Woergas: el espectáculo de la vagina que canta

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1

Llegó el circo al pueblo de Jocotepec. Recorriendo todo el país tenían el hábito de detenerse sólo en los poblados pequeños. Se llamaba Rivera, era un circo de calidad decente pero con algunos numeritos perversos. A los niños no les daban permiso de acudir porque decían que la dueña era una loca con ideas siniestras. Pero los acróbatas estaban muy cabrones, volaban ligeros como pelícanos, giraban como nubes en tormenta. El circo venía de algún lugar de la costa de Veracruz, un pueblititito que nadie conocía y al que nadie quería volver. El padre de la dueña, don Rufino Rivera, murió de un ataque al corazón a los cuarenta y tantos años. Y Rivera, como ella se hizo llamar, quedó a cargo del circo a los 23.

 

2

—Jefa, se me hace que la Vagina se enfermó.

—¿De qué, Chucho?

—Pues no deja de toser.

—Pero no le afecta para el show, ¿o sí?

—Lo que pasa es que hasta se anda convulsionando con tanta tosedera.

—Que la sustituya otra, la Tabla o la Negra.

—Ninguna quiere, la Tabla dice que ni de chiste le sale, a la Negra le caga ese numerito.

—A ninguna le estamos preguntando, que hagan un volado, es más, dile que la que lo logre se va de vacaciones un mes, y muy bien pagadas.

—¿Y qué hacemos con la Vagina?

—Llévatela al doctor, usa la troca del Fuerte, o que los lleve él, o vayan por algún doctor de alguna ciudad y tráiganselo, lo que sea que cueste, porque si es neumonía o una chingadera de esas… pregúntale a la Vagina si está como para andar en carretera, si no, te vas a la ciudad, a Guadalajara, ahí gugleas un buen doctor o doctora, y te la traes por lo que pida.

 

3

Rivera, cuyo verdadero nombre es Diamela, creció en el circo. Tuvo una nana que era su mamá, porque su madre, una chilena, huyó a los pocos años de su nacimiento. Tara Trapecio, así le decían a su mamá, aunque se llamaba Soledad, y era un as en el trapecio, y también una contorsionista increíble, tenía el cuerpo fuertísimo, las piernas largas, y una risa que retumbaba al universo, o así es como don Rufino la describía. Se cogía a todo el circo, mujeres y hombres, pero eso a don Rufino le daba lo mismo; es más, pensaba que hasta mejor, que así se le iba curtiendo el sexo a su mujer, esa niña que encontró abandonada en un burdel de Veracruz. Tara Trapecio terminó huyendo, dicen que se recorrió varios pueblos hasta dar con el paisaje con el que tanto soñaba, porque de verdad que soñaba con unas montañas, y un lago, y un precipicio, para entonces lograr su cometido, ese de matarse. Se supone que Tara Trapecio se lanzó de un acantilado, se ahogó y después apareció la nota en internet, que por alguna razón le llegó a don Rufino. Bueno, también porque montó a un escuadrón de mimos a buscarla y sondearla por la web hasta que dieron con esa nota, y sin dudarlo, don Rufino aceptó su muerte; al poco tiempo se deprimió y después se murió de un ataque. Dicen que de tristeza.

4

—Nos mandó la jefa.

—Ni se acerquen que ando con calentura.

—Mira, Tabla, la Vagina con calentura.

La Tabla se quiso reír, pero la Vagina comenzó con un ataque de tos. Se hizo un silencio incómodo. Las tres sabían que la Vagina se había contagiado de algo que la tenía al borde.

—¿Qué quieren?

—Tienes que explicarnos tu numerito hediondo.

—¿A las dos?

—Mira, ninguna queremos hacerlo, nadie en su puta vida quiere ser una puta vagina que canta, pero tenemos que hacerlo, y nos vamos a turnar para después podernos ir a la chingada de aquí.

—Ya se lo saben.

—Yo tengo años sin verte, la neta me da un poco de asco.

—¿Asco? Pero si eres bien lencha, Tabla. Todo el circo sabe que te la pasas viendo porno lésbico. Que estás enamorada de la Negra.

—Ya cállate, Vagina, explícanos y ya.

La Vagina comienza a otro ataque de tos que dura un par de minutos. Las otras dos la observan, y luego la Negra recorre la carpa, ve los diferentes labiales sobre el tocador, las pastillas, un cuaderno, una foto de la Vagina de niña con un perro.

—Lo primero que tienen que hacer —dijo la Vagina— es agarrar un espejo, abrirse de piernas y verse en él. Rasurarse toda la pucha. Al menos que quieran cambiar el numerito a la Vagina barbuda… (se ríe pero termina tosiendo) ¿Es cierto que tienes la vagina güera? —le preguntó directo a la Negra.

—¿Quién te dijo?

—El Fuerte.

—No mames que te estás cogiendo al Fuerte.

—Cállate, Tabla. Tengo vitíligo, aunque no se nota. Tengo vitíligo en la vagina.

La Tabla y la Vagina se carcajearon hasta que la Vagina comenzó a toser, y cada vez más fuerte.

—Vergas, Vagina, te vas a morir.

—¡Cállate!

—Bueno, ya, tampoco es para tanto, van a traer a un doc, tu jaino el Fuerte fue por él… El caso es que se van maquillar como puedan, como quieran, hagan su personaje, que les quede bien chula su condenada vagina… ¿Saben cantar? ¿Negra?

—Sí, más o menos, en inglés me sale mejor.

—¿Tabla?

—No, pero me dijo la jefa que podía recitar mis poemas.

—Vergas, ¿escribes poemas?

—Cállate, Negra.

—Si tienen brillitos que no les afecten a la piel se llenan de brillos, o agarren esos botecitos que están ahí… colores rosas fluorescentes en toda la piel, un delineador negro que no se corra, que sea contra agua. Alrededor de los labios vaginales con el puro delineador rojo, o rosa fucsia, se marcan bien la pucha. Después se hacen unas chapitas redondas, y arribita, se pintan de negro un par de cejas, delgaditas, al estilo de los años 20, con algún lunar debajo.

La Vagina se suelta tosiendo, la Tabla y la Negra comentan sobre el maquillaje. La Vagina aclara la garganta.

—Ahí en esa mesita, en el cajón, adentro, hay unas hojas en donde tengo escrito un guión. Antes lo seguía con punto y coma, pero después empecé a improvisar. Pero es como la historia de donde viene la Vagina, cómo fue su infancia, sobre el placer y el sexo, la sonrisa vertical, pendejadas, etcétera. Como están tapadas de la cintura para arriba, la neta no da tanta pena, ni al principio, sólo se siente un aire como metiéndose entre la vagina y el culo. El Fuerte es el que pone la música, normalmente son como 15 minutos de introducción, en lo que el público, que la neta son puros batos, medio se calma porque están viendo a una vagina hablarles y los calienta y los hace cagarse de risa. Pero después comienza la música, y son otros veinte minutos cantando, con un par de descansos. Si quieren escuchar antes la música pues ahí está, si quieren usar otras canciones pues arréglenselas, si quieren inventar su propio numerito pues mejor, háganlo, mucha suerte.

—No puedo creer que voy a hacer esto.

—Ni yo.

—No es para tanto, la neta se van a cagar cuando vean las propinas, neta. El bato más humilde te lo da todo con tal de seguir viendo a la puta vagina en acción.

La Vagina se suelta tosiendo, la Negra y la Tabla se despiden de lejecitos, y salen de la carpa con las hojas, un par de labiales rojos y dos botecitos de brillos.

5

Habría que decir lo obvio, aunque sea parte del cuento. Desde que la Vagina se enfermó, su numerito Woergas quedó amenazado, era el más popular del circo, y lo titularon así cuando escucharon a un joven del público decir “woergas”, cuando vio a la Vagina aparecer y cantar, porque imagínense, una mujer de la cintura para abajo expuesta, con un spot de luz directo a la pucha, con la vagina maquillada para decir unas cuantas palabras sobre el sexo, el amor, el placer y la obsesión, y después para todavía terminar cantando bien vergas: “qué hiciste del amor que me juraste, y qué has hecho de los besos que te di, y qué excusa puedes darme si fallaste y mataste la esperanza que hubo en mí… y qué ingrato es el destino que me hiere… y qué absurda la razón de mi pasión, y qué necio es este amor que no se muere y prefiere perdonarte tu traición…”. Por eso y desde entonces lo titularon Woergas: el espectáculo de la vagina que canta. Rivera mandó a hacer un letrero en luces neón para colgarlo al fondo, el cual prendía y apagaba, y en donde el público, en su mayoría hombres, gritaban a coro “woergas”.

La Vagina original murió a las pocas semanas. El doctor de Guadalajara le dijo que tenía neumonía, que debía ser hospitalizada. Pero la Vagina no quiso hablar del diagnóstico, ni irse al hospital, ni salir del circo para tratarse nada. Le dijo mentiras al Fuerte, a la Rivera, al Chucho, a la Negra y a la Tabla. Estas últimas continuaron con el espectáculo, lógico, es más, hasta hicieron escenarios distintos para cada una. Porque a la Negra se le ocurrió que su vagina podía hacer un show de stand up, una idea que vio cuando estuvo de vacaciones en la Ciudad de México. La Tabla se fue por la declamación de poemas, y monólogos filosóficos, en donde, claro, estaba incluido una anécdota de la muerte de la Vagina, y era curioso, porque hablaba de la muerte de su compañera ligándola con la muerte de su propia vagina.

Dicen que vivir en el circo vuelve lo absurdo normal, y lo normal absurdo. Que hay una claridad que te dice que la muerte es lo más normal, y que la vida es lo más absurdo. Ahora la Rivera ha llegado hasta las ciudades, y es un verdadero exitazo. Hasta los padres de familia llevan a sus hijos, pues creen que deben acercarse desde pequeños a la naturaleza de todo tipo de realidades, y al disimulado absurdo.

Venezuela, verdad y vida

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“It was the time between the lights when colours undergo their intensification and purples and golds burn in window-panes like the beat of an excitable heart; when for some reason the beauty of the world revealed and yet soon to perish, the beauty of the world which is so soon to perish, has two edges, one of laughter, one of anguish, cutting the heart asunder.”
—Virginia Woolf

 

I.

Esta estúpida alucinación de que nos volveremos Venezuela sólo porque se ha elegido a AMLO como presidente. Porque en la imaginación de los privilegiados el cambio significa crisis, o la muerte. Ojalá se mueran pronto todos los privilegios de todos. Esta estúpida comodidad incómoda que nos tiene esperando a ver si los otros, a ver si la realidad, a ver si se mueven las cosas, si suceden por arte de magia, o de suerte, a ver si a ver.

Sólo eso nos faltaba que los privilegiados se robaran el papel de víctima. Ojalá hubiese un borrón y cuenta nueva, para vernos en el espejo: todos iguales a todos. Todos hacemos con nuestra ansiedad lo que podemos. Los privilegiados están drogados de martirización, porque lo que podían era lograr el privilegio (bravo). Pero el privilegio se acaba y la ansiedad no: esta angustia al continuar existiendo apenas va comenzando.

Ojalá se nos olvidara todo lo que hemos leído. Ojalá sólo nos quedara una vaga memoria de una gran acumulación de experiencias pero sin poder pronunciar palabra… He visto a las bocas más elocuentes de mi generación dispararle a otras bocas, por haberse pronunciado desde su realidad y sus emociones: ¿Quién no está tratando de entender lo que pasa afuera y lo que siente adentro? En el fondo lo que expresa es con toda esta intención. He visto a las bocas más elocuentes de mi generación atragantarse de dudas y escupir lo que sale, nada más por callar a los demás, atragantándose de poder, de likes y de aplausos, dominando el escenario con su verdad, arrastrando al resto a la hoguera del silencio, para que se les quiten las ganas de hablar.

II.

¿Es un toro el que se droga? ¿Es una bestia la que soporta diez mil cargas de estimulación? Un equilibrista con 200 toneladas en la espalda caminando por la cuerda floja sobre el vacío de la realidad. Una acróbata haciendo un triple mortal en el aire para caer parada. Un malabarista de navajas recién afiladas. Una domadora de leonas hambrientas. Un entrenador de elefantes. Hipnotizadora de serpientes. Un contorsionista de sus emociones. Un payaso que hace reír por no ponerse a llorar.

Qué puta envidia le tengo a los y las que se drogan. Qué coraje, qué impresión, y qué admiración. Qué desesperación y qué tristeza. Soy una yonki de yonkis. Como no me puedo drogar me enamoro de los y las que se drogan (y cuando cogemos quedo puesta). Me posesiono del cuerpo y avanzo a velocidad de la luz por la terracería, o hundiéndome en el mar, me meto hasta el alma que se dispara en el vuelo, o al espíritu revoloteando en tormenta, y (creo que) lo siento todo. La euforia, la adrenalina, el vértigo, la desesperación, el amor, la angustia y hasta la muerte. Cero y van tres. Cuatro. Le alego al terapeuta —telepáticamente—: si no me puedo drogar déjame querer al yonki, deja que me zangolotee con su alma, que no ves que sí sabe lo que hace, que no ves que sólo quiere sentir lo que no reconoce que está sintiendo. Este pinche agujero que se abre a cada rato. A cada instante. A cada muerte, desaparición, nacimiento, encuentro y desesperación. Amor. Seguimos vivos.

III.

La verdad es que todos estamos a punto de tomar a la oportunidad por los cuernos. Animarnos a torearla sin salir corneados, a hacer las cosas distinto: si ganó López Obrador o si perdió la Selección. Si tengo 200 pesos en la cuenta, si todos los días pienso en otro lugar, si la gente no para de pitar, si mi mejor amiga llora sin decir nada, si mi madre trae otra vez migraña, si con mis amigas ya no puedo hablar, si no puedo escribir porque estoy aterrada, si otra escritora se suicida, si asesinaron a otro alcalde después de las elecciones, si Neymar golea y se tira a llorar. ¿Qué queremos de una realidad que siempre cambia pero que no podemos notar? A la que no podemos sentir que sentimos. Que nos deja helados en pleno sol o lluvia. Inundados con nuestra propia carga y levedad. Decimos que cuando cambien las cosas cosas cambiaremos. Que algún día nos decidiremos. El cambio cae como un tsunami, y todo lo que podemos hacer es aferrarnos a nuestros viejos hábitos, porque si no el tsunami del cambio nos va a matar. Así que los días en su intención de ser otros vuelven a ser los mismos, y le llamamos destino, maldición, mala suerte, el absurdo, y todo está de la chingada. Pero esa es la realidad, mientras nosotros jugamos a que estamos bien. Con la ansiedad a tope. Coronada con la verdad paseándose Miss Venezuela por la vida, queriendo ayudar a los otros: esos que sí están de la chingada—pues mira—ellos y ellas SE DROGAN; o peor aún: no entienden nada porque no han leído. Y otra vez, sin que empiece nada: me doy por vencida.

IV.

La voz de la esperanza: la agarró llorando y le dijo que no llorara, que no llorara por un hombre, por un nombre, por un país. Ella lloraba por todos los hombres y las mujeres y por sí misma y por esa voz que no alcanza, por tanto tratar de amar, o por lo menos intentar aceptar a la realidad. Lloraba porque veía muriéndose otro instante y otro, y otra oportunidad. Otro día de estar drogada con sus fantasías de ser otra, de crear algo, de ayudar a los demás y de sentirse parte. Y ahora la voz de la esperanza lloraba, y la mujer la veía (ahora sin llorar). La voz de la esperanza le habló de sus tiempos de soledad, de cinco hijos que dependían de ella, de sus dos trabajos: la limpieza en el metro y luego en el biblioteca. De hacerle sopa a sus hijos cuando llegaba en las noches. De no saber leer y escribir y haber aprendido de “pura práctica”, le dijo, después de años de trabajar en la biblioteca. Y todos los hijos y las hijas se volvieron profesionistas gracias a ella. Y los ojos se le fueron limpiando, y ya ninguna lloraba y las dos se reconocían. Y la realidad era la misma, pero con los ojos limpios se veía que, poco a poco, se transformaba.

del universo del yo al universo del verso

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“[…] arrojado a través de ese campo de posibilidades efímeras, caigo de lo alto, desamparado, como un insecto dado vuelta.”
para mis papás

En el temblor del 4 de abril del 2010 en el Valle de la ciudad donde me crié, fueron destruidos varios ejidos. Familias enteras se quedaron sin casa, sin tierras y sin sus pertenencias. Vivían al día. Tenían poco. Y aún así lo perdieron todo. Excepto sus vidas. ¿Habrá otra forma de sentir tanto como cuando hemos perdido todo?

En un ensayo de Bataille titulado “La voluntad de lo imposible”, describe que a través de la negación sucede la materialización del alma. Del dolor. De la existencia. Del Todo. (Hay quienes perdemos todo continuamente sólo para aferrarnos al todo). “No hay nada en nosotros que no esté constantemente en juego, que no esté abandonado”. El todo de Bataille prescinde de las formas y de las cosas. Y por medio de las palabras —de la negación del todo, porque con éstas no se alcanza a expresar el infinito— puede comenzar un juego consciente, al jugar con ellas para enfrentarse al Universo.

A veces el espíritu entra tumbando la puerta de la cabeza, la inunda con su presencia y con su silencio. A veces el alma se para a la orilla del cuerpo bromeando que va a arrojarse, a dejarnos con nuestra materialidad, volviendo al cuerpo un tambor que retumba con una cadencia tonta de cada paso al mismo lugar. Y el corazón va en una barca navegando con el sol y las estrellas, o en contra de la marea, del mar. Del amar.

La vida es lo imposible, el caballo desbocado, las inútiles ganas de amar o de explotarlo todo cuando no se logra llegar a ello, entonces: aventar al alma fuera del cuerpo con esa misma fuerza con la que se nos viene el universo encima.

Perderlo todo para sentir el todo. “Inserto en el orden de las cosas, tendría que justificar mi vida —en los planos confusos de la comedia, de la tragedia, de la utilidad”. Controlar es matar la realidad. Controlar al otro o controlarnos. En lugar de abrazarla hasta que nos succione y nos aviente de vuelta. Con o sin alma. Y con la esperanza de que vuelva.

El todo se nos da. El todo se nos quita. Instante tras instante. Quererlo retener es el hábito del miedo. Tenemos las manos llenas y caminamos cuidando que nada se nos caiga. Pero se nos cae. Tenemos las manos vacías, y cuando logramos avanzar, avanzamos ligeros, sintiendo nuestro peso, para llenarnos otras vez las manos en el encuentro.

En una de las imágenes tomadas siete años después del sismo de aquel 4 de abril, aparecen doña Paty y su nieta Avril, de siete años, quien nació en el albergue en donde su familia esperaba la entrega de la vivienda recién construida en un nuevo ejido. La llamaron Avril, en memoria de aquel momento en el cual la familia lo perdió todo.

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Bataille, Georges (2008) La felicidad, el erotismo y la literatura. Ensayos 1944-1961. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires: 1a edición.

 

Tener pene

T

para nadie: porque, a veces, no le deseo a nadie lo que siento

Para escribir hay que tener pene. Para el éxito en los negocios. Para el reconocimiento en la cocina: ser chef. Para ser presidente, embajador, soldado del amor, y para la coronación como el más pendejo de la Tierra; pues este también tiene pene (don’t you, Trump?). Pene es igual a poder.

Escribo esto mientras estoy sentada con las piernas cruzadas frente al cuaderno, aplastándome lo que no tengo. Hay una ausencia. Mi presencia me devuelve lo que no soy.

(Había pensado en esperarme a describir lo que siento hasta después de la segunda sesión de terapia, pero siempre llego antes o más tarde: nunca a tiempo).

Desde ayer no dejo de odiar, ni de querer tener pene: que avale mi existencia en esta realidad. Tal vez por esto me gusta ser cogida tanto: la ilusión de un pene propio (como la habitación propia, de Virginia Woolf, así); algo de donde asirme. Un arma para protegerme.

En terapia me preguntaron que si estaba muy emputada por ser mujer. No se usó la palabra emputada, pero al darme cuenta, la uso y lo confirmo: estoy muy emputada por ser mujer, desde hace algunos años.

No siempre, no todo el tiempo.

A veces me sorprendo disfrutando. Fantaseando con alevosía y ventaja, llorando hasta la extenuación, sonriendo a toda belleza y encuentro, florece desde el pecho todo lo que siento al sentirme viva. Bailo sin miedo. Pero es esporádico. Y después de mucha producción: habiendo meditado, después de hacer ejercicio, de arreglarme el cabello, de haberme tocado y sentido. Me vuelvo a descubrir como mujer, y hago las paces con lo que siento y ya no duele tanto.

Un puto mundo de hombres, es lo que tenemos aquí. Tienen el poder en la verga y lo usan como pueden, como sale, como quieren. Avientan sus mecos y esperan a ver qué sucede, a ver qué han creado: caos o belleza, locura o miedo, ambición y desesperación. Movimiento. Destrucción hasta la recreación. Hasta tener que volver a empezar con todo.

Al hacerte a un lado —siendo mujer— se agarran entre batos, y se chingan, a ver quién domina a quién. La guerra, la violencia; la angustia es una pistola fría a punto de usarse todo el tiempo.

Las mujeres buscamos los penes: once mil vergas o más, las que se puedan. Para llegar al infinito y —a dónde crees que vas…— favor de no hacerse pendeja, es un puto escalón nada más, es un puesto, es una chingada oportunidad de trabajo, hazme el chingado favor, chingado. Que no es nada.

No esperaba convertirme en un bato para escribir, para existir, odiando a otros batos, peleándome, guardándome los mecos para aventarlos de regreso a la cara: toma tu angustia, que es tuya. Aunque en realidad es también producto de mi deseo.

No sabía que iba a terminar odiando tanto, esperando y odiando, dejando el miedo para al rato, para más tarde, para después, para… qué más da cuando pierdes y vuelves a perder y sigues perdiendo: qué más da cuando nunca has tenido nada por ti misma. Me acuerdo de ser niña disfrutando, y corte a ser mujer. (Ser mujer es sentir y aceptarlo todo, todo lo que se siente, la existencia y la levedad y lo imposible y la vida y la muerte y sin adornos).

De haber sido el objeto de deseo he pasado a desear, como un bato. A querer poseer. Y comienzo a apestarme, a pudrirme en la espera del cumplimiento de mis deseos. Buscando a la fuerza y dejándome coger sin duda, y las veces que sean. Porque el infinito es un instante con el otro, pero se acaba, y el otro, siempre el otro tiene la culpa. Mientras más hundo mi infinito dentro de mí, empujándolo con mi deseo, con todas las veces que soy cogida y no reviento.

¿Cómo amar? ¿Cómo volver a mi estado natural? ¿Cómo ser mujer sin miedo y sin odio?

Y en esta ocasión le traigo para usted que entre mujeres también nos estamos chingando, como batos. Poseemos lo que la otra quiere, le robamos su deseo. Nos odiamos y violentamos, y competimos por las vergas que no tenemos, y a ver quién es la que más aguanta. Nos decimos: nos faltan huevos. Para ser: Exitosas. Chingonas. Pero maquilladitas para disimularlo.

El poder que no termina por aceptar que no puede. El tener poder y la fuerza del deseo. Cogiéndotelo todo, creyéndolo tuyo, chingándote en la inconsciencia.

¿Cómo recuperar ser mujer y sin miedo?

Se me ocurren los siguientes escenarios, remedios caseros y profanos:

  1. Ser madre, sin pensarlo.
  2. Dejarte poseer enemil veces hasta la extinción de tu alma, hasta resucitar virgen.
  3. Verte en un espejo, admirarte hasta romperlo: para romper esa imagen tuya de no querer ser lo que ves, hasta sentir de nuevo.
  4. Destruirte y reconstruirte y destruir y reconstruir a tu alrededor. Aplicando una transfiguración activa y consciente. Dejar de desear. Y aceptando.

 

sinceridad, Saṃsāra, sinceridad

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“La mejor manera de terminar con una tentación es caer en ella.” — O. Wilde

 

Mierda, ya no me den más de tomar que me la creo. Nada. La efervescencia en mi cuerpo, lo quiero todo y no necesito a nadie, o sólo de lejecitos, como un holograma de compañía: shh, no hables, no me interrumpas en mis fantasías, siéntate allá… (dudo, ¿soy yo la que…?). Olvídalo, y súbele a la música, más, más y más.

Mierda, dónde estoy y cómo llegué hasta acá… No veo nada ¿Dónde estás? ¿Quién está? Duele. Mierda no soy nada. O soy mierda, pedazo de carne, ¿qué se supone que traigo puesto? ¿El cuerpo? No siento nada, o no quiero sentir, porque si siento me deshago. Todos están aquí para chingarme, ya los vi. Rápido, corro debajo de la mesa, y luego por el pasillo hasta llegar a mi cuarto, me encierro, aunque es pequeñito lo siento inmenso, me acuesto en la cama, me tapo con la sábana por completo, voy a estallar, no, voy a hacerme parte de la sábana, no, y sí me voy de boca hacia otro lugar que no veo pero siento, estoy pero no estoy, volviéndome polvo, si me tocan me rompen, si me rompen, ¡me la van a pagar! ¿Quiénes? No veo a nadie. ¿A quién le hablo? Ojalá se hubiera acabado todo en ese momento, comienzo a buscar a los culpables. Todos los otros. Mis amigos ya no son mis amigos. La fiesta no vale la pena. Dejaré de tomar, dejaré de fumar, dejaré de drogarme, y hasta dejaré de comer. No quiero nada. Todo me hace daño, todo está en mi contra. Sinceridad, Saṃsāra, dame puta sinceridad. ¿Cómo es posible que ahora odio a quien amaba? Y al revés ¿Cómo amar a quien estaba segura que me estaba lastimando? Devuélveme mi cuerpo, puta. Ese que no pesaba, quítame las piedras de las orillas, de mis pies ¡Yo no las veo! Yo era alma liberada, me transformaba en lo que sea, en colores, en nieve, en aire y viajaba en la música, puro movimiento puro, yo estaba bailando el baile de la liberación de la existencia y del dolor y alguien apagó la música, qué putas. Destello de luz no more, arcoiris en el espejo vuelto un ano negro sangrando tragándome, ¿dónde putas quedó mi cuerpo? Una sombra arrastra este saco de carne, y me muevo nomás por no deshacerme en mis pensamientos. Me va a dar un derrame cerebral de tanto pensar lo mismo, pensamientos culpa, hechos piedras que no ruedan. Como por comer, y sonrío como fotografía de muerto, suplicando por el perdón de los otros.

Sinceridad, Saṃsāra, ¿para qué putas me mientes? No me des placer si me vas a cobrar con más dolor. No me tientes, puta.

Cada vez que voy tras de mí jurando que seré mejor de la que soy, brindo a tu salud, Saṃsārita. Y pienso que esta vez voy a ganar yo, que entonces algo va a suceder como un acto de magia y saldré de la noche siendo otra. Y me iré lejos, y tú no me terminarás llevando de regreso a ninguna parte.

Y te digo: andi puta, salud. Ora estúpida, salud. Tómala idiota, salud. Chingas a tu madre naturaleza humana, salud. Vete a la verga, condición cíclica, salud. Y caí, qué te puedo decir que no sea otro lugar común y corriente. Como Alicia en pleno placer, queriendo la caída eterna, esta ilusa sensación de ser ligera, de pluma de pájaro alcanzando el suelo, y juego, volviéndome lluvia ,y no piedra dentro de un pozo. Quiero moverme, y torpe me rompo, tan pesada, me dejo de mover hasta que el día vuelve agua al espacio, se estanca y apesta. Veo hacia arriba, mientras más me hundo y me quedo en el no puedo. Llévame de regreso, Saṃsārita. Perdona si creí que lo imposible se cambiaba con mi deseo. Una amiga gira la cuerda amarrada a una cubeta, y yo piedra entro a la balsa que me salva, ella me saca y me deja al sol, y me recomienda que no haga nada.

Ya es otro día, y seguirán los días y me olvidaré de ti y de tus giros, como un puto one night stand, porque esto de circular por el mismo carril me lleva hasta a mí todos los días, ¿cómo hago otro camino? Te seré sincera, por primera vez te diré que aquí estoy porque quiero, porque aguanto, sé que hasta te volveré a decir: play it again, Saṃsāra.

revolucionarse

R

para E. Rabasa

Nunca he creído que un presidente va a cambiar el país. Tal vez lo sentí con Colosio, pero nunca llegó a ser presidente, y quedó como un mártir. Tenía 11 años de edad, y Mariel, una amiga que entonces era sólo mi compañera en el salón de clases, se soltó llorando con tanta tristeza que en ese momento y a esa edad y con esa inocencia, creí que se había muerto el único héroe que pudo haber tenido México.

La idea de que un presidente no va a cambiar el país no es ni siquiera pesimista, es realista: ¿qué presidente ha cambiado qué?

Y más bien, ¿qué hombre con poder o qué mujer con poder ha cambiado el mundo?

Quienes han trabajado tanto por un cambio han terminado teniendo poder, y entonces, tal vez, lo usaron para potenciar más ese cambio por el que tanto habían trabajado. Pero el poder no se les otorgó desde antes. Jesús, el Dalai Lama, Virginia Woolf.

¿Qué dosis de poder puede soportar un ser humano? Cambiando la frase de Nietzsche.

Cada vez que vienen las elecciones pienso en la idea de la Revolución, en la palabra. No en la única Revolución que ha tenido este país, en esa descripción del infierno que dicen que se volvió México,  y que los grandes revolucionarios, eran, más bien, unos bárbaros.

Pienso en la idea de revolucionarte, en lo que esto pueda significar. Ponerte en tanto movimiento como para terminar creando un agujero en donde echar raíces, o elevarte y salir disparado, o volverte música.

Ya he escrito antes que concibo la idea de trabajar como la idea de existir. Algo que se aleja de encerrarte en una oficina de tal hora a tal hora del día. Para mí todo momento es trabajo, y los momentos para trabajar por dinero, porque así es el esquema para sobrevivir en este foquin sistema, es un tiempo en el que estás generando un ahorro para otras cosas: para seguir trabajando en tu cuerpo, para seguir trabajando en tu mente, para trabajar por obtener experiencias con otros, y trabajar por el lugar en donde vives, trabajar por deshacerte de la ignorancia, trabajando por tu pareja, trabajando por tu descanso.

Desde que sé que existo y que parece que seguiré existiendo por un rato, mi vida es trabajar para existir, existir para trabajar. Incluso respirar se vuelve un trabajo, porque aunque sucede, no sé que está sucediendo, ni me doy cuenta, hasta que me pongo al tiro meditando. Trabajar para reconocer lo que siento, y luego para encausarlo, sin hacerla de tanto pedo. (No como la otra vez y la otra).

Revolucionarte es intentar darle tantos giros a la existencia, cambiarle infinitas veces la estrategia al fantasma de la matrix, del zombi colectivo, eterno anuncio de publicidad olor a nuevo, repite el coro después de mí, gástese su vida en todo lo que no es… es cállate que déjame escucharme e ir construyendo

 

en el vacío

y

romper                  rigidez

responder                                          revolver

 

reaccionar

remover

 

registrar

renacer

racionalizar

rodar

rebasar

 

retener

regresar

 

reír

 

hasta volverse río

 

 

 

repetir

 

repetir

 

repetir

 

Hasta terminar creando ese camino: hasta reencontrarte contigo.

Dicen que si fuéramos capaces de escuchar la realidad real, si pudiéramos apagar el perico de nuestros pensamientos, todo fuera música. Dicen que si pudiéramos apagar nuestros egos no nos dolería nada. Dicen que la angustia es por aferrarnos al control de algo que de todos modos está inmediatamente transformándose, deshaciéndose, derrumbándose para convertirse en otra cosa.

En lugar de la eterna espera en la parada del camión hacia otra realidad. Mientras tuiteas: mierda, ya lo hicieron mal, otra vez, esos, los otros, que no han cambiado nada.

Revolucionarse en todos los y las tú para INTENTAR comprender el todo, para comprendernos como un todo. Tomar del cuello al tiempo y encajártelo en el pecho. Que tú seas el tiempo, que tú seas tu trabajo. Que tú seas este mundo y el Universo que vamos creando. (Que de todos modos somos).

¿qué?

q.jpg

¿te acuerdas de aquel poema?

ese que hablaba de querer y evadía ser

ése

ese que se preguntaba que si para qué

que si qué

que por qué

 

llegué aquí el 29 de marzo del 2018

¿volví?

 

¿qué estoy haciendo?

 

intento escribir un poema

que no me cuestione tanto

que no me pida todo

que me entregue un poquito

a cambio

 

¿mosca muerta?

¿quién?

si lo soy:

soy la primera en aplastarme

 

mosca kamikaze

 

voy volando

el chillido de mi querer

hace que…

esto no fue hace más de dos días

sabíamos que iba a pasar

 

no querer ser nada

tener todos los sueños del mundo

ya lo dijo el Poeta

y con unas manchas negras

nos embarró la existencia en la cara

 

¿qué es qué?

 

de cerca parece

una parvada suicida

una parvada huracán

creo que ése es el poema

eso que va volando

queriendo ser

y termina por caer

 

en esta parte había escrito

más vacío que acción

más temor que amor

 

este es mi silencio

esta es mi sonrisa

y esas son tus palabras

no las mías

 

¿quieres

seguir

queriendo?

¿para qué?

 

a mí me da pena querer

 

no pena de vergüenza

pena de dolor

porque cada vez que quiero

 

¿te acuerdas de aquel poema?

 

me pasó contigo

puse que no podía dejarte de querer

jugué con la idea de matarte

porque quererte es darte por muerto

es poseerte, matarte

¿quién serías si yo te tengo?

y luego te pregunté que si ésto no te estaba matando

y me dijiste que te estaba matando

y pensé que no se trataba de repetir las cosas para lastimarte

usándome a mí para lastimarte a ti

 

¿te acuerdas de aquel poema?

 

yo tampoco

 

¿quién se supone que soy?

(un montón de manchas negras)

sólo quería sentir que se siente querer

otra vez

y otra vez

terminé explotando

en qués

por qués

para qués

y quiénes

quién soy yo

si me he entregado a ti

¿y ahora qué hago?

persecución sin permanencia

 

P

Pamela pide palabras

pero primero

Pamela piensa en perder

perder palabras para pasar

perder prudencia y parir de placer

no es posible

piensa Pamela

no es posible terminar de perder

 

Pedro perjudica a Pamela

la persigue con su permiso y

su pleonasmo y su poder

 

posibilidades hay pa aventar pa arriba

pendejos nos hacemos todos

peligrosos somos a veces

pudiera ser

pero no es

 

Pamela pide palabras

pero primero

Pamela pide poder

poder no del que manda

poder de poder

¿podré levantarme de la cama?

Pamela pide palabras para poder

para poder levantarse de la cama

Pamela sabe perder

perjudicarse

hasta perderse

en un punto y a parte

pudiera ser pero no es

 

puede

es lo que dicen las probabilidades

las posibilidades están en tu poder

pero es la parábola de Pedro

y el pudor y la prudencia

los parangones que en la penumbra

se propulsan hacia el páramo

 

Pamela pide la palabra

en persona

pero nadie se la da

porque nadie se la quita

 

Pamela pide un planeta para vivir y morir sola

 

que nos dejemos de pendejadas

piensa Pamela

Pamela la pensante

planetas pa aventar pa arriba

puentes para construir poblaciones

y no perder países

 

A Pamela le explota el por qué

pasa más tiempo parada en la puntita de la lengua

¿Por qué?

si nada perdura

¿Por qué?

 

La persecución ya empezó

principió con el título

pero París no existe

ni Panamá

el presente, gritan

el presente

la persecución se vuelve un papalote

puum

Papaloapan!

 

pierde y pierde y pierde

penetrando en esta

putería adjudicada a una prisión de perros

 

Llegas a París porque puedes

pero para qué para qué

Operación Paraquet

pisando con tus Pradas las palmeras

en mi París sí hay Palmeras

en mi país tú las perjudicas

con tus Pradas puntiagudos

en mi París hay praderas

¿quién dejó entrar a Pamela?

¿quién le dio la palabra?

 

No hay pero que valga

cuál es la pena

no hay penas pendientes

en París perdemos plurinominalmente

pronunciándonos:

persona pública

o pelo púbico

para ser parte del show

playera oficial de la putrefacción

petit pedazo de sí se puede

petit pasión por el otro

 

pásame un pase

o un préstame, padrino

puede que sí

puede que no

 

Pamela ya se calló

al punto de perderse

—puta madre—

pues para eso protesta

pero no en persona

se petrificó

 

Pamela sigue perdiendo

Pedro la está persiguiendo para poblarla de hijos

para ver si ya deja de hacerla de pedo

para arrancarle los pelos

y darle unas puntas

y hacerla una puta

las piedras que caen

Pamela

pasos que suenan

pasas y purgas

pieles de humano

pecas de un puercoespín

pecas

para no morir,

pregonan

para no vivir

o para no putear al otro

al potro

 

son las piedras de este sistema

las que persiguen a Pedro y Pamela

Pedro no le pide nada a Pamela

ni es que Pamela se le pegue a Pedro

es que los dos están siendo puteados

por las putas almas en pena

Pamela persigue a Pamela

Pedro hace piruetas con Pedro

hasta perderse sin permiso

en profundidades paralelas

en el plano del pesimismo

(para el paraíso del sí mismo)

 

hasta partir cada uno a su punto de inicio

hasta poblar la premura

hasta llegar a las palabras

hasta predicar que sí se pudo

 

probablemente

 

le puedo pedir un poco de picante, por favor

 

poco a poco

 

perderemos por perder

puede que sí

puede que no

penes perenes

puede que caigan

y pequeñeces

por qué no

mientras platican

en pleno del pleito

mientras practican

en pura penumbra

 

partida en partes iguales

pidiendo pesos

pasándola como puede

para que apuntes

por participar

puede lo que uno puede

—PERO—

pero

pero

la plenitud está en otra parte

aquí hay pura palabra podrida

pisoteada

en la persecución sin permanencia de un solo día

 

oportunidad: ojo de agua

o

Supongo que cada vez que abro los ojos es porque estoy pidiendo una oportunidad más, suena cursi, no crean que no me escucho, me escucho, pero no hay de otra, ¿no? Más que eso: seguir pidiendo oportunidades y seguir dándole chanza a los otros.

Estoy tomándome un café y la figura de la espuma forma un monstruo calvo con una boca muy grande abierta: ¿pidiendo una oportunidad? O tal vez es el hambre que tengo. El monstruo se desfigura y se vuelve una isla. Tal vez es Haití. Pido un bisquet con mermelada.

¿Qué chingados significa pedir otra oportunidad? ¿A quién se la estás pidiendo? Al extraño para pasar, al otro para trabajar, a ti mismo para no volverla a cagar. Y con cagar no me refiero a defecar las oportunidades que se te dan. Sino a lastimarte, y lastimar a los otros; porque tal vez el estropear las oportunidades que se te dan es para alcanzar esas otras que no se te habían ocurrido.

La isla no era Haití ¿Era el pueblo de Scalea? En la televisión del café se transmite una carrera de ciclistas que está sucediendo, o sucedió, en Scalea, es lo que se especifica en uno de los súpers, las letras que aparecen en el borde inferior de la pantalla. En una vista cenital, la figura que van formando los ciclistas parece un escuadrón de hormigas dopadas, o las palabras en masa pero ordenadas intentando llegar a una página, a ésta quizás.

Hola, qué tal, mi nombre es Lucía Treviño, estudié comunicación y una maestría en apreciación literaria, he trabajado en varias agencias de redes sociales, y creando contenido para diversas páginas web, también he sido maestra de humanidades, tanto en preparatoria como en Universidad; he dado un par de talleres de escritura. Les escribo porque me gustaría trabajar con ustedes.

En la radio suena una canción de Radiohead, una canción que reconozco pero no me sé el título ni tampoco la letra. Tengo una fijación con las palabras, pero no me aprendo las palabras de casi ninguna canción. Tal vez no era ni península ni isla lo que la escuadrilla de ciclista estaba formando, si no un montón de balas no tan perdidas que llegan desde el país del norte.

Hola, qué tal, te escribo porque hace dos años nos conocimos en una comida con Z, desde entonces tengo tu correo porque me enviaste un par de ediciones de la revista que ustedes editan, por lo que me gustaría presentarles un texto para ver si les interesa.

Acabo de ver pasar a un hombre que mordía un pan dulce, y en la otra mano llevaba un café. Igual que yo con mi bisquet, pero él iba caminando, y yo camino con estas palabras, quizás iba hacia su trabajo, quizás también está buscando trabajo. Desde hace tiempo tengo la impresión de atraer a personas que están en mi situación pero de otra forma. El sábado me encontré con una mujer que llegó al teatro sola, como yo. Ayer domingo iba en el camión con una mujer sola que llevaba a sus hijas a La Marquesa, cuando descendimos del camión, una de las niñas gritó: “¡mi primera vez en La Marquesa!”, y la mamá me volteó a ver, y les dije “la mía también”.

No estoy cansada de pedir oportunidades ni siquiera estoy cansada de no tener una rutina que me sea familiar, tampoco estoy cansada de moverme: he venido a la Ciudad de México por cuarta vez a buscar esas oportunidades, las que sean, pero lo que me da rabia es que soy muy exigente con la realidad: le exijo que me dé exactamente lo que le estoy pidiendo. Y de esto sí estoy cansada. Me canso de destrozar lo que puede ser por intentarlo encasillar con mi idea exacta de cómo deben de ser las cosas, porque entonces la decepción irrumpe de tal manera que de nuevo termino por desistir. Mi creatividad se va en contra de mí, porque en lugar de darle la vuelta a lo que voy encontrando, peleo y vuelvo a pelar y sigo peleando y no dejo de pelar, hasta terminar muy cansada de nada.

Me gustaría no ser la única en el café, siento la mirada del mesero, le calculo unos 21 años, viste jeans color guinda, camisa blanca, lentes circulares de armazón metálico negro. Es delgado y bajo de estatura. Ojos muy abiertos, entre sorprendidos, o asustados.

Una oportunidad se abre como un agujero a donde te caes, o te avientas, o es una puerta circular, a la que no puedes ver como una puerta porque tu imaginación se resiste: o las cosas son como te las imaginas o no son. Pero es una puerta, o si quieres es un agujero pero entonces sí eres Alicia y estás en el país de las maravillas que te despliega la realidad cuando la aceptas. Y te puedes conocer de una manera y de otra, y de todas las otras formas que nunca te habías conocido, si estás dispuesto a darte esa oportunidad.

El cocinero del café ha salido a revisar su bicicleta, la veo por primera vez, es blanca grisácea por el uso, está recargada en un tubo, las llantas son negras y delgadas, se parece mucho a la bicicleta que solía tener hace muchos años. Esa bicicleta blanca que me llevó a la escuela preparatoria en Mixcoac, en donde por un semestre fui maestra de tiempo completo. Mi imaginación me hace creer que es la misma bicicleta. Tuve la oportunidad de sobrevivir con un sueldo de maestra: drenada y exhausta, pero llena de energía y explotando. Tuve que actuar como maestra, fingir que creía en la escuela para convencer a los alumnos que eso que yo estaba diciendo era lo que les brindaría las oportunidades en un futuro: el conocimiento. Aunque fuera un constante miento y miento: porque no creo en la enseñanza prefabricada, porque siento el aula como una cárcel, y porque el programa que nos asignaron eran cadenas y no una fuente de exploración. Ningún ojo de agua. A la salida del instituto me iba de bajadita, porque sí: Sísifo: sí: de ida era una pendiente que pedaleaba hacia arriba, y de regreso un mega dejarme iiir, hasta que me encerraba en la cueva en donde me encadenaba para preparar lo que entendía por enseñanza.

Oh, puerta te me tienes que dar. Cuando tomé Ayahuasca: una puerta para volverme a sentir. Cuando regresé a Mexicali por tercera vez: una puerta para reencontrarme con mi familia y mis raíces y mis culpas y mis fantasmas y deshacerme de una vez por todas de todos los fantasmas y las malditas culpas, o casi. Cuando me fui a San Cristóbal: una puerta para aprender a meditar. Cuando conocí a Ed: una puerta para volver a amar. Cuando volví a esta ciudad: salir a la calle, abrir un libro, reencontrarme con mis amigos y mis amigas, y escuchar, sobre todo escuchar, al alrededor, a mí misma, a los demás, porque todo está esperando a que le des una oportunidad.

No señores de la mesa contigua en el café: no me voy a aliar con ustedes para trolear al mesero —me voltean a ver el señor y la señora, quienes  han llegado a sentarse a la mesa de mi derecha, buscando que con mi mirada repruebe al joven mesero al se le ha olvidado su jugo por segunda vez— los ignoro porque quisiera decirles que tal vez él también les esté mostrando algo, ¿como qué? Paciencia. El que paga no tiene la razón, sólo paga para tenerla, y muchas veces para seguir distanciándose de la oportunidad de aprender otras cosas.

(Aunque sí, en la imagen superior de este texto done aparece mi cuerpo como ‘o’, parece que me estoy cagando en las oportunidades, pero se los juro que no).

no nada ninguna y para nunca

n.jpg

la quiero dejar caer y ni modo, no hay de otro modo, eres entre más estás en la Tierra, y aunque te quieras quitar

sigo apelando mi derecho al suicidio, y en mi imaginación, sigo perdiendo

no es nada placentero, y ahora el placer también sólo me causa dolor, antes era un dolor inconsciente, ahora es un constante mira todo se acaba, y mira ni comenzó, y el veredicto se me grita con silencios y mis oídos sordos me los arranco con las uñas que por fin me han crecido gracias al esmalte olor a ajo

a jijo, si esto no lo planeé nunca y por mí desde hace un chingo se hubiera acabo

—sigan pitando, hijos de su puta madre, ya mero viajan en el ruido—

aquí no es ningún lugar y todo lo hemos inventado, y por eso me guardo mis ganas de querer ser

lo acepto: no me puedo ni inventar

ni con el alma en acento creativo, ni con el espíritu muerto y obediente, ni con la cabeza llena de unicel quemándose, y contaminando el alrededor para que todos mueran conmigo

—sigan creyendo, hijos de su puta madre, a nosotros también nos llevan entre las patas de sus chingaderas de mierda—

sigan imponiendo

sigan decidiendo

obedeciendo

sucumbiendo

sigan autodestruyéndose

el sistema de vuestra imposibilidad engorda y crece en la sombra de su malestar, malgastar, mal de rockstar

¿a dónde iremos a parar?

no puede ser que tanto genio se haya suicidado, como no fueron parte de este tiempo me los imagino cayendo por el precipicio eternamente

no puede ser que estén mal

ni modo que un idiota vivo diga que está bien, ¿por qué seguiría vivo?

hasta Jesucristo se dejó matar

Mishima, Woolf, Pizarnik, Hemingway

habría que componer una canción:

puto, el que crea que en la vida hay vida

puto, el poeta que no se suicida

puto, el efímero intento de chocar contra ti mismo

si esta es una casa gigantesca de espejos, y yo me veo en el árbol, y en un poste de luz, si yo soy un helado de nieve que se cae al suelo, y una torta mal masticada atravesando las vísceras de un hombre con diabetes, entonces, al verme en todo lo que no soy y soy ya me doy

ya

adiós

ay no no no

ahora que lo entendiste, entiende que no sirve de nada y súbete al carrusel del ratón, en la que te tocó pedalear, y dale que dale y nunca llegas pero a todos nos tienes tranquilos mientras te acercas y no te acercas a la muerte, pero te cansas de estar vivo

ay ay ya yay

ya ni siquiera lloro

porque cantando me hago pendeja y no dejo salir todo lo que siento para no estorbar

ayayayay

teletransportación hacia lotro

porque no entiendo lo que debo y me doy a la primera y sin volver a intentar

de la sierra morena bajan los aires del no hay nada que perder, aquí en la maya todo es igual, un pinche juego: y rájale una bala y otra y no es para tanto porque también yo ya me voy

el acto suicida se convierte en intentar encajar en el sistema aguantando el olor a podrido de tu propio cuerpo

y los sicarios no son sólo los que matan con una pistola y balas, de acuerdo, también son los que venden mierda de autoayuda mientras te joden más, y ellos logran escalar en la mayita, de acuerdo, el que se está haciéndose rico es porque está aplastando a un chingo que se han dejado morir: todo por no pelear

ay tanto sicario en el sistema pero sólo el de la pistolita es el malo: todos hemos tenido ganas de matar, por lo que sea, porque el otro es un idiota o un déspota, por lo que sea, las ganas ahí están, pero

ayayayay

estoy hasta la madre de la autodestrucción, porque ya me quedé a la mitad, y estoy agarrada de la piedra fijada en el barranco desta montaña que se está cayendo y nunca se caerá, y me cae de todo, desde crema batida, chocolate y un constante golden shower, y ya no tengo mi mascarita cínica para soportar, aguanto, aguanto y aguanto, y sólo pienso que espero el momento en que habré de soltarme al no aguantar

me empujo un poquito más, con mis palabras yo solita, a ver si caigo, a ver si tropiezo, a ver si me domestico, a ver si qué chingados con tal de salirme de mí