La tercera es la vencida: un poema en busca de la empatía perdida

SOBRE LAS HORAS

Hay una hora del domingo 
en donde cada minuto atraviesa el cuerpo
como lo hicieron las flechas a San Sebastián

Se van apagando las luces de la sala de la ciudad
se prenden las lámparas de las mesitas de noche
del inconsciente y del nunca más

Dan ganas de huir 
o de que nadie se mueva
que el mundo aguante la respiración

Duelen las voces de los otros
el cruce de los carros
las miradas acumuladas en mi sombra: 
toda evidencia de esta soledad

Pero aguanto

Viva la libertad de la mujer siglo XXI 
viva la libertad de romperse en mil pedazos
viva la libertad de coleccionarse a sí misma en frascos

Avanzo pisando los sueños
entre las jacarandas caídas
volviendo hacia cualquier lugar
que he imaginado como mi hogar
hacia una cama invisible
y a la espera de un quiero posible

(La esperanza caduca y no para de rimar)

La imaginación es injusta
la realidad
con sus colores pidiendo todo el día  
una sonrisa, una mirada en paz y un lento caminar

La felicidad pasa en familia
se lleva el aire 
lo convierte en helado de vainilla
para mis ganas diabéticas
y mi boca eructando
una indigestión de palabras imprecisas
o pensamientos como pescados 
muertos a la orilla del mar
 
No es ninguna maldición
es un hecho
un helecho 
              creciendo 
regado con mis suspiros
suspiro 
suspiro
y no dejo de suspirar
esperando 
(en ti)
volverme a encontrar

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