarse de risa. Pero después comienza la música, y son otros veinte minutos cantando, con un par de descansos. Si quieren escuchar antes la música pues ahí está, si quieren usar otras canciones pues arréglenselas, si quieren inventar su propio numerito pues mejor, háganlo, mucha suerte.

—No puedo creer que voy a hacer esto.

—Ni yo.

—No es para tanto, la neta se van a cagar cuando vean las propinas, neta. El bato más humilde te lo da todo con tal de seguir viendo a la puta vagina en acción.

La Vagina se suelta tosiendo, la Negra y la Tabla se despiden de lejecitos, y salen de la carpa con las hojas, un par de labiales rojos y dos botecitos de brillos.

5

Habría que decir lo obvio, aunque sea parte del cuento. Desde que la Vagina se enfermó, su numerito Woergas quedó amenazado, era el más popular del circo, y lo titularon así cuando escucharon a un joven del público decir “woergas”, cuando vio a la Vagina aparecer y cantar, porque imagínense, una mujer de la cintura para abajo expuesta, con un spot de luz directo a la pucha, con la vagina maquillada para decir unas cuantas palabras sobre el sexo, el amor, el placer y la obsesión, y después para todavía terminar cantando bien vergas: “qué hiciste del amor que me juraste, y qué has hecho de los besos que te di, y qué excusa puedes darme si fallaste y mataste la esperanza que hubo en mí… y qué ingrato es el destino que me hiere… y qué absurda la razón de mi pasión, y qué necio es este amor que no se muere y prefiere perdonarte tu traición…”. Por eso y desde entonces lo titularon Woergas: el espectáculo de la vagina que canta. Rivera mandó a hacer un letrero en luces neón para colgarlo al fondo, el cual prendía y apagaba, y en donde el público, en su mayoría hombres, gritaban a coro “woergas”.

La Vagina original murió a las pocas semanas. El doctor de Guadalajara le dijo que tenía neumonía, que debía ser hospitalizada. Pero la Vagina no quiso hablar del diagnóstico, ni irse al hospital, ni salir del circo para tratarse nada. Le dijo mentiras al Fuerte, a la Rivera, al Chucho, a la Negra y a la Tabla. Estas últimas continuaron con el espectáculo, lógico, es más, hasta hicieron escenarios distintos para cada una. Porque a la Negra se le ocurrió que su vagina podía hacer un show de stand up, una idea que vio cuando estuvo de vacaciones en la Ciudad de México. La Tabla se fue por la declamación de poemas, y monólogos filosóficos, en donde, claro, estaba incluido una anécdota de la muerte de la Vagina, y era curioso, porque hablaba de la muerte de su compañera ligándola con la muerte de su propia vagina.

Dicen que vivir en el circo vuelve lo absurdo normal, y lo normal absurdo. Que hay una claridad que te dice que la muerte es lo más normal, y que la vida es lo más absurdo. Ahora la Rivera ha llegado hasta las ciudades, y es un verdadero exitazo. Hasta los padres de familia llevan a sus hijos, pues creen que deben acercarse desde pequeños a la naturaleza de todo tipo de realidades, y al disimulado absurdo.

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