Te dejé la mesa puesta, lista para los putazos, mi única forma de entender (en este momento) es pelear, es como si solo así sintiera lo que siento. Pudiste haber dicho tantas cosas. Por ejemplo:

“Desde el principio supe que estaba loca. Me mandó un mensaje cuando apenas nos estábamos conociendo: vete a la verga, me escribió. Después un largo correo disculpándose por sus palabras.”

“Se contradecía todo el tiempo.”

“Le horrorizaba la fiesta, pero le gustaba salir, pero no lo quería hacer ni que yo lo hiciera. Quería vivir encerrada.”

“Se quejaba de no poder dormir conmigo. No dormía.”

“Esperaba a que pasaran las cosas, usaba el material para escribir en su blog y hasta que la enfrentaba y le decía: lo admitía.”

“Me mandaba fotos desnuda. Publicaba sus fotos desnuda.”

“Un día cortó la relación, después quiso que nos siguiéramos viendo.”

“Me hacía sentir que estaba conmigo. Me hacía sentir que no la iba a tener nunca.”

“Me ignoraba cuando viajaba.”

“Inventaba historias de celos.”

“Se enojaba con mis deudas, pero también me dejaba pagar todo. Ella no tenía dinero nunca.”

“Me odiaba por no resolverle la vida. Económica, profesional, espiritual, etc.”

“Me amaba solo cuando cogíamos.”

“Me lanzaba sus hipótesis jugando a ser la terapeuta, dando rasgos hirientes de mi personalidad y mi vida.”

“Usaba su observación en mi contra.”

Pero no dijiste nada. Supongo que mi soledad me hace querer pelear. Supongo que mi feminismo no es el más ortodoxo. Supongo tantas cosas que prefiero acostarme temprano para cambiar las llaves: del consciente al inconsciente. Del agua fría al agua caliente, pero sin que me dé cuenta que el cuerpo se quema.

Quisiera salir a ver la luna y sigo aquí encerrada, en una historia que no es, en un texto que no fue. En una soledad a la que me aferro para imaginarme acompañada.

Me peleo para comprobar que me entrenamiento en el que estoy, en este luchar por mí, termina dando frutos. Frutos brutos.

Me hubiese gustado que me conocieras antes, como esa que alguna vez fui, sin tanto odio, y sin miedo, sonriendo y ligera, aunque no tenía idea de nada. Esa yo no ha vuelto a pasar por mi cuerpo. No te tocó y, a veces, creo que a mí tampoco, que es un producto de mi imaginación para consolarme.

2 comentarios en “El personaje te defiende

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s