Continuación de ideas dispersas sobre tres novelas de César Aira

La realidad es una gran coincidencia.— C. A.

El mito que se ha creado alrededor del escritor César Aira (1949) comienza con los más de cien libros que el autor ha publicado. En su mayoría son novelas cortas a las cuales se les cataloga de “buena o mala”, en esa necesidad de clasificarlo aún con la más ambigua de las etiquetas en donde se anuncia un desconcierto generalizado ante lo que el autor está presentando con su narrativa: ejercicios de ficción de gran imaginería y arrebatada innovación, en donde la confusión pareciera residir en la pregunta “¿Para qué aparece una novelita más, casi idéntica y sumamente distinta de las otras noventa y tantas?”

Si estás dispuesto a entrarle al juego César Aira —a leer cada uno de sus libros— descubrirás el camino de uno de los fenómenos de la literatura contemporánea que está ocurriendo en esta época. Tanto así que es imposible distinguirlo, tanto así que el efecto causado en el lector suele ser el del rechazo a la lectura de sus subsecuentes novelas, un  hartazgo sembrado por no entender el experimento literario, aunque cada peldaño conste de unas escasas cien páginas.

Fue hasta la publicación del ensayo Continuación de ideas diversas en donde el escritor argentino realiza un manifiesto sobre su forma de pensar y escribir, planteando algunas reflexiones sobre las lecturas que ha hecho a lo largo de su vida en un lenguaje puntual y erudito, cuando termina por ser “acogido por los intelectuales”, en lo que podría inferirse: finalmente está hablando nuestro lenguaje, saliendo del clóset de su esnobismo y uniéndose a nosotros. Pues justo después de la circulación de este ensayo, aparecieron reseñas en las cuales —por fin— todas coinciden: “César Aira, proyecto interminable”, de Nora Catelli en El País; “(Breve) Introducción al método César Aira”, de Christopher Domínguez en su columna del Universal, o “¿Es César Aira mejor ensayista que novelista?” de Jorge Carrión, en New York Times en español.

¿Es necesario encasillar a la metamorfosis César Aira cuando continúa transformándose? Si críticos como Christopher Domínguez postulan que el escritor da el brinco de la lectura de las tiras cómicas a Borges, muchos lectores de esta generación hicimos lo mismo alcanzando las novelas de César Aira: nos fuimos desde Los Simpson (y una infinitud de fenómenos literarios y audiovisuales) a la continuidad pero de las novelas del originario de Coronel Pringles.

En mi caso cuando leí a César Aira por primera vez fue con El mármol, una novela que me desbocó la lectura desenfrenada, liberándome de otra necesidad más que la de leer la historia, renovando mi capacidad de sorprenderme. Es cierto que mi introducción al mundo de la literatura no devino de una familia de intelectuales, ni del estudio de letras clásicas, y más bien fue como la parada accidental y tardía en un puerto donde he terminado quemando las naves (para bien o para mal). Por lo que más que sentirme segura ante lo que puedan estipular los críticos literarios de lo que está haciendo César Aira, una lectora como yo se siente amenazada ante el muro de las categorizaciones. (No por nada estoy intentando ensayar una serie de ideas para un autor que no lo necesita, y quizás sí para una serie de lectores “incultos”, que estamos atestiguando la experimentación surgida de la voz airada). En las siguientes páginas describiré algunos de los rasgos de tres de sus novelas, que me renovaron el placer de la lectura a la par de sorprenderme, para materializar los delirantes efectos ocasionados por el registro de César Aira en dichas ficciones.

Al inicio de El mármol el protagonista-narrador describe sus genitales, piernas y muslos, una imagen que funciona como recordatorio de la aventura recientemente vivida dentro del supermercado chino, al cual acudió para comprar algunas cosas, y al momento de pagar, el total resultó en una cifra de centésimas de centavos. El chino que lo atendió le comunica en su “incipiente español” la falta de cambio, con lo que se sobreentiende, el protagonista debe elegir algunas de las baratijas exhibidas en caja, cada una de estas naderías funcionarán para resolver las complicaciones que se presentarán en el curso de los acontecimientos de la historia.

Para comenzar (y nunca terminar) con Aira, creo que lo más importante del trabajo de un escritor es el efecto que ocasiona en el lector. En El mármol el autor realiza un dominio magistral de las asociaciones creando una historia circular, en donde antes del cierre el lector es testigo de una escena comparable a la de una película futurista, ya que la narración sugiere una teoría de cuerdas tejida para la imaginación. Hacia el final de la fábula hay un regreso al cuerpo, intuyéndose que la parafernalia sucedió, más bien, al interior del mismo autor: “Y como mi brújula en el laberinto de los hechos, desde mi entrada al mundo de los supermercados chinos, había sido realidad, también en esta ocasión transformé la intuición en una apreciación realista de lo que está pasando.” (130, LBE, 2011). En esta novela se evidencia el vaivén entre la realidad y la fantasía; Aira se revienta y arrasa con el contexto, se desborda para dirigir el regreso a la contención, nuevamente sucumbe a la ruptura y vuelve a erigirse en la claridad de las explicaciones a cada cosa que sucede: causa y efecto. Por lo que la (inventada) fórmula para dicha narración pudiera quedar algo así:

Imagen del personaje en escena — “Cuando me bajé los pantalones incliné la cabeza y miré mis piernas, los genitales, los muslos, un conjunto tridimensional, sólido, algo levantado por presión de la superficie sobre la que estaba sentado. La visión tuvo algo de sorpresa, de gratificación.” (7, LBE, 2011)

+

Reflexión y manifiesto de la teoría del personaje-narrador — “Fue como volver, inesperadamente, de lo abstracto a lo concreto, de lo exótico e inexplicable a lo más íntimo y cotidiano, y darse cuenta de que por lejos que vaya el pensamiento el cuerpo y sus atributos siguen ahí, donde estuvieron siempre.” (13, LBE, 2011)

+

Acción que descompone lo real llevándolo a la reflexión de lo surreal  — “Tardé un momento en entender, pero no mucho porque ya me había pasado antes, y es parte del nuevo folklore que ha florecido al impulso de las dificultades que enfrenta el comercio minorista con la cuestión del cambio: se completan las pequeñas cantidades residuales con artículos de bajo precio.” (17, LBE, 2011)

/

Meta-metaliteratura (reflexiones del autor disfrazado como narrador) que funcionan como red o puentes para hilar (y reactivar el pensamiento) — “(El verbo “redondear”, por lo visto, no figuraba en el vocabulario de este chino.)” (23, LBE, 2011)

=

Acción narrativAira — “Metió la mano en una lata que tenía atrás de la caja y sacó un puñado de bolitas blancas. Ahí recordé: eran los glóbulos de mármol, con lo que terminaban de completar los restos de vuelto en los supermercados chinos.” (24, LBE, 2011). “Esa, y no otra, era la asociación con el mármol que yo había hecho.” (25, LBE, 2011).

Sobresale el carácter meticuloso con el cual te adentra hacia la divagación y a la profundización de la espiral de cualquier cuestionamiento, propiciando su transformación, hasta fragmentarlo en las partículas subatómicas de una teoría totalizadora, que en este caso pudiera ser un discurso sobre lo material y lo inmaterial, el cual además es narrado con ciertas aliteraciones creando un ritmo cadencioso. La gran conclusión, o el “aprendizaje” en esta novela, es que lo surreal vuelve palpable a la misma realidad, la lógica del absurdo y del breve instante, en donde todo puede ser literatura y tomar toda forma literaria, dependiendo de quién la cuente. Lo anterior provoca en el lector un impulso que lo lleva a su propia digresión sobre el tema, a su imaginación creando la historia con los detalles, y de vuelta hacia donde el autor lo está encaminando con sus ideas. O rechazo, rechazo, rechazo, del tipo: ¿qué me está queriendo decir con una historia así? ¿Se quiere reír de mí? ¿O conmigo?

Para cada novela de Aira pudiera haber una fórmula distinta, las intensidades en su narración, como las llamaría Gilles Deleuze, están a varios niveles. La fórmula es él mismo. El oficio de César Aira dentro de la novela es un método regido por la improvisación, su fuente de luz asocia lo indisociable y le permite cualquier autonomía en los hechos. Como si tuviera la imaginación de un niño súper dotado en matemáticas del lenguaje y lógica. El escritor argentino lo ha estipulado: el protagonista-narrador no tiene idea de lo que va a pasar hasta que está sucediendo. Aira no le tiene miedo a llevar el acto de la invención hasta aventarlo (aventarse) por el borde, a permitir el descarrío que lo dispara hacia la lucidez del absurdo, o a la claridad de sus pensamientos, porque siempre está a la caza de lo nuevo: “(…) en la literatura también voy al efecto, y me son indiferentes las apreciaciones sobre la calidad de la escritura. (Aun siendo un resultado mecánico, el efecto una vez producido es un fenómeno complejo, que depende de mil calidades sutilmente interconectadas.)” (12, Ediciones UDP, 2014).

El protagonista siempre es él, él como una princesa que viste de crinolina y vive en un castillo, él como César Aira después de haber cumplido los 50 años de edad pensando en la luna, él haciendo sus compras en el supermercado chino y sin poder concretar la cantidad exacta a pagar. Su presencia de autor-narrador-protagonista te introduce en todas las dimensiones narrativas, a la misma narración, a la metanarración y a la meta-metanarración, aunque en el ensayo Continuación de ideas diversas describe: “Deploro la “metaliteratura”, siempre sentí que era una traición a lo más vital de la literatura, a su apelación a lectores no literatos…” (17, Ediciones UDP, 2014). E inmediatamente, al final de ese mismo párrafo, asegura: “Es cierto que la muy buena literatura, aun cuando juegue para su propia clientela, “literaturiza” al lector menos literario.” (Ibídem).

Lo que pasa con Aira es que cada novela está tan viva que aunque pareciera que su estilo va alcanzando alguna madurez, la que se concreta “con el paso del tiempo”, en realidad se va rejuveneciendo, ya que abiertamente busca la novedad, imposibilitando al lector hacer una verdadera comparación. El escritor le cede el control a la narración misma, orquestando las olas que van surgiendo y haciendo que fluyan a lo largo de la narración. Un as tras otro as sacado de la manga de su pluma.

En La Princesa Primavera, una novela anterior a El mármol, hay una mayor cautela en el artilugio de las conexiones, sin por ello ser menor, sólo distinta, en donde el simbolismo es más obvio. Aira toma el personaje de un cuento de hadas y lo ubica en una batalla utilizando símbolos como personajes, o personajes como símbolos, cuya  “ancla a la realidad” son detalles verosímiles que aguardan dichos personajes. En esta novela para que el personaje de la princesa pueda mantener los gastos del castillo, trabaja traduciendo libros de tipo best-seller, por lo que antes de comenzar con la acción del enfrentamiento, esboza una disertación sobre el acto de traducir haciendo una crítica a las novelas comerciales: (La princesa) “Tenía horror a la chapucería, aunque bien habría podido sospechar que eso no le importaba a nadie, dado el tipo de literatura barata y comercializada que pasaba por sus manos.” (12-13, ERA, 2003); “Se había hecho fama de traductora ‘de lujo’, y le importaba no desmentirla, aún con un producto de segunda.” (13, ERA, 2003); “Aquí el pensamiento que sostenía lo escrito era visible a simple vista, como que era programáticamente el pensamiento común de todo el mundo. En cierto modo era como si ya estuvieran traducidas.” (18, ERA, 2003). Después de dicha disertación, el autor rescata al público de estas historias describiendo: “A veces fantaseaba sobre la identidad y psicología de los lectores de esas novelas. En cierto sentido, eran ellos los que mostraban un amor más sincero por la lectura, ya que los que leían clásicos o buena literatura tenían en general un propósito ulterior, por ejemplo el de escribir o ser profesores o críticos o en todo caso gente culta.” (19, ERA, 2003). La princesa abandonará sus divagaciones para defender el castillo del ataque del General Invierno, quien se presenta por primera vez en la historia con un mensaje de luces que sólo la princesa puede traducir:“Te llegó la hora, putita. Estás perdida.” (33, ERA); en donde no puedes más que soltar la carcajada (si tienes el sentido del humor para ello). Porque el humor es otro de los elementos en la narrativa de Aira, que se muestra con las características de los personajes, con los diálogos entre ellos, y en las reflexiones que el narrador o los mismos personajes plantean. El final en La Princesa Primavera es una escena increíble y totalizadora, es el absurdo que se mantiene como una constante, pasando de la surrealidad a la normalidad para concluir en la belleza. Durante muchos años el escritor César Aira fue traductor, y esto lo llevó a tomar una doble conciencia en el acto de leer: “Lo que más extraño no son las facilidades del oficio sino sus dificultades, esas perplejidades puntuales que despertaban mi pensamiento por lo común adormecido.” (9, Ediciones UDP, 2014). Es también la razón por la cual dibuja perfectamente las reflexiones de la princesa en torno al oficio de traducir.

Una constatación de la complejidad que se va trenzando en cada novela de César Aira reside en que ni siquiera es posible recordar con exactitud lo que cuenta en las escasas cien páginas: la divagación de sus ideas y sus ramificaciones alteran de tal forma el curso del trayecto, que te pierdes en lo otro, en aquello que sugiere, el lector no sabe si lo que leyó se trataba de una princesa que terminó por defender el castillo en contra de un general, o si más bien era una acertada crítica hacia las novelas comerciales, porque la misma princesita funciona para ambas cuestiones.

La libertad de Aira le proporciona las licencias para combinar lo que vaya creando su mente y mostrarlo con destreza. El lector que no cede al airado juego y tiende a la resistencia, aunque haya pasado por apenas cien páginas, sucumbe al cansancio. Dejarse llevar es sentirse enfrentado y hasta timado, porque el autor te recuerda que estás siento testigo de una ficción, donde la viveza de la historia reside con la invocación de las líneas subsecuentes, posicionándote dentro de una resortera que jala para extraerte de la realidad aventándote a la imaginación, para después tomarte de la mano y devolverte. Porque es posible que sea también lo que el autor está experimentando con el acto de narrar, por lo cual terminas siendo el espectador de su mecanismo creativo en movimiento: “En la literatura sobre todo, lo bueno se identifica con lo nuevo; creo que en mis momentos más lúcidos yo no quería tanto escribir algo bueno como escribir algo nuevo, algo que nunca se hubiera escrito antes.” (60, ERA, 2012).

En Cumpleaños el autor deja atrás la internación hacia lo surreal para alcanzar una honestidad consigo mismo que plantea a modo de novela, se trata de una serie confesiones o meditaciones, ya que el tono de dichos pensamientos es de un tinte puro, informal, bromista al mismo tiempo que melancólico: “Por algún motivo, siempre viví rodeado de pedantes, sabelotodos, charlatanes, siempre dispuestos a darme lecciones; mi silencio rencoroso frente a ellos preservaba mi integridad mental, pero me obligaba a no creer nada de lo que oía.” (26, ERA, 2012).

La narración abre con una anécdota sobre el recuerdo de una conversación que el escritor tuvo con su esposa, en donde comprobó que ignoraba el que la luna estuviese iluminada por el reflejo del sol. Sea o no cierto, el pretexto funciona para cuestionar su conocimiento adquirido y las creencias reunidas a lo largo de su vida, realizando una serie de asociaciones que devienen enlazando las propiedades de: cumpleaños, ciclo, luna, existencia, cuestionamiento: “Un joven todavía tiene que empezar a vivir. Puede haber tenido todas las ideas, pero le falta revisarlas, corregirlas, invertirlas. Es para eso que necesita todos los años y las décadas que siguen.” (74, ERA, 2012).

En Cumpleaños el escritor se despoja de la máscara de la ficción para aproximarse a los pequeños “vacíos existenciales”, encontrándose con la decepción de ser él mismo, aceptando su muy particular estilo de escribir para distinguirse (porque según sus palabras no hubiese tenido ningún reconocimiento de no haberlo hecho así), hasta llegar a una de las revelaciones más solemnes, pero en una airada entonación que es la de la dificultad que le produce estar vivo: “Muchas veces me he preguntado en qué ocupa su tiempo la gente normal, cuando a mí el trabajo de seguir con vida me ocupa hasta el último minuto, y apenas si me alcanza.” (26, ERA, 2012). Una de las conclusiones que va esbozando es que no ha logrado vivir porque ha estado ocupado en lo otro, en la búsqueda del conocimiento, que terminó por ser cuestionado o insuficiente: “toda mi vida busqué el conocimiento, pero lo busqué fuera del tiempo, y el tiempo se tomó venganza sucediendo en otra parte.” (82, ERA, 2012). En Cumpleaños el personaje-narrador-mito revela su derrota, el hombre que piensa que la vida se fue con la juventud y la energía que allí residía, que termina conformándose con lo que es.

Finalmente, lo que todo escritor, poeta, filósofo o artista va descubriendo en el ejercicio de su oficio es el acuerdo que realiza con el infinito, con la capacidad de adentrarse en un tema, en un universo y en una forma de vivir, que reside en la vastedad de la imaginación para traducirlo en una realidad, del cielo o del infierno en la Tierra. Tomarse el riesgo de clavarse hasta el fondo, ahondando en lo imperceptible, para luego aspirar hacia las posibles dimensiones hacia fuera, divagando por la eternidad y el misterio del espacio.

Las narraciones de Aira contienen ecos de un modo borgeano pero llevados a la modernización y sin acudir, más que de pronto, a la historia de la literatura, y que más bien buscan interconectar esa realidad que se está mostrando, ya que cualquier detalle mencionado queda como cabo suelto para posteriormente ser vinculado. Borges lo hacía en sus cuentos, y más bien buscando la totalidad de un universo al acercarse apaciblemente al punto final. Mientras que Aira está en una operación constante de novela tras novela, mundo tras mundo, delirio tras delirio, ideas que reverberan y fecundan más ideas, esbozando una imaginería llena de verdad, donde la lucidez produce una alucinación, o al revés, una surrealidad transformándose en realidad, en donde la clasificación parece ser resultado del hartazgo producido a priori del fenómeno que está surgiendo, que limita lo que nadie puede alcanzar, ni con la lectura de lo que el escritor argentino está  anunciando, porque nadie puede mantenerle el paso ni reconocer en este momento el universo airado que se está fundando.

Bibliografía
Aira, César (2014) Continuación de ideas diversas. Ediciones Universidad Diego Portales. Chile: 1ª edición.
Aira, César (2011) El mármol. La Bestia Equilátera. Buenos Aires: 1ª edición.
Aira, César (2003) La princesa primavera. Ediciones Era. México: 1ª edición.
Aira, César (2012) Cumpleaños. Ediciones Era. México: 1ª edición.

NOTA I: Este ensayo se publicó en la última revista Tierra Adentro, en su versión impresa. Sin embargo, dicha edición, la 232, que correspondió a Enero-Febrero 2019, no tuvo una versión en línea; por esta razón hago la publicación del texto en este (mi humilde) portal. Para quienes estén interesadas e interesados en leer a César Aira, y porque realmente lo disfruté mucho en las novelas que cito.

NOTA II: También, quiero aprovechar y agradecer al Seba (Sebastián Gómez-Matus), ávido lector, y poeta, que me introdujo a César Aira.

NOTA III: Y, finalmente, compartir que el ensayo nació a raíz de un “reto” al que me alentó Heriberto Yépez, quien, a manera de broma o medio en serio, daba a entender que César Aira no era para tanto, mientras yo le aseguraba que sí, entonces me invitaba a escribir algo “en forma” al respecto. Y así fue como nació el impulso por escribir sobre él (sobre algunas de las novelas de Aira, más bien).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s