Una de las realidades más absurdas que puede haber, sobre todo para quienes aman leer, es la Feria del Libro de Guadalajara. Se monta una ciudad de plafones, carreteras de alfombra, sobrepoblación no necesariamente lectora, alimentos insípidos, pocos baños. Un clima frío y seco, una misma blanca iluminación de doce horas, voluntarios de carácter prepotente. Es como estar en Costco, pero con libros. Es como estar en un desolado magno corporativo, pero con egos artísticos entre multitudes. Aunque te vistas con tus mejores ropas no luces, eres parte de un aparador muerto estéril pero en ebullición.

Llevo seis meses trabajando para una editorial, lo he pensado: toda persona que quiera publicar debería de hacer su servicio social dentro de una editorial. Alguien me dijo “te imaginas a Fadanelli cargando cajas”, nos dio risa. Pero Fadanelli también tiene una editorial, luego parece que todo mundo tiene una editorial. Ahora, ¿una editorial que funcione, que venda sus libros? Que crezca en ventas, en catálogo, en calidad, que logre llegar a otros países, que encuentre nuevos lectores, eso ya es otra cosa.

Creo que hay una ceguera en cuanto al proceso editorial por parte de les autors. Cuando se trata de tomarlo en serio, y no solo como un hobbie o como una actividad snob y de culto. Y creo que también hay una ceguera en cuanto al proceso de creación de un libro, por parte de los editores. Todo editor debería intentar escribir un libro y otro y otro y otro. Si su pulsión es real logrará entrar en esta solidaridad silenciosa con la autora o el autor. Pues puede resultarle irracional el que un autor o una poeta discurra sobre la posición de una coma, no una ni diez sino cien veces.

Publicar un libro es materializarlo, hacerlo visible, mostrarlo, llevarlo a la realidad. Esto es una obviedad, pero a lo que me refiero es que el objeto se enfrenta a lo que se enfrenta cualquier objeto: valoración estética, comercial, necesidad, oferta y demanda.

Las editoriales independientes en México están en una suerte de navegación contra la corriente, otra obviedad; por eso es que es tan complejo que sobrevivan, por eso es casi imposible que crezcan, por eso es absurdo que compitan ¿Cuántas personas no quieren publicar? Sobran. Y me aventuraría a plantear que hasta hay buenos libros de más.

Lo que es un circo son los egos. Solo se está publicando un libro, no se está resolviendo el mundo. Tanto para el autor como para la editora, para el editor como para la escritora: no se está resolviendo nada. En la literatura el mundo se muestra, jamás se resuelve.

Hace algunos años creía que era importante conocer a alguien que hubiese publicado una de estas grandes muestras al mundo. Que era algo con lo cual podía sentirme halagada o entusiasmada. Después, me daba cuenta que aunque quienes reconocían las verdades más sutiles de la realidad, y el entorno, no eran mejores personas, de hecho, parecían, a veces, ser peores personas. Porque lograban la posibilidad de moverse entre las sutilezas que reconocen, sin hacer el esfuerzo de convivir, ni de ser honestas, ni cuestionarse, ni ser conscientes. Ya lo he pensando, una cosa es la inteligencia, otra cosa es la conciencia y una más es la voluntad.

Tengo un libro, por primera vez tengo de verdad un libro, anteriormente había escrito varios libros, siempre con premura, con una noción muy entre romántica y estúpida, como suele ser lo romántico, de lo que sucedía en el mundo editorial, y de lo que sucedía con mi libro. Solía escribir extasiada quedándome con esa potencia de creación, creyendo que verdaderamente alcanzaba a reflejarse en lo que escribía. En mi caso, no había nada más erróneo. Así, escribí un montón de cosas a las cuales llegué concretar bofeada y alucinada, pero les daba fin, y rápidamente las mandaba a un concurso o a una editorial. Si no ganaba o no me contestaban lo tomaba como un no, esperaba un poco, no mucho, y volvía a emprender un nuevo libro. Así terminé cuatro libros, tres novelas y un texto lleno de algo parecido a aforismos.

Después de seis meses de estar como editora (correctora, administradora, etc., de trabajar en una editorial independiente, pues) sé con certeza del síndrome que sufrí, de la ceguera necesaria a la cual incurrí porque si no hubiese desistido, no habría logrado generar nada pero también me di cuenta que mi perspectiva era todo menos real o lúcida en cuanto al cómo publicar.

Sin embargo y peor aún, en esta ceguera, creí que lo que necesitaba era hacerme de relaciones de poder para poder publicar alguno de mis libros. Y ahora que estoy del otro lado, ni tan otro, pero estoy, sé que el círculo literario tampoco es de relacionarte para publicarte, mucho tiene que ver con las relaciones de poder, pero llegado el momento de que tu libro se sostenga no hay poder que lo sostenga si el libro no termina de convencer.

Me ha resultado una sorpresa ver que quienes me parecían sumamente seguras y seguros en su proceso de escritura, de creación de sus libros, y con el hecho de publicar también se lo cuestionan todo, y todo el tiempo: si su libro es bueno, si verdaderamente es valioso, si no están solo ocupando el espacio en los estantes, si era mejor esperar más tiempo, si debió tener otro título, si la crítica lo tomará como… etcétera.

Sexto Piso vende un montón, pero gasta aún más; Almadía realiza un esfuerzo constante de venta y mercadotecnia y sus decisiones arriesgadas son pocas, Casa Impronta tiene un buen lector y una gran y romántica maquinaria, Antílope tiene tantos filtros, ya que son cuatro editoras y un editor (que es como pasar por una convocatoria con cada libro) así sus decisiones de publicación difícilmente son erradas, Atrasalante, Argonáutica están en Monterrey (ya sabemos que todo lo que esté fuera de la Ciudad de México te posiciona en desventaja), Matadero tiene el mejor lector y editor del mundo, y por lo tanto el mejor catálogo, pero sus esfuerzos se anulan hacia cualquier otra cosa más (ventas, publicidad, merca), Elefanta reconoce que el crecimiento es poco a poco, Minerva tiene la mesa puesta y por lo tanto es hiperconsciente en sus decisiones, Tumbona tiene a dos escritores como editores, escritores que sí escriben y mucho, Sur + es esporádica y espontánea, Dharma ha abierto tanto sus puertas a todo mundo que no hay un catálogo con identidad, pero se mueve y mucho; estas son mis impresiones, no conozco a todas las editoriales, ni siquiera sé si estas impresiones son atinadas, pero es lo que logro aterrizar después de estos meses.

Y tengo un libro, un libro que pienso y había pensado que pudiera publicarse, pero se me viene siempre a la cabeza, y no deja de venirse a mi cabeza, que debo mostrarlo digitalmente, sin una editorial, y que si el libro es bueno entonces desde ahí se le concederá su necesidad material y entonces toda la inseguridad que deviene se esfumará en lo evidente. El libro caerá o volará por su propia cuenta.

Trabajo en una editorial y tengo un libro y soy una desencantada, pero realizo un esfuerzo constante de cultivar el ánimo y termino siendo un personaje ridículo que reconoce las pulsiones humanas (el deseo) y trata de esquivarlas para no generar apegos y dejar que cada quien actúe y responda y crezca y solucione y se caiga y se levante. O es lo que quisiera pensar que estoy tratando.

Las relaciones de poder siguen sucediendo y no solo entre editora y autor, escritor y editor, lector y poeta, poeta y narrador, vendedor de libros y compradora, creador de FIL y voluntaria encabronada y cansada en la Sala de poesía; y son tan complejas porque aún siendo la víctima puedes desde tu postura de víctima terminar dando una estocada violenta, o el no hacer nada, y continuar oprimida y callada y esperando a que en la siguiente FIL no sea necesario tanto el desgaste… pues qué manera de querer vaciarte en ese pequeño Samsara.

En realidad, de nuevo, no estoy segura de cómo se hacen las cosas de la mejor manera… El círculo literario, el mundo literario, por algo es un mundo, es una pequeña muestra de lo que sucede en el universo, acción y reacción, energía, colisión y caos; no es una maqueta que se puede reajustar desde arriba, donde apenas se alcanzar a ver una parte; pero entiendo que se trata reconocer tu pequeño lugar en este mundo, como cuando ves, desde una vista cenital en un rascacielos, a las personas moverse entre la ciudad, para darte cuenta que eres igual de hormiga pero que tus decisiones son parte del todo.

Imagen tomada por Rodrigo — (enseñando los calzones) en la pecera de Dharma Books de la FIL

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