x en el mapa

x
(ya ni siquiera soy ésta, pero equis)
“¿Nuestro porvenir no será acaso el estrechar manos sucesivamente?” —Edmond Jabès

A.

No creas que no me doy cuenta —nada más sonrío, mientras aviento mis pensamientos desde el precipicio de mi cerebro—, pero sonrío.

B.

También recuerdo. No creas que no me acuerdo, de casi todo, de eso que me encajaste con tu deseo. Fui tu presa, querías —eso— cazarme. Y como siempre pasa con los de tu especie, ya que me tenías, ¿amarrada? No, yo quería, pero no ¿Amordazada? Tampoco ¿De cabeza? Gimiendo, al mismo tiempo que gorgoteando mi semen de mujer (así he sido siempre), como una fuente tomando la realidad, desbordando con mi desesperación, y mis cascadas de tristeza… decidiste irte, me abandonaste. Eso sentí.

C.

Somos dos bandos de enemigas, hay más (escuadrones, contingentes, equipos), pero la guerra directa es entre nosotras y ellas, entre sirenas viejas y nuevas, una guerra fallida. Somos las mismas pero usamos máscaras distintas.

D.

El cuarto se secó y se hizo de arena, de tierra seca. Desierto.

E.

Entonces, tendría que confesarme yo, para no hablar de ti, pero para creer que lucho por mí, y mi supervivencia, y la de mi especie.

F.

No soporto la idea de tu traición, de tu traición hacia ti, ¿en el fango de tu desesperación? Yo no podría decirlo así. Me preguntas por qué: porque es exactamente lo que hago yo. Igualito.

Entonces al quererme conquistar a mí, te has querido conquistar a ti, y te has decepcionado de ti a través de mí.

G.

Ustedes Los Borges. Los grandilocuentes. Los dueños de las becas, de los premios, del sistema. Del círculo.

H.

La figura de Miss San Luis Potosí, la pendeja de Miss San Luis, la cabeza y líder de las enemigas, de las sirenas nuevas. Una de las mujeres más bellas de este lugar y tiempo. Labios carnosos, suficiente cabello como perderte en su bosque, piernas como una carretera para recorrer de ida y de vuelta. Pero la sonrisa de idiota —es la vanidad— esa máscara con la que manipula. Y unos ojos vacíos como el fondo de su mar. Sirena que nos traiciona a las sirenas viejas. Toda placer, toda bendita. Jovencitita, apenas los 19 años cumplidos. Y se ríe. Y su risa es, tal vez, su canto de sirena traicionándonos. Es mi antítesis. Es mi odio.

I.

A ti, y a todos les entrego mi culo. Encubierta, me visto como lo hacen las seguidoras de Miss San Luis. Sonrío. Hago un esfuerzo sobre natural para encarnar mi yo pasado, porque ya no me sale natural. Ya no tengo 19 años.

J.

Juntémonos, me dijo a la cara. Así somos más, y somos más fuertes. Jajaja, me reí, muerta de miedo.

K.

Yo soy el símbolo del contingente X —ké kerías?— me preguntó de nuevo, por whatsapp.

L.

Soy el punto g, y en el punto g me entrego. Loca. A veces sí, a veces no, soy como tú, y luego, uso las mismas tácticas de Miss San Luis y me interno con el enemigo. Contigo. Con el resto del poder. Con los Borges y con ellas.

M.

TE JURO QUE NO SÉ SI ESTOY HABLANDO DE TI O DE MÍ, SI ESTA VOZ QUE SE ESCUCHA SOY YO O ES DE ALGUIEN MÁS. De algún muerto.

N.

En el fondo, ¿qué queremos en el fondo? Por favor, no digas mentiras, por favor, no digas que nada. Que no quieres nada, que no es cierto.

O.

He creado el contingente X. Nos instalaremos en un territorio fantasma. Nos reconstruiremos, creceremos como la hierba.

Dicen que será como la ciudad que Osho logró, pero que las X no invadirán a nadie, y algo han hecho con el paisaje que aunque pasen por encima de ellas nadie las ve y nadie, tampoco, las lastima.

P.

Solía ser igualita a Miss San Luis Potosí, pero me pasó lo que le pasa a todas las mujeres: envejecí, y se acabó. Punto.

Q.

A estudiar los astros, a estudiar los números, a estudiar el cambio climático, y sobre todo, a someterme a las palabras. Perdí mi ser. Se me quebró el espejo.

R.

El verdadero enemigo eres tú, cara de papa negra. Ojos cubiertos con un antifaz negro, liderando al resto. A los Borges. Usando la palabra masculina y mayúscula. Tan poderosos si hicieron que ni cuenta se dieron. La rabia y el miedo los llevó a serlo. Tomaron el universo de las letras e impusieron su cagadero. CA-GA-DE-RO. Escribiendo estupideces para controlar ese universo, para modificarlo a su manera, para deshacerse de nosotras. Nos volvieron fantasmas, hijos de puta, ¡felicidades! Ojalá se les quiebre el pito de tanto usarlo con su poder.

S.

—Sí, amigue, necesitamos más montañas de mármol fino, pero hecho polvo. Más tinacos de combustible. Más mujeres del contingente de Miss San Luis Potosí. Necesitamos más poder, y reunir a más hombres.

Este mensaje fue repetido un millón doscientas cincuenta y cuatro mil quinientas veintidós veces. Hasta que tomaron toda la realidad del universo de las letras. Se quedaron con los premios, con las becas, con el sistema, con todo.

T.

Todo suyo, gracias a la insistencia, a su puta rabia de mierda, que todo se lo carcomió. Todo. Dicen que usaron la frase de Gertrude Stein, esa que dice que para hacer algo importante habría que repetirlo hasta el cansancio. Lo lograron.

U.

En estos tiempos hay un saqueo incontrolable de la sabiduría, ya nadie se roba un objeto, aunque todos creen que sí. Es una ilusión. La materialidad y el dizque robo de las cosas sirve como una cortina de humo.

V.

Volveré a mi contingente y pronunciaré: féminas, aquí está todo por lo que hemos luchado, en sus caras lo hemos robado, y más bien, nos lo han devuelto. La guerra entre ellos es más violenta y visceral, saben que terminarán destruyéndolo todo. Destruyéndose.

W.

Vamos a nuestra tierra. Nos estamos pronunciando al universo. A la chingada, señoritas San Luis. A la chingada, el sistema de los Borges.

Hemos decidido dejar de escribir, dejar de hacer la historia con palabras. Que hablen nuestras acciones. Lo único que haremos es firmar con una x a favor de nuestro universo. Como nos pide el mundo que no nos considera. Leemos, pensamos, meditamos, caminamos, construimos, y no dejamos de leer. Menos de sentir. Todo lo escribimos con nuestras acciones. Toda nuestra existencia es. Hemos desistido de la guerra, hemos regresado al silencio, hemos encarnado el aire, hemos soltado todo.

Caminamos en ‘w’. Ni la que fuimos, ni la que seremos volverá a perturbarnos nunca más.

X.

Le he escrito a Miss San Luis Potosí. En contra de nuestra regla plasmada con sangre en el manifiesto, la número uno, la de no escribir. He dibujado un mapa, he marcado con una x nuestra posición y postura. Le he enviado el mapa a Miss San Luis: es una invitación a que hagan de este lugar un territorio también suyo.

(Y.) (Todavía no, ya sé, pero tampoco sé esperar. Ni modo).

Y a ti te he encontrado. Que no te odio y menos te aborrezco. Siento tu dolor. Sé que has traicionado a los Borges a favor de tu supervivencia. Sé que has traicionado a tu familia por encontrarte a ti. Ya no te pido nada, es más, por ti desaparezco.

(…)

La x en el mapa era de agua, era una fuente, hecha con las aguas de las creaciones de las sirenas viejas que aprendieron a cantar con su silencio. El agua se fue expandiendo por el terreno: “Nunca la abundancia de agua hizo retroceder al desierto”. Los ríos, se volvieron lagunas, y éstas se volvieron mares y los mares se voltearon de cabeza, creándose cielos. El agua llegó hasta el sistema, a la tierra de los Borges, tenían sed, y la sintieron tocando sus pies, pero ninguno, todavía, ha tomado.

 

 

 

 

 

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