y…

Y

¿Llegará esta carta hasta a ti? La he aventado al mar con la esperanza que mide su misma profundidad. Tiempos de guerra y silencio. Me preguntaste por qué me dolía tanto seguir, vivir en un mundo de hombres, y sonreír.

Cada palabra es un augurio, cada idea nace para crecer o para morir. El mito comenzó sucediendo como una verdad: nosotras las mujeres conscientes, feministas pero no con ganas de matar a nadie, incluso cuando nos han matado, salimos de la ciudad buscando un refugio para reinventar nuestra existencia. En tiempos de guerra cuidamos las palabras, porque se vuelven misiles, estallan, y queman. Llegamos un poco esperanzadas de poder fundar una zona de silencio. Ahora sólo cultivamos dudas.

Comenzó con la elección. Electo el nuevo presidente no parecía que las cosas seguirían igual. Después la ola de desesperación. Todo tomaba demasiado tiempo y luego pasaba de un día para otro, y después no pasaba nada. El alrededor igual. Pero me acuerdo que me detuve para ver los detalles. Tal vez era un día cualquiera, un metrobús había chocado en la esquina contra una pipa de metal (la llevaba otro remolque en una de sus cajas, se atravesó por la ventana del conductor). Parecía una simulación, como en los parques temáticos que tienen los estadunidenses para representar sus películas. Continué recorriendo las calles en todas había embotellamiento, pero las personas no pitaban, no avanzaban y no dejaban de ver hacia sus celulares. Desde ahí la realidad comenzó a desarrollarse con lo que la parálisis dictaba. Lo que pasaba era como si no pasaba, la realidad un basurero que acumulaba más y más desastre, choques, muertes; destrucción en silencio, un campo de batalla, un fantasma esquizofrénico cubriendo por completo la ciudad.

Para cuando llegamos aquí, al refugio, nos acomodamos debajo de un volcán, ya estábamos muy lejos de la ciudad, decidimos deshacernos de nuestros celulares, y de toda simulación. Juramos recomenzar. Me traje los dos libros que me diste, el de poemas, y aquel que decías me iba a dar la guía para encontrar mi lugar en el mundo. Releo la parte en donde aparecen las palabras de una mujer describiendo su enamoramiento, pienso en ti, nada más de tener el libro en las manos siento las tuyas, esas palabras van abriendo pequeños arroyos, ríos, van formando un mar.

Se transforma la realidad en un bosque.

Y las calles se vuelven ríos, y las personas salen de sus autos, y el agua inunda la ciudad para dejarla como una Atlántida siglo XXI. Y todos alcanzamos lo alto de un edificio, de una montaña, de algún lugar en donde podemos resguardarnos, para ver los pedazos que han quedado de aquello que fue dicha parálisis, las pruebas de la destrucción se van por la gran coladera. Y el territorio vuelve a su verde, y a sus praderas, y este bosque se va extendiendo, y tenemos las ganas de volver a empezar. Y todos somos líderes y todos somos seguidores y todos vamos a favor de la humanidad. Y nos detenemos a reconocer el eterno, quise escribir el entorno, pero el eterno, en cada una de nuestras acciones. Y a las mujeres no se nos ve un cuerpo de deseo sino uno de creación. Y los hombres no sucumben y destruyen por miedo, sino que su fuerza es también crear, transformarse, enfrentándose a ese miedo. Y es un continuo sí sí sí. Y cada nueva palabra es una célula más creando esta realidad con toda la esperanza. Y es vivir creando, y es crear viviendo, y somos una comunidad. Y claro que hemos vuelto y estamos más animadas que nunca porque nuestra fuerza es esa posibilidad de imaginar. Y de hacer real lo que imaginamos. Y tal vez, cuando nos reencontremos nosotros, tú y yo, seamos capaces, también, de imaginarnos como creadores eternos de instantes, de belleza, transformadores de la realidad. Y… todo se une en algún momento del camino, y se separa un poco después, pero para continuar tejiendo esta gran tela de dimensiones, de tantas posibilidades, encrucijada uniéndose a otra encrucijada, y… y toda transformación va sucediendo, la hemos nombrado, estamos trabajando por ella, y ella nos toma nos sumerge en su profundidad de aire, de fuego, de agua y tierra, de inmensa belleza.

He decidido no volver a huir nunca más. Y si algún día quieres buscarme, sabrás dónde estoy…

Tuya,

Banana Yonder (personaje)

 

 

 

 

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